viernes, 9 de septiembre de 2011

EL RETRATO DE LA CONDESA DE VILCHES


Hace unos días, la ilustre señora Doña Amalia de Llano y Dotres, Condesa de Vilches, recibió en los salones de su palacete de Madrid, a un selecto y reducido grupo de sus amistades, al cual tengo el honor de pertenecer. Allí nos descubrió orgullosa el retrato que su amigo, el gran pintor de la corte Federico de Madrazo le había realizado.
F. de Madrazo. La Condesa de Vilches, 1853 (Museo del Prado)

Tras la cena, la Condesa nos fue describiendo todos los pormenores del retrato. El vestido de soirée de tafetán de seda, -tela que había adquirido en uno de sus viajes a París, y cuya brillante tonalidad azul se conseguía gracias a los nuevos colorantes de anilina-  sigue las últimas tendencias que nos dictan los figurines franceses : corpiño acabado en "V", escote generoso, voluminosa falda de volantes, y una multitud de galones, flecos, y pasamanería, que han dado lugar al llamado estilo tapicero.  Moda que tanto gusta a las damas de la aristocracia y burguesía madrileñas, dedicando parte de su tiempo a visitar a sastres y modistas para probarse y elegir personalmente los tejidos y adornos que compondrán sus elegantes vestidos.
Como es por todos sabido, una dama que se precie de serlo, ha de disponer de un nutrido vestuario, ya que el rígido protocolo social exige una vestimenta adecuada para cada ocasión; para recibir en casa, para ir de visita, para el paseo, para ir al teatro, para asistir a misa, para el baile...
Como complemento indispensable, la Condesa eligió uno de sus echarpes favoritos; el de terciopelo bordado de seda carmesí con galones dorados, y forro de satén blanco.
A la pregunta de una de las damas presentes en la velada, la Condesa nos comentó que la elección del vestido en color azul, fue producto de una meditada decisión entre Madrazo y ella, pues convinieron que ese color resaltaría mejor la blancura de su piel. No hay que olvidar que el prototipo de belleza romántico todavía vigente en nuestro país, impone un cútis pálido, que nuestra Condesa consigue acentuar convenientemente con polvos de arroz.



Pocas joyas, tan solo dos brazaletes, y una sortija con un brillante,  ya que la sobriedad predomina en estos tiempos, bastando pocos adornos o un camafeo prendido en el pecho para distinguir a una elegante...

Por supuesto, el peinado también sigue los dictados de la moda; diadema en forma de trenza, con casquetes ahuecados cubriendo las orejas. La Condesa posee una larga y reluciente cabellera negra cuidada con mimo desde la niñez, lo que le permite prescindir de incómodos postizos.

La velada se prolongó hasta altas horas de la noche, y tras obsequiarnos con su maravillosa voz sentada al piano, los allí presentes decidimos retirarnos. Tras despedirnos de la Condesa, y mientras esperábamos nuestros carruajes, comentamos entre nosotros que aquel maravilloso retrato digno de una princesa, tal vez, algún día, sería exhibido en un museo para ejemplo y deleite de futuras generaciones...


8 comentarios:

  1. Me encanta esta historia. Precioso cuadro, preciosa marquesa y precioso vestido.

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  2. Qué bonito cuadro y que linda historia has creado en torno a él. Me ha encantado pasear por el palacete de la condesa y descubrir sus gustos. El vestido es digno de admiración con esos tonos azulados y el echarpe es una maravilla.
    Gracias por esta entrada tan bonita.
    Un saludo!!

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  3. Hermosa historia y hermoso retrato. muchas gracias por compartir.

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  4. Hermoso retrato, como toda la obra de Madrazo. Excelente historia, y excelente cronista. Gracias Karin Wachtendorff!!!

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  5. Que bella historia para presentar un hermoso cuadro.

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  6. Siempre me ha fascinado ese cuadro, puedo pasar horas admirándolo cada vez que voy al Prado.

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