lunes, 26 de diciembre de 2011

LOS TEJIDOS DE LANA (I)

Jersey de lana (Género de punto)
Estamos en Diciembre, y el clima nos obliga a sacar del armario nuestras prendas de abrigo, así que aprovecho esta circunstancia, para contaros algunos aspectos de esa interesante fibra de origen animal, que nos brinda la naturaleza, llamada LANA. Siempre presente en nuestros inviernos, e incluso en nuestros veranos en forma de "lana fría". La lana, junto a la seda, está considerada hoy en día como un artículo de lujo. Esto lo saben los grandes diseñadores, que continúan empleándola en sus colecciones de invierno.





Históricamente, la lana fue una de las primeras fibras que el hombre transformó en hilo y luego en tejido para cubrirse. Las fibras de la lana poseen una combinación de propiedades absolutamente inimitables por las fibras artificiales, como es la capacidad de absorber hasta un tercio de su propio peso de humedad sin deteriorarse. Además, nos proporcionan un calor agradable cuando hace frío, debido a su elevada capacidad de aislamiento térmico.  A todo ello, debemos añadir su extraordinaria suavidad, elasticidad y resistencia a las arrugas.

Falda de Tweed
Hasta hace poco tiempo, las prendas de lana se asociaban al encogimiento. Ello se producía por la capacidad que tienen las fibras de la lana de enfieltrarse. Por ello teníamos que ser muy cuidadosos a la hora de lavarlas. Este handicap está superado en la actualidad casi por completo, pues gracias a las investigaciones que llevó a cabo el IWS (Secretariado Internacional de la Lana), se resolvió químicamente el problema. De manera que podemos meter nuestras prendas de lana en la lavadora, en el programa adecuado para ello.

Después de contaros algunas de las excelencias de la lana, os mostraré como ejemplo varios de los tejidos clásicos que se realizan con ella. Debajo de cada uno, la correspondiente macrofotografía del mismo, para que podáis apreciar mejor su textura.
TEJIDO DE CARDA

Podemos apreciar que está realizado con fibras de lana cortas y largas mezcladas, dando lugar a un hilado grueso de aspecto rústico ideal para tejidos como el Shetland, Tweed o Cheviot.

ESPIGA DE LANA

Se denomina Espiga a los tejidos cuya base es una sarga que forma un dibujo de líneas oblícuas y escalonadas. Cuando el tejido de espiga se realiza con lana, como en este caso, es adecuado para trajes y abrigos.

CHEVIOT
  
El Cheviot es un tejido de lana procedente de una raza de ovejas de las montañas escocesas. Este tejido, cuya base es la sarga, suele combinar hilados de fibras finas con otros más gruesos como los de carda. Constituye uno de los tejidos ingleses más típicos, y se emplea en trajes de sport, blazers y abrigos.


OJO DE PERDIZ

Tejido realizado con lana de estambre cuya estructura tiene como objeto el conseguir ese efecto óptico gracias a la superposición alternada de hilos de lana de dos colores. Es otro clásico de la sastrería y modistería.

 
Blazer confeccionado con tejido de Estambre de lana, realizado con las fibras más finas y largas de la lana merina, consiguiendo así un tejido ligero, elegante y de gran calidad. La lana merina se obtiene de una raza de ovejas de origen español, consideradas a nivel mundial como las productoras de la lana de mejor calidad, ya que es extraordinariamente fina y muy suave. Por ello, los tejidos fabricados con lana merina deben llevar en el etiquetado el término Lamb´s wool.

Ovejas de raza merina
Por último, sólo quiero añadir que, para ser estrictos, el término "lana" sólo debe ser aplicable a los tejidos confeccionados con lana de oveja. La de otros animales se denomina simplemente "pelo".

Las tres fotografías de modelos de prendas de lana corresponden a la colección Otoño-Invierno 2011-2012 de Burberry.

domingo, 18 de diciembre de 2011

EL ESTILO DIETRICH

Se ha escrito mucho sobre la figura de Marlene Dietrich; sus películas, biografía, incluso sobre sus ideas políticas. Hemos visto multitud de fotografías suyas donde aparece con sofisticados trajes de noche, envuelta en ese halo frío y distante de las divas de Hollywood.
Personalmente, me gustan mucho las imágenes de ella donde aparece vestida de hombre, con ese estilo ambiguo tan interesante, manteniendo a la vez el arquetipo de mujer enigmática e inalcanzable que le dio fama.  Ello me llevó a buscar datos sobre ese estilismo tan personal que creó Marlene, y que llamaré "estilo Dietrich"...

Marlene Dietrich, 1932.
Cuando a principios de los años 30, Marlene Dietrich desembarcó en los EE UU procedente de Alemania, lo hizo vestida con un traje sastre masculino de color blanco, compuesto de chaqueta con hombros muy marcados, y pantalón de pinzas y corte recto, perfectos para sus largas y estilizadas piernas. Lógicamente, con aquella indumentaria no pasó desapercibida (era lo que ella quería), ya que llegaba a Hollywood de la mano del director austríaco Josef Von Sternberg, y precedida por la fama alcanzada con su película "El ángel azul". Aunque en un principio este look escandalizó a las más conservadoras por considerarlo provocativo y excéntrico, poco a poco fue aceptado por las americanas, amantes de la comodidad. Aunque eso sí, su uso al principio se limitó a las horas de la mañana. Para la tarde y noche, aún se exigían faldas y vestidos.

Marlene con traje de espiguilla en color gris.
El "estilo Dietrich" incorporaba además, la corbata y los zapatos bajos estilo Oxford. En ocasiones, añadía una boina de paño (complemento que puso de moda en  1929 su gran rival Greta Garbo). La unión de traje y boina daban al conjunto un aire francés entre bohemio e intelectual.


Por supuesto, Marlene también contribuyó a afianzar la moda del sombrero masculino, llevándolo ladeado sobre un ojo. Además, sustituyó en ocasiones el rigor de la corbata por la pajarita de estilo inglés.


También se atrevió con el frac y el sombrero de copa. Ella disfrutaba de la provocación de su aspecto andrógino, incluso llegó a a afirmar que "siempre fue medio hombre".


Cuando le interesó, supo como nadie añadir un toque de femineidad a aquellos severos trajes masculinos. Como en esta fotografía, donde la camisa blanca con lazo y volantes de encaje de estilo dieciochesco dulcificaban el conjunto.

Al "estilo Dietrich", pronto se le sumaron otras actrices que se sintieron identificadas con aquella nueva forma de vestir, como Katherine Hepburn, quien encarnaba el ideal de la chica americana atlética y deportista.

En esta foto de 1934, la actriz de aspecto aniñado Leila Hyams, también sigue el "estilo Dietrich", luciendo unos cómodos y anchos pantalones de algodón blanco, con zapatos masculinos de cordones.

Modelo inglesa, 1935

El "estilo Dietrich" alcanzó tal éxito, que pronto se democratizó, apareciendo copias confeccionadas en serie para el gran público. Por aquella época, millones de mujeres se sentían identificadas con las actrices de cine, y Marlene era considerada un icono de la elegancia, por lo que pronto las mujeres americanas y europeas la imitaron en todo; sus trajes de aire masculino, sus sombreros, peinados y maquillaje.




Marlene fue una figura deslumbrante, tanto en el cine como en la vida real, y aquel original y transgresor "estilo Dietrich" se ha mantenido hasta nuestros días con pequeñas variaciones según las décadas. Sirvan como ejemplo los diseños de Yves Saint Laurent en los años 60 o Dona Karan en los 80, quien adaptó el "estilo Dietrich" para las mujeres "young urban professionals" de las grandes ciudades.


Una de las últimas interpretaciones del "estilo Dietrich" es la que presentó la firma Ferragamo en su colección para la Primavera-Verano 2012. Un smoking blanco que mantiene esencialmente el espíritu de aquel primer traje masculino que llevó Marlene a principios de los años 30...















domingo, 11 de diciembre de 2011

DETALLES DE MODA: LOS GUANTES

Los guantes fueron un complemento imprescindible durante todo el siglo XIX. Presentes en la moda, sólo hubo variaciones en su longitud, color y material. Eran tan importantes, que se consideraba que una dama no estaba completamente vestida si no los llevaba, llegando a ser inapropiado salir a la calle sin ellos. 

En París, hacia 1830 por ejemplo, las mujeres no se los quitaban por nada del mundo. Comían e incluso tocaban el arpa o el piano con los guantes puestos.

Antiguamente, una mano desnuda y curtida por el sol era considerada como algo feo. La belleza de unas suaves y delicadas manos blancas, símbolizaban que la dama en cuestión salía poco de su casa, y que en ella tampoco hacía trabajos domésticos que pudieran estropeárselas.

Emile Claus. Charlotte Dufaux. Ca. 1885
Ninguna dama se hubiera atrevido a salir a la calle, o asistir a alguna fiesta sin los guantes puestos. Formaban parte de la rígida etiqueta social. Hacia 1870, comenzaron a llevarse guantes oscuros en contraste con vestidos de tejidos claros; al cabo de un tiempo, se volvió al uso del guante claro.


La Moda Elegante. Traje para recibir en casa, 1886
Si os fijáis en la ilustración, la modelo lleva unos guantes blancos largos y ajustados para tomar el té. 
Como eran un accesorio importante, las señoras los tenían de todos los colores y para toda ocasión, cuidando de que fueran a tono con el vestido elegido.
Los guantes blancos de cabritilla alternaron con los de fina piel de Suecia. Las curvaturas del dorso de la mano se señalaban con bordados gruesos o finos en colores delicados.




Modelos publicados en la revista "Harper´s Bazar",1877
Izquierda: Guante de Suecia de piel de cabritilla en negro, con bordados al pasado en hilo de seda. Adornado en su extremo con volante de crêpe de seda plisada.

Derecha: Guante de Suecia de piel de cabritilla en negro, con bordados al pasado de seda color marrón y amarillo. Ribeteado en su extremo con crêpe de seda plisada y decorada con galones bordados.




En las revistas de moda de la época, como por ejemplo <<La Moda Elegante>> de 1886, aconsejaban a las lectoras sobre el empleo de los guantes: "Lo mismo para vestir, recibir en casa, que para hacer visitas, se usa con preferencia el guante claro". 

Pierre-Auguste Renoir. Baile en la Campiña, 1883
Para el corte y adorno de los guantes se seguían estrechas normas; sólo en cuestión de colorido se podían introducir variaciones. Durante mucho tiempo, el color de moda fue el gant jaune.
Los cambios que sufrieron los guantes femeninos se limitaron a llevarlos más o menos largos. Según el gusto o capricho de cada una, solían alcanzar la altura del codo o hasta más arriba, o bien sólo llegaban hasta la muñeca. El tipo de guante cambiaba con relativa frecuencia, para volver nuevamente al cabo del tiempo...

lunes, 5 de diciembre de 2011

DETALLES DE MODA: EL NECESER DE VIAJE


En mi post titulado "Un verano en Biarritz", os describí con todo detalle el vestuario, y los complementos que las damas elegantes del siglo XIX, llevaban en sus baúles para pasar las vacaciones de verano. En esta ocasión quiero hablaros de otro elemento presente y fundamental en aquellos viajes...
Se trata del neceser de las damas, objeto que nos revela aspectos íntimamente ligados a la moda de entonces, como la cosmética y los perfumes.

Retrato de dama con su neceser, del pintor Georges Crogeaert (1848-1923)
 

Georges Croegaert. Dans le Boudoir, 1891

Durante el siglo XIX, las señoras empleaban gran cantidad de afeites y ungüentos para "aumentar sus gracias naturales", según la publicidad de la época. Los productos de moda preferidos por las españolas de entonces eran de lo más variado; extracto de oso, dentífricos de jaramago o miel inglesa. Mucílago y Vinagrillo de Sevilla contra las canas, perfume para la ropa, perlas oleaginosas de Venus, pastillas, bolas, esencias, polvos y cremas de todas clases y colores.






Hacia 1840 nació en España la moda de los viajes, y las damas recurrieron al neceser  de viaje para transportar cómodamente, la gran cantidad de productos de belleza que poseían, sin tener que renunciar a ninguno. 
No podían faltar los frascos de cristal con tapa de plata labrada, para las esencias y perfumes, como el Agua de Ninón y el Violeta de Parma, muy de moda en ese entonces.
A ello había que añadirle los utensilios necesarios para el peinado; peines, cepillos, alfileres, lazos. Sin olvidarnos de las joyas, que se guardaban en un compartimento especial con espacio para las sortijas, brazaletes y collares.




Comenzaba la moda de llevar las uñas largas, y ello hizo necesario el empleo de útiles para la manicura, como éstos con mango de nácar y marfíl. Los instrumentos con forma de gancho en su extremo, eran utensilios imprescindibles en cualquier neceser femenino, ya que servían para abrochar las botinas y los guantes de Suecia.

Raimundo de Madrazo y Garreta. La toilette, ca.1890
Para la belleza del cutis, las damas adquirían cremas de alabastro, de pepino o leche de Bengala. Aguas de todo tipo; de perla, de Corinto, de Atenas. También Aceite de Rusia y Hielo de San Petersburgo...


No sería posible comprender la moda, sin conocer sus detalles. Los objetos presentes en el arreglo cotidiano de las mujeres, eran tan importantes como las telas, vestidos y complementos. El cuidado de la belleza, y los elementos que empleaban para ello, completan la imagen de una época.


Mi especial agradecimiento a Doña Luisa del Hoyo Monteverde, quien gentilmente me ha permitido fotografiar el precioso neceser del siglo XIX que perteneció a su bisabuela, y que me ha servido para ilustrar esta entrada.