lunes, 29 de abril de 2013

MODA EN LOS MUSEOS: LA PRINCESA SIT-HATHOR-YUNET EN EL METROPOLITAN DE NUEVA YORK

Cuando visité en el mes de enero pasado, el Metropolitan Museum de Nueva York, me paré a contemplar con detenimiento las numerosas salas dedicadas al arte egipcio. De entre todos aquellos hermosos objetos, llamaron poderosamente mi atención los complementos para el arreglo y adorno femenino. Era la colección de objetos funerarios que habían pertenecido a la princesa Sit-Hathor-Yunet, quien vivió durante el reinado de Sesostris II (1897-1878 a.C.) correspondiente a la Dinastía XII, durante el Imperio Medio.

Sala de arte egipcio. MET de Nueva york
En 1889, el arqueólogo Flinders Petrie localizó en la zona de el-Lahun, la cámara funeraria de la pirámide del faraón Sesostris II. Años después, en 1913, la British School of Archeology regresaba a el-Lahun con el objetivo de explorar las tumbas subsidiarias. Guy Brunton, ayudante de Petrie, pudo hallar bajo unos veinte centímetros de barro solidificado, la tumba de la princesa Sit-Hathor-Yunet, un auténtico tesoro integrado por delicadas piezas de joyería, cofres, objetos personales de tocador, y pelucas. Todo el conjunto había sido depositado en grandes cofres de ébano, los cuales debido al paso del tiempo, se habían desintegrado casi por completo. Sin embargo, buena parte de su contenido se había preservado por estar elaborado con metales y piedras preciosas. 

De arriba a abajo: Brazaletes. Cinturón de cabezas de leopardo.Tobilleras con adorno en forma de garra. Todas las piezas se componen de oro y amatistas. Ajuar de la princesa Sit-Hathor-Yunet. MET Museum
Brazalete de la princesa Sit-Hathor-Yunet. Oro, cornalina y turquesas. MET Museum

Joyero de la princesa Sit-Hathor-Yunet. MET Museum
Espejo de plata, oro y madera de la princesa..MET Museum
Caja de cosméticos de la princesa Sit-Hathor-Yunet. MET Museum
Recipiente para el Khol de la princesa. Oro y obsidiana. MET Museum
Recipiente para ungüentos de la princesa. Oro y obsidiana. MET Museum


Sin embargo, de entre todas esas maravillas pertenecientes al ajuar de Sit-Hathor-Yunet, me atrajo especialmente esta peluca adornada con 1.251 arandelas de oro de diferentes tamaños. Por un momento, pude imaginarme aquella princesa de tez morena que vivió hace miles de años, adornando su cabeza con ella, vestida con un maravilloso kalasiris de lino blanco plisado, sus ojos maquillados con khol, y adornada con maravillosas joyas de oro y turquesas. El conjunto debió resultar sumamente elegante...


Reproducción de la peluca de Sit-Hathor-Yunet . MET Museum
Aquellas arandelas de oro encontradas, se dispusieron en una peluca moderna, siguiendo modelos egipcios (pues la original no resistió el paso del tiempo), para que nos podamos hacer una idea del aspecto que tuvo en su época. 

Parte posterior
Perfíl
La belleza y cuidados del cabello eran muy importantes en Egipto. Incluso, la manera de peinarlo indicaba el rango de la mujer, y si era soltera o casada. En muchas de las tumbas se han encontrado acondicionadores para el cabello, que se preparaban mezclando cera de abejas con resina. Las mujeres dedicaban gran parte de su tiempo a peinarse, se trenzaban o moldeaban el cabello con tenacillas para hacerse tirabuzones. Cuando el cabello era poco abundante, se añadían extensiones como hacemos hoy en día.

Fragmento del relieve del general Amenemonet (Imperio Nuevo, XVIII dinastía)

Los egipcios eran expertos fabricantes de pelucas, pues las usaban tanto hombres como mujeres. Debido a las altas temperaturas y la preocupación por la higiene, reyes y nobles se afeitaban la cabeza, y la cubrían en las ceremonias con pelucas confeccionadas con lino teñido o cabello humano.
Peluca de trenzas de cabello humano sujetado en la parte superior con una cuerda. Las trenzas fueron tratados con cera de abejas y una capa de grasa animal cubre la totalidad de la peluca. Dinastía XXI. MET Museum

Las mujeres egipcias las empleaban dejando sobresalir mechones de su cabello natural. Algunas pelucas del Imperio Antiguo y Medio, se decoraban con arandelas de oro como las de la princesa, otras con flores y cintas, y otras lucían tres trenzas; dos a ambos lados de la cara, y la tercera detrás, como si fuera una coleta. Aunque fueron adoptando diversos estilos según cambiaba la moda a lo largo de los siglos. Así, en el Imperio Nuevo solían ser de cabellos rizados.

Las damas de la nobleza y las reinas egipcias fueron muy cuidadosas con su aspecto personal, pues su maquillaje y peinado formaban parte del boato erótico. Las pelucas eran objetos muy valiosos, por eso al caer la noche, los esclavos las colocaban cuidadosamente en el portapelucas, para cepillarlas y recomponerlas. Se sabe que Cleopatra poseía decenas de ellas con diferentes peinados y tonos de cabello distinto.
 
Leonor Varela en el papel de Cleopatra. Debajo del tocado, luce una peluca con dos mechones laterales
Lindsey Marshal en el papel de Cleopatra, con peluca rubia formando tirabuzones
Liz Taylor, icono de las Cleopatras del cine, con peluca negra formando mechones sujetos con adornosde oro







Fuentes consultadas:
François Boucher: Historia del Traje en Occidente
Web "Amigos de la egiptología"  


                                                                                                       




                                                                             Dedico este post a mi buena amiga Trinity
                                                                                               autora del Blog "Mi Matrix Particular"
                                                                                                               que desde aquí os recomiendo



domingo, 7 de abril de 2013

VISITA A LA MAISON DIOR


Debo confesaros que mi Blog me está dando muchas alegrías y satisfacciones, pues me ha dado la oportunidad de conocer personas  interesantes que comparten mi interés por la moda. Tal es el caso de mi buena amiga Manuela Mugüerza y García-Moreno, quien me contó sus recuerdos de Pas, allá por los años 40 y 50. Me pareció una historia tan fascinante, que le pregunté si podría compartirla en mi Blog. Tras pensarlo con calma, accedió a mi petición, por lo que hoy transcribo todo lo que ella me ha narrado, y que he querido ilustrar con fotografías de la época. Estoy segura de que su historia os fascinará tanto como a mí...

"Llegamos a París muy niñas, con mi abuela paterna, Marquesa de Villa Rocha y Marquesa de Solanda, y nuestro querido padre, Juan Muguerza de Alcántara y Franco, quien nació, creció, y se educó en París. Éramos tres hermanas; yo la mayor, mi hermana Alicia, ya fallecida, y la menor, mi hermana Lidia. Inicialmente, vivimos en París hasta 1939, año en el que regresamos a Ecuador por la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. Nuestro padre, con sobrados motivos, prefirió marcharse por nuestra seguridad y de toda la familia".

París, 1944. Durante la guerra todo escaseaba, las colas para comprar alimentos eran inmensas. Imagen: Roger Schall

"En 1946, una vez terminada la guerra, regresamos a París, a nuestro apartamento del Boulevard Suchet. Nos asombró y alegró ver que la ciudad no había sufrido grandes daños durante la invasión alemana. Al igual que nosotras, muchos otros que se habían visto obligados a emigrar por la guerra, estaban retornando, y todos, en realidad, querían olvidar ese terrible episodio de nuestra historia".




"La moda de los años cuarenta aún se imponía en aquel entonces; faldas por debajo de la rodilla, y hombros cuadrados de estilo masculino. Un poco triste para mi gusto. Todo esto influenciado claramente por las necesidades que habían".






Pintado de piernas para simular medias


"Imagínate, encontrar medias era prácticamente imposible, menos aún de seda, y las que teniamos la suerte de tenerlas las cuidábamos muchísimo. Es más, había pequeños quioscos por toda la ciudad, donde te las reparaban cuando se rompían. Muchas chicas, al no poder pagarse unas medias, se pintaban las piernas con betún, y se dibujaban la costura  con el lápiz de cejas".




"No te imaginas el revuelo que ocasionó Christian Dior en 1947, cuando presentó en París su primera colección, denominada "Corolle", y posteriormente rebautizada con el nombre de "New Look". Fue la comidilla del "Tout Paris". Mis hermanas y yo nos enamoramos inmediatamente de sus vestidos, especialmente los de noche. Eran tan femeninos, sus faldas tan amplias y largas, llevadas con crinolinas, la cintura estrecha, lo cual me favorecía mucho, porque en mi juventud tenía una cintura de 49 cm." 
Desfile de presentación de la primera colección de Haute Couture de Dior en 1947, denominada inicialmente "Corolle".

"Con Dior, se volvió a poner de moda la mujer femenina, de generosas curvas. El corsé era "de rigueur", sin importar cuán delgada fueses, ya que sus modelos lo exigían, además él insistía en que ayudaba a mantener la postura apropiada. Dior entendía la figura de la mujer muy bien, pero consideraba que había que sufrir para ser bella, es decir, el uso de sus vestidos requería que llevases ropa interior ajustada, corsets con ballenas y faja, lo cual no era muy cómodo, pero terminé acostumbrándome a ello, y aún ahora uso este tipo de ropa interior, porque realmente hacen que todo te quede mucho mejor".

Diversos modelos de crinolinas y enaguas de tul empleadas en los años 50


 

"No asistí a su primer desfile, pero tan pronto me enteré de las novedades, pedí una cita en su Atelier. M. Dior era un hombre bajito, encantador y muy educado. Trataba a todos con extrema cordialidad, y sencillez".   
Ultimando detalles antes del desfile. Foto: Loomis Dean

"En aquella época, por lo general, se asistía a los desfiles como si fuera un evento social, pero para encargar ropa, tenías que pedir cita privada en su Atelier, donde volvían a presentarte los vestidos, de acuerdo a tu gusto, llevados por modelos".  

Christian Dior con sus maniquís, 1949
"Mi hermana Alicia y yo fuimos juntas a ver sus vestidos y encargamos varios de ellos, pues no había trajes ya hechos en la Maison en aquel entonces, y te los hacían a medida. Aquel fue el inicio de nuestra relación con él, que duró hasta su muerte, en 1957, tan repentina y que asombró a todos".  

"Usualmente M. Dior estaba presente por unos minutos para darte la bienvenida, y asegurarse de que te mostrasen los vestidos que él consideraba, beneficiaban más a tu silueta y estilo. También se tomaba el tiempo de decirte lo que, según él, era lo que más te favorecía; colores, tejidos, formas, etc. Una vez incluso me dijo que el lápiz labial que usaba no era del color adecuado, y me regaló uno con el color correcto. Desde entonces, siempre he utilizado los tonos corales para el día, y el rojo bermellón para la noche, como él me recomendó".

Christian Dior en su Atelier. Foto: Loomis Dean, 1955
"Recuerdo que mi hermana Alicia encargó una falda de tafetán de seda negra, en el nuevo largo (era de cocktail), casi hasta los tobillos, con pequeños plisados en toda ella, y que tenía ya la crinolina incorporada. Además, una enagua de seda natural debajo de todo, para proteger las piernas del roce del material áspero de la crinolina, todo en color negro. Aquella falda, se complementaba con una blusa de raso de seda muy pesado en color marfil, mangas tres cuartos, que originalmente, era de mangas más largas, pero M. Dior, al ver las manos de mi hermana a las que se refirió como "dignas de María Antonieta", dijo que debía mostrarlas por su belleza y elegancia, y le recomendó la manga más corta. Alicia, al igual que yo, tenía unas manos diminutas, de dedos larguísimos y delicados". 
Christian Dior supervisaba personalmente las pruebas en su Atelier. Foto: Loomis Dean


"Yo encargué un traje de día, en color rosa Dior, -color que él mismo me recomendó-, con un pequeño sombrerito a juego, en rosa con flores en verde, blanco, leves toques de negro, y un velito divino. Aún tengo varios sombreros de aquella época que, incluso ahora, uso".
Sombrerito de flores de terciopelo. Dior, 1953. Colección MET Museum

"Recuerdo que las grandes y marcadas hombreras dejaron de usarse, hasta entonces no había habido vestido, blusa o abrigo, en la moda reciente, que no las llevase. Siendo las chaquetas de sus trajes muy entalladas, a veces te hacían hasta cuatro pruebas para que quedasen perfectas".  
Detalle de chaqueta entallada con costadillo italiano. Dior, 1947. Colección MET Museum
"En la tienda también vendían todos los accesorios que necesitabas para acompañar el vestido. Sombreros, guantes, zapatos, hechos por los mejores artesanos de París. Sus vestidos de noche se acompañaban con zapatos y bolso a juego". 

Zapatos y complementos en el Atelier de Dior. Años 50. Foto: Loomis Dean
"Otro elemento novedoso que impuso Dior fueron los tacones altos y más finos que los usados hasta ese momento. Me recordaron a los que veía durante mi niñez en los años veinte, pero el modelo de sus zapatos era muy diferente a aquellos, mucho más femeninos, con un toque de coquetería maravilloso. Recuerdo que me compré un par de sandalias en raso negro, de tacón alto, con una pequeña plataforma, como de un centímetro, y un huequito adorable en la punta. Aquellas sandalias fueron los primeros zapatos que compré en la Maison Dior, que en aquella época estaba en la Avenue Montaigne".

Estas sandalias, de finales de los años 40, son lo más parecido que he podido encontrar a la descripción que me hace Manuela de sus sandalias, que no se han conservado. Colección MET Museum

En los años 50, Roger Vivier diseñó colecciones de zapatos con tacón de aguja para Dior. Colección V&A Museum
"Posteriormente, en los años 50, sus zapatos cambiaron, y se volvieron más puntiagudos, con el tacón mucho más fino, era el llamado tacón de aguja".



"Mi fascinación siempre han sido los sombreros y los guantes, tengo una amplia colección de los mismos, y los uso siempre que el tiempo y la ocasión lo permiten. Eso sí, prefiero que los guantes sean, o de cabritilla o de gamuza. En aquella época, ninguna mujer elegante salía sin ellos, incluso en verano. Era sólo en esta estación que me permitía ponerme guantes de encaje o tejidos, pero si no hacía mucho calor, siempre prefería los de cabritilla".
 

"También tuve ocasión de conocer a Coco Chanel. Fue mi abuela, la Marquesa de Solanda, quien me llevó por primera vez a la Maison Chanel, para que Coco diseñase mi primer vestido de Alta Costura, para mi Puesta de Largo, que se llevó a cabo en el Crillon. Ella me aconsejó un maravilloso vestido de noche blanco de satén y gasa. Aún lo conservo".

Coco entrando en la Maison Chanel, París

"Sin embargo, ella era muy diferente a Christian Dior, pues mientras éste trataba a todos con extrema cordialidad, Coco era conocida por sus exhabruptos hacia sus empleados. Aunque con ella no tuve mucho trato, fuera del mínimo necesario para la elaboración de los vestidos. Si bien, todos la consideraban muy refinada, yo siempre pensé que sus orígenes se notaban al tratarla, pero nunca he negado su gran estilo, y también fue una de mis modistas favoritas".



"Actualmente ya no compro mucha ropa, he acumulado demasiada a lo largo de los años. Poseo una gran colección de vestidos y conjuntos, la mayoría de Maisons francesas: Chanel, YSL, Dior, mis favoritos; también compré Balenciaga, y un par de accesorios de Loewe".
"Todavía conservo aquellos maravillosos vestidos y complementos, si bien están prometidos al Museo Metropolitano de Nueva York a mi fallecimiento". 


Fotografía tomada en Buenos Aires por el autor del blog Advancestyle de Nueva York

Imagen de Doña Manuela Mugüerza y García-Moreno, a quien aprecio mucho, y agradezco su gentileza al compartir con todos nosotros sus recuerdos de Christian Dior, y del glamour parisino de aquellos años. Una historia vivida y contada por ella misma.