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viernes, 24 de agosto de 2012

DETALLES DE MODA: EL BOLSO WILARDY

La idea del bolso Wilardy nació en 1948, de la mano del diseñador norteamericano Will Hardy, un joven que por aquel entonces estudiaba diseño y dibujo industrial

 
Will Hardy en una imagen de 1954
Un día, Hardy cogió un joyero de plástico que pertenecía a su madre y le puso dos asas. El resultado le fascinó, así que decidió continuar con su idea. Se centró en la creación de un bolso que fuera indestructible, por lo que pensó en el plástico, material que en aquella época se anunciaba como el material del futuro, nacido de la tecnología empleada durante la Segunda Guerra Mundial


Poco tiempo después, al acabar sus estudios, Will entró a trabajar en la empresa familiar "Handbag Specialities", y pronto centró el trabajo de la compañía en los bolsos elaborados con lucite

El lucite era un tipo de plástico muy resistente que no se amarilleaba, y su brillo se mantenía en el tiempo. Ello unido a unos diseños muy originales, llevaron a estos bolsos al éxito de forma inmediata




Los bolsos de lucite eran únicos, pues se moldeaban y soldaban a mano uno por uno. Pronto, aquellas sencillas cajas en forma de bolso, adquirieron formas extravagantes




Cada modelo nuevo que salía al mercado buscaba el impacto visual . Se fabricaban en todos los colores, mates y transparentes. Los diseños se embellecían con pedrería, flores artificiales y strass


 

El modelo más caro era uno con forma de cofre decorado con falsa pedrería. Costaba 75 dólares en 1956. En aquella época ése era el precio medio del alquiler de un piso



Al bolso de lucite, se le puso el nombre comercial de "Wilardy" (contracción de Will Hardy), ya que resultaba un nombre más pegadizo y comercial


Pronto fue muy popular entre las actrices y las damas de la alta sociedad. Ellas los lucían orgullosas, pues sus asas estaban diseñadas para el brazo femenino



Hardy decía que se inspiraba en las formas futuristas, en las sombrereras femeninas e incluso en las curvas de Marilyn Monroe





Sus estudiadas formas fueron la clave de su éxito, y en su fábrica de Nueva York, donde trabajaban cuarenta personas, se elaboraban setenta modelos al día


Rígidos y refinados, estos bolsos anteponían la estética sobre la funcionalidad. Tenían el inconveniente de su poca capacidad y además, se arañaban con facilidad



Sin embargo, hacia 1957, los Wilardy comenzaron a ser copiados por otros fabricantes que mejoraron el proceso de fabricación de bolsos de lucite. Con la invención del molde por inyección, se podía fabricar bolsos de plástico de forma barata y rápida. Surgieron entonces miles de copias de los bolsos Wilardy por una quinta parte del precio original



Poco a poco, el bolso Wilardy dejó de ser un artículo de lujo, y su acomodada clientela se cansó de ellos. La generación siguiente prefirió otros modelos de bolso realizados con materiales más blandos

Hoy en día, los bolsos de lucite son artículos de coleccionista muy buscados por todos los apasionados de la moda vintage....







                     




martes, 14 de febrero de 2012

DETALLES DE MODA: EL BOLSO DE NOCHE

En el siglo XIX, asistir al teatro era un acto social que levantaba pasiones. Todas las ciudades importantes tenían al menos uno, y una compañía que durante todos los días del año, excepto en Cuaresma, representaba una obra. 

Mary Cassat. El palco, 1884
Durante el espectáculo, las jóvenes solteras lanzaban furtivas miradas a sus pretendientes. Desde los palcos, las señoras curioseaban los vestidos y las joyas de las demás con sus prismáticos, mientras se abanicaban de forma indolente. 
También la ópera era un acto social importante, al que acudían los caballeros vestidos de etiqueta, y las señoras con elegantes trajes de noche. En los entreactos, se aprovechaba la ocasión para saludar a las amistades, los señores charlaban de las cuestiones más diversas, y las damas acudían además al tocador para perfumarse y darse un retoque de polvos de arroz frente al espejo...

Ramón Casas. El Liceu, 1901
Con esta introducción dedicada a los espectáculos sociales, quisiera recordaros que durante el siglo XIX, la vida de las élites estaba profundamente protocolizada. Toda ocasión y momento del día requería de un vestuario con sus complementos adecuados. Por eso, cuando descubrí este singular bolso y lo abrí, vinieron a mi mente todas aquellas imágenes relacionadas con el teatro, la ópera y los bailes...





















Se trata de un original y a la vez práctico bolso de noche que data de fines del siglo XIX. Con mango de cuero trenzado, y forrado con piel gofrada, su original forma rectangular, y su cierre metálico lo hacen diferente y especial respecto a otros bolsos de la época.
Sin embargo, la auténtica maravilla reside en su interior, pues cuando lo abres, descubres que se despliega para mostrar una serie de compartimentos y bolsillos interiores, donde cuidadosamente dispuestos, aparecen todos los elementos que una dama podía necesitar para asistir a una soirée de gala.


 
En un bolsillo de la solapa superior, un pequeño espejo de mano. En tres compartimentos centrales, perfectamente encajados; un frasco de cristal para esencias, un pequeño abanico plegado, y unos prismáticos para no perder detalle desde el palco.


El precioso y delicado abanico, con varillas de marfil deplegables y paisaje de tul de seda decorado con pequeñas lentejuelas doradas.


En otro bosillo interior, un suave plumón como los que se encuentran en las polveras antiguas. Era el elemento que faltaba para retocar el maquillaje durante los entreactos del teatro o la ópera, o en un momento de descanso durante el baile.
Ramón Casas. El descanso, 1901
Sin embargo, este bolso, lleno de sorpresas, guardaba otra aún mejor: un pequeño carné de baile de metal repujado, con su diminuto lápiz metálico con punta de grafito. 
 









 



James Jacques Tissot. El baile, 1875

El carné de baile fue un elemento indispensable en el protocolo de los bailes de sociedad durante el siglo XIX hasta principios del siglo XX, ya que los caballeros invitaban por anticipado a bailar a las damas. Si ellas aceptaban, ambos anotaban en sus respectivos carnés el baile comprometido. Cuando sonaban los primeros compases, éste se acercaba, la dama se levantaba de su asiento, aceptaba el brazo derecho, y comenzaban a bailar la polca, la pavana, la mazurca, o el vals...





Gracias a este pequeño bolso, he descubierto que las mujeres de hace más de un siglo no eran tan diferentes de nosotras. Hoy en día, igual que ellas, llevamos en nuestros pequeños bolsos de noche multitud de pequeñas cosas que consideramos "necesarias" para sentirnos más seguras. Tal vez no sean exactamente las mismas, pero sí muy parecidas, ya que el carné de baile lo hemos sustituido por el carné de conducir, y los prismáticos por el móvil. Pero por lo demás, siempre llevamos un lápiz de labios, una pequeña polvera para eliminar "brillos", un perfume formato "mini" y un espejito de mano...

                  Y tú, ¿qué llevas en tu bolso de noche?...




Agradecimientos:

A mi buena amiga María del Hoyo Monteverde, dueña del bolso de noche (heredado de su abuela) que me ha permitido ilustrar este post.