Hoy he querido hablaros del bordado antiguo. Ornamentación que a menudo encontramos enriqueciendo vestidos, complementos, o paramentos litúrgicos expuestos en los museos. Normalmente los observamos con gran deleite estético, pero ignoramos el trabajo largo y laborioso que conllevaba realizarlos.
Primero quisiera definir el concepto "bordado", como el arte de aplicar mediante hilo y aguja, una ornamentación adicional añadida a la superficie de un tejido.
Algunos autores afirman que el bordado se originó en el Lejano Oriente. Otros, por el contrario, creen que la técnica surgió de forma simultánea en varias de las culturas más tempranas. Respecto a Europa, se sabe que en la Edad de Bronce, concretamente en Dinamarca, se ornamentaban prendas de vestir con labores de aguja.
Primero quisiera definir el concepto "bordado", como el arte de aplicar mediante hilo y aguja, una ornamentación adicional añadida a la superficie de un tejido.
Algunos autores afirman que el bordado se originó en el Lejano Oriente. Otros, por el contrario, creen que la técnica surgió de forma simultánea en varias de las culturas más tempranas. Respecto a Europa, se sabe que en la Edad de Bronce, concretamente en Dinamarca, se ornamentaban prendas de vestir con labores de aguja.
Durante la Edad Media, se producirá el verdadero auge del bordado, cuando empieza a ser tan valorado como los manuscritos iluminados, las joyas, o la orfebrería. Las prendas de carácter áulico, aristocrático y litúrgico que presentaban bordados, eran consideradas un símbolo de estatus social, riqueza y poder. Lo que equivaldría a llevar hoy en día una prenda de lujo de cualquier marca elitista.
Bocamanga perteneciente a una dalmática de seda púrpura. Bordada en el siglo XII en los talleres reales de Roger II de Sicilia. Decorada con pequeños cilindros de oro que rellenan los espacios formados por los aljófares, contiene además, grandes esmaltes coloreados con las insignias del Sacro Imperio Romano.
Bolsa limosnera bordada perteneciente a alguna dama noble. París. Ca. 1340. De lino bordado en seda, con fondo de hilos de oro. La iconografía de carácter cortesano, representa a dos amantes.
Además de los talleres gremiales de bordadores, resulta particularmente interesante el trabajo de las mujeres durante la Edad Media. El arte del bordado se extendía por todos los estratos sociales, aunque con diferentes motivaciones. Las reinas y nobles en los gineceos bordaban por placer, las monjas en los conventos bordaban para la Iglesia, y las mujeres del pueblo llano bordaban para sus familias, o para los encargos por los que percibían un salario. Como ejemplo, cabe citar un frontal de altar destinado a la abadía de Westminster, en el que trabajaron cuatro mujeres durante tres años y nueve meses, cobrando por él 36 libras.
La Mitra de Minden. Ca. 1400. Otro bello ejemplo de bordado erudito destinado a una prenda litúrgica. De seda bordada con hilos de oro, láminas de plata sobredorada, y aljófares. Su iconografía nos muestra por un lado la Anunciación, y por el otro la Virgen entronizada. Nos podemos imaginar el espectacular efecto de los brillos del metal de esta mitra, a la luz de las velas mientras el obispo presidía la misa...
Los bordados no sólo se destinaban a los ornamentos litúrgicos. También decoraban los trajes de los nobles, e incluso los manteles, como éste del siglo XVI-XVII, que se destinó a vestir la mesa de algún palacio italiano. Con un refinado diseño de bordado matizado en sedas, muestra diferentes tipos de flores, frutas, insectos, animales y una sirena de doble cola como motivo central. El preciosismo y los detalles adoptan carta de naturaleza.
Detalle de una chaqueta femenina de lino, bordada con seda, hilo de plata dorada y lentejuelas. Ca. 1620. En el siglo XVII, las mujeres inglesas solían llevar prendas delicadamente bordadas como parte del atuendo de gala. El diseño representa motivos vegetales basados en los ingenuos bordados domésticos del siglo XVI. Los puntos empleados son muy variados; punto de cadeneta, al matiz, y nudos diversos.
Ejemplo de bordado aristocrático destinado a manifestar el poder y el prestigio social en alguna recepción cortesana, ya que está realizado sobre un vestido de Corte de 1740-45. Ejecutado por manos profesionales, con hilos de plata que destacan sobre un gros de seda en color rojo. El diseño central es un "Árbol de la Vida" con claras influencias del rococó francés. Realzado con canutillos, lentejuelas, cintas y cordoncillos.
Por último, quiero cerrar este capítulo con los bordados en blanco que tan de moda se pusieron a principios del siglo XIX, cuando por influencias del neoclasicismo se rompe con todo el artificio del siglo anterior. Se buscan formas y lineas puras, con sencillos vestidos blancos de muselina semitransparente, a menudo bordados del mismo color con motivos inspirados en la naturaleza.
Delicadas florecillas decoraban el busto y el bajo de los vestidos, empleando las mismas técnicas que se habían usado hasta entonces para las ropas litúrgicas de lino, y en los ajuares domésticos.
Bibliografía:
Fukai, Akiko/Koga Reiko: Moda. La Colección de Instituto de la Indumentaria de Kioto. Taschen. Madrid, sf
Staniland, Kay: Embroideres. British Museum Press. London, 1991
La Mitra de Minden. Ca. 1400. Otro bello ejemplo de bordado erudito destinado a una prenda litúrgica. De seda bordada con hilos de oro, láminas de plata sobredorada, y aljófares. Su iconografía nos muestra por un lado la Anunciación, y por el otro la Virgen entronizada. Nos podemos imaginar el espectacular efecto de los brillos del metal de esta mitra, a la luz de las velas mientras el obispo presidía la misa...
Los bordados no sólo se destinaban a los ornamentos litúrgicos. También decoraban los trajes de los nobles, e incluso los manteles, como éste del siglo XVI-XVII, que se destinó a vestir la mesa de algún palacio italiano. Con un refinado diseño de bordado matizado en sedas, muestra diferentes tipos de flores, frutas, insectos, animales y una sirena de doble cola como motivo central. El preciosismo y los detalles adoptan carta de naturaleza.
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| Fotografía: Richard Davis |
Detalle de una chaqueta femenina de lino, bordada con seda, hilo de plata dorada y lentejuelas. Ca. 1620. En el siglo XVII, las mujeres inglesas solían llevar prendas delicadamente bordadas como parte del atuendo de gala. El diseño representa motivos vegetales basados en los ingenuos bordados domésticos del siglo XVI. Los puntos empleados son muy variados; punto de cadeneta, al matiz, y nudos diversos.
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| Fotografía: Richard Davis |
Ejemplo de bordado aristocrático destinado a manifestar el poder y el prestigio social en alguna recepción cortesana, ya que está realizado sobre un vestido de Corte de 1740-45. Ejecutado por manos profesionales, con hilos de plata que destacan sobre un gros de seda en color rojo. El diseño central es un "Árbol de la Vida" con claras influencias del rococó francés. Realzado con canutillos, lentejuelas, cintas y cordoncillos.
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| Fotografía: Taishi Hirokawa. Colección KCI |
Por último, quiero cerrar este capítulo con los bordados en blanco que tan de moda se pusieron a principios del siglo XIX, cuando por influencias del neoclasicismo se rompe con todo el artificio del siglo anterior. Se buscan formas y lineas puras, con sencillos vestidos blancos de muselina semitransparente, a menudo bordados del mismo color con motivos inspirados en la naturaleza.
Delicadas florecillas decoraban el busto y el bajo de los vestidos, empleando las mismas técnicas que se habían usado hasta entonces para las ropas litúrgicas de lino, y en los ajuares domésticos.
Bibliografía:
Fukai, Akiko/Koga Reiko: Moda. La Colección de Instituto de la Indumentaria de Kioto. Taschen. Madrid, sf
Staniland, Kay: Embroideres. British Museum Press. London, 1991






