En los albores del siglo XIX, el cuerpo femenino volvió a recobrar la libertad perdida varios siglos atrás. Las mujeres elegantes de París, se paseaban por las calles con ligerísimos vestidos blancos de muselina que parecían camisones, con grandes escotes y mangas cortas que dejaban los brazos desnudos.
Los cambios políticos que se produjeron en Francia durante los últimos años del siglo XVIII, propiciaron el nacimiento de una nueva forma de entender la moda, dando paso a un ideal estético de claras influencias greco-romanas.
Los cambios políticos que se produjeron en Francia durante los últimos años del siglo XVIII, propiciaron el nacimiento de una nueva forma de entender la moda, dando paso a un ideal estético de claras influencias greco-romanas.
Aquella nueva y ligera vestimenta, era magnífica para los días de verano, pero poco práctica en invierno. Fue entonces cuando aparecieron aquellos maravillosos chales de Cachemira importados del noroeste de la India. Eran el complemento ideal. Tejidos con lana de una calidad inusitada, desconocida hasta entonces. No sólo eran hermosos, también eran ligeros, cálidos, elegantes y muy caros.
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| Gros. "Retrato de la Emperatriz Josefina", 1808 |
Algunos autores afirman que los primeros fueron introducidos en Europa por Napoleón Bonaparte en 1799, a su regreso de la campaña egipcia. Sin embargo, lo cierto es que los primeros chales llegaron en 1760 a Inglaterra procedentes de la India, importados por la "Compañía del Este de la India". Y desde allí, la moda se extendió a Francia y al resto de Europa.
A la emperatriz Josefina le gustaban tanto, que en los inventarios de su guardarropa aparecieron registrados más de 200 chales de Cachemira.
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| David. "Condesa de Daru", 1810 |
Aquel complemento pronto se convirtió en un signo de distinción y buen gusto. En multitud de retratos de damas de la época, aparecen magníficamente ataviadas con sus elegantes vestidos, donde las únicas notas de color proceden de las joyas, alguna cinta bajo el pecho y por supuesto, un chal de cachemira que se desliza de forma distraida...
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| Ingres. "Mme. Jacques-Louis Leblanc", 1823 |
Era tal la demanda, que pronto los comerciantes ingleses y franceses se propusieron fabricar imitaciones, llegando a dominar el mercado europeo. Los chales de seda fabricados en Lyon, fueron los más demandados por las francesas, por su gran calidad y exquisito colorido. Allí tejían primero la parte lisa, a la que luego añadían bandas tejidas aparte con seda y lana de colores.
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| Libro de muestras de bandas tejidas para chales. Lyon, 1810-1830 |
A medida que pasaban los años, la paleta de colores se fue ampliando con diseños de mayor complejidad, llegando a combinar dibujos genuinos de la India con motivos europeos.
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| Detalle de un chal de Paisley |
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| K.J. Stieler. "Amalie von Schintling" 1831 |
A principios del siglo XIX, Paisley, localidad escocesa famosa por sus tejidos de estambre, comenzó a fabricar imitaciones de los chales de cachemira originales. Reinterpretando su forma y sus motivos ornamentales, pero manteniendo su decoración abigarrada y concentrada en los extremos. Esta vez sobre fondos rojos y marrones. Con el tiempo, esos chales pasaron a llamarse simplemente "Paisley".
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| Théodore Chassériau. "Las hermanas del artista", 1843 |
Tras una década en la que permanecieron un tanto olvidados, teniendo que competir con otro tipo de chales de muselina, percal o encaje, volvieron a resurgir en los años 40, pero esta vez como echarpes, adoptando formas rectangulares o cuadradas con fondos en diversos colores, favorecidos por los nuevos tintes a base de anilina.
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| Federico de Madrazo y Kuntz: Saturnina Canaleta, 1856 Museo del Prado, Madrid |
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| (detalle) |
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| Alfred Stevens. Le Bouquet, 1857 |
A partir de los años 50 y hasta los 60 del siglo XIX, su forma se amplió para que pudiera cubrir y caer sobre las enormes faldas ahuecadas por los miriñaques. Esta vez, los diseñadores occidentales copiaron los motivos tradicionales indios, para estamparlos sobre tejidos de algodón que luego se empleaban en la confección de faldas, pañuelos, echarpes e incluso enaguas.
Hacia los años 70 del siglo XIX fueron desterrados por completo. Con la llegada del polisón ya no resultaban prácticos.
En los años 80 del siglo XX la moda los volvió a recuperar, y tal vez en el futuro vuelvan, aunque ya nunca serán como aquellos que un día lució la emperatriz Josefina...
Hacia los años 70 del siglo XIX fueron desterrados por completo. Con la llegada del polisón ya no resultaban prácticos.
En los años 80 del siglo XX la moda los volvió a recuperar, y tal vez en el futuro vuelvan, aunque ya nunca serán como aquellos que un día lució la emperatriz Josefina...










