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viernes, 2 de marzo de 2012

TUL: UN TEJIDO VERSÁTIL (II)

Como ya os contaba la pasada semana, el tejido de mallas que se comenzó a elaborar en la ciudad francesa de Tulle, con el tiempo iría evolucionando, hasta la llegada del siglo XIX, cuando una serie de inventos contribuyeron a la democratización del tul, pues su elaboración mecánica permitía producciones rápidas con menor coste y menor mano de obra.
El primero llegaría en 1802, cuando el inglés Robert Brown diseñó una máquina que tejía redes, sobre las cuales podían bordarse a mano motivos de encaje. Este paso vino a sustituir al tul manual de bolillos, aunque el resultado era aún un tanto burdo.
En 1809, John Hathewoart, de Leicester, construyó la primera máquina para tejer mallas mediante bobinas de latón, dando como resultado un tul liso muy similar al manual, pero de gran anchura, lo que permitió la confección de vestidos enteros de tul, poniéndose muy de moda. Aunque aún había que bordar el tul a mano.

Fragmento de un tul mecánico bordado a mano con hilos metálicos en 1812 por Augustin Picot, bordador de Napoleón. Pudo estar destinado a la decoración de las paredes de la habitación de la emperatriz Josefina, en la Malmaison. 

Pero la revolución vendría de la mano de las máquinas creadas por Pusher en 1812, y de John Leavers en 1813, quien desarrolló una máquina (Leavers) que permitía tejer los dibujos y el fondo al mismo tiempo, obteniendo mecánicamente el efecto del tul bordado a mano.

Hacia mediados del siglo XIX, las ciudades de Nottingham en Inglaterra, y Lyon en Francia, se convirtieron en importantes centros de elaboración de tul bordado mecánico y de encajes industriales, imitando a los que se elaboraban a mano, como por ejemplo la blonda (de origen español) y el chantilly.

Detalle de un encaje chantilly mecánico. Este tipo de encaje se elabora con un fondo de tul hexagonal, y con hilos de diferente grosor; uno que conforma la base, y otro para el contorno del dibujo. Los temas para este tipo de encajes suelen ser casi siempre florales. Se teje normalmente en color negro y con acabados en ondas en los extremos de la pieza. A partir de 1860 se empleó mucho para elaborar mantillas, chales, velos, guantes y sombrillas.

Magnífico retrato realizado por Winterhalter en 1861. En él vemos a la princesa Alice con un chal de encaje de chantilly mecánico, elaborado probablemente con hilos de seda. Exquisitamente trabajado, el fondo está formado por un tul decorado con motivos florales y rematado en el borde mediante ondas.

Imagen de un chal de chantilly mecánico de algodón datado en 1865. Este tipo de encaje se puso muy de moda gracias a que su precio era bastante más asequible que los realizados de forma artesanal. Las medidas solían ser de metro y medio, de forma cuadrada o triangular. Lógicamente, eran más baratos que los elaborados con hilos de seda.


Por último, quiero enseñaros un ejemplo de blonda española mecánica elaborada con tul de hilos de seda y nutridos de algodón. Se trata de una mantilla datada en la segunda mitad del siglo XIX, que además está decorada a mano con aplicaciones de lentejuelas e hilo metálico dorado en forma de canutillo. 

Aunque la tecnología de los tules y encajes mecánicos logren agradables resultados estéticos, lo cierto es que nunca podrán igualar la delicadeza de los antiguos encajes manuales...