Hace algunos meses, publiqué un post titulado "La moda en la pintura holandesa del siglo XVII", creado con la idea de añadir con posterioridad otras obras que me permitieran analizar poco a poco la moda de esa fascinante época.
En esta ocasión, he elegido una obra del magnífico retratista nacido en Amberes, Anton Van Dyck (1599-1641), quien supo como nadie reflejar los maravillosos ropajes de sus retratados, representando las calidades de los tejidos y detalles vestimentarios con gran precisión, por lo que su obra constituye una valiosa fuente para analizar la moda del siglo XVII.
En 1620, a los 21 años de edad, Van Dyck viajó desde su Amberes natal a Londres. Allí obtuvo una pensión que le permitió trasladarse a Italia, donde realizó entre otros, este magnífico retrato de cuerpo entero de la joven Paolina Adorno, fechado en 1627, y que pertenece actualmente a la colección del Musei di Strada Nuova. La joven, perteneciente a una de las familias más ricas de Génova, posa elegantemente vestida al estilo español, cuya influencia aún se dejaba notar en la indumentaria del resto de Europa.
Van Dyck no deja nada al azar, detallando minuciosamente el lujoso vestido que luce la joven Paolina. Compuesto de un rígido cuerpo o "sayo" de terciopelo de seda en color azul marino (que debe su forma al cartón engomado que se disponía entre el tejido y el forro interior), terminado en una larga punta emballenada por delante. La falda o "basquiña", confeccionada con el mismo tejido del sayo, está decorada también con anchos galones de pasamanería de hilos de oro, que partiendo del centro, ribetean las partes delanteras y los bajos de ambas prendas, pudiendo contarse hasta trece bandas en la basquiña.
En las sisas del sayo, destacan los "brahones", piezas que sobresalen en forma de alerillos de los que parten las denominadas "mangas perdidas", que caían abiertas hacia los lados para mostrar el precioso tejido de seda brocada que también compone las mangas del jubón interior.
La lujosa y almidonada lechuguilla de organza de seda, que enmarca el rostro, forma abanillos recortados y decorados con encaje. Los puños del mismo tejido, que rematan las mangas del jubón, hacen juego con la misma.
El peinado formado por pequeños rizos, asoma bajo el bonete decorado con filas de perlas y un pequeño "airón" o penacho de plumas de color negro.
Por último, señalaros el collar de oro dispuesto en bandolera que cruza su pecho, y la delicada rosa que lleva en su mano, símbolo de la fugacidad de la belleza...
Bibliografía consultada: Bandrés Oto, Maribel: La moda en la pintura. Usos y costumbres del siglo XVII
En 1620, a los 21 años de edad, Van Dyck viajó desde su Amberes natal a Londres. Allí obtuvo una pensión que le permitió trasladarse a Italia, donde realizó entre otros, este magnífico retrato de cuerpo entero de la joven Paolina Adorno, fechado en 1627, y que pertenece actualmente a la colección del Musei di Strada Nuova. La joven, perteneciente a una de las familias más ricas de Génova, posa elegantemente vestida al estilo español, cuya influencia aún se dejaba notar en la indumentaria del resto de Europa.
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| Anton Van Dyck. Paolina Adorno, 1627 |
Van Dyck no deja nada al azar, detallando minuciosamente el lujoso vestido que luce la joven Paolina. Compuesto de un rígido cuerpo o "sayo" de terciopelo de seda en color azul marino (que debe su forma al cartón engomado que se disponía entre el tejido y el forro interior), terminado en una larga punta emballenada por delante. La falda o "basquiña", confeccionada con el mismo tejido del sayo, está decorada también con anchos galones de pasamanería de hilos de oro, que partiendo del centro, ribetean las partes delanteras y los bajos de ambas prendas, pudiendo contarse hasta trece bandas en la basquiña.
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| Paolina luce un magnífico traje de terciopelo "a la española" |
En las sisas del sayo, destacan los "brahones", piezas que sobresalen en forma de alerillos de los que parten las denominadas "mangas perdidas", que caían abiertas hacia los lados para mostrar el precioso tejido de seda brocada que también compone las mangas del jubón interior.
La lujosa y almidonada lechuguilla de organza de seda, que enmarca el rostro, forma abanillos recortados y decorados con encaje. Los puños del mismo tejido, que rematan las mangas del jubón, hacen juego con la misma.
El peinado formado por pequeños rizos, asoma bajo el bonete decorado con filas de perlas y un pequeño "airón" o penacho de plumas de color negro.
Por último, señalaros el collar de oro dispuesto en bandolera que cruza su pecho, y la delicada rosa que lleva en su mano, símbolo de la fugacidad de la belleza...
Bibliografía consultada: Bandrés Oto, Maribel: La moda en la pintura. Usos y costumbres del siglo XVII


