Cuando era estudiante de Historia del Arte, no entendía porqué en la universidad se valoraba mucho más una pintura o una escultura que una seda labrada del siglo XV por ejemplo. Ni porqué se seguía una clasificación obsoleta que dictaba que unas artes eran mayores y otras menores.
Al empezar a estudiar la moda como un elemento estético, antropológico y social, comienzas a hacerte preguntas:
¿Acaso los tejedores, encajeras, diseñadores y demás artistas relacionados con la indumentaria, no empleaban largos años en formarse y muchas horas de trabajo al igual que pintores o escultores?
¿A qué se debía ese menosprecio cultural y social?
¿Porqué eran mucho más importantes la arquitectura, la pintura y la escultura?
¿Y porqué a unos se les llamaba artistas y a otros artesanos?
¿Acaso los tejedores, encajeras, diseñadores y demás artistas relacionados con la indumentaria, no empleaban largos años en formarse y muchas horas de trabajo al igual que pintores o escultores?
¿A qué se debía ese menosprecio cultural y social?
¿Porqué eran mucho más importantes la arquitectura, la pintura y la escultura?
¿Y porqué a unos se les llamaba artistas y a otros artesanos?
Afortunadamente, con el paso de los años, esa visión cerrada, ha ido cambiando. A ello han contribuido en gran medida los museos, entidades capaces de calibrar los gustos estéticos de la sociedad, y de influir positivamente en la cultura de los pueblos. Es por ello, que hoy quiero hablaros de un museo que nunca deja de sorprenderme. Se trata del Museo del Romanticismo de Madrid
La pasada semana, Carmen Cabrejas y Maje Cabrera, (ambas trabajan en el Departamento de Difusión del museo), tuvieron la gentileza de invitarme a visitarlo, y aunque ya lo conocía, tengo que reconocer que salí de allí gratamente sorprendida.
Cuando pasamos a la sala de exposiciones temporales, comprobé que la "Obra Invitada" (hasta el día 9 de diciembre), era nada más y nada menos, que un espectacular retrato de la Emperatriz Eugenia de Montijo, obra de Winterhalter, pintor fetiche de todos los que nos dedicamos al estudio de la historia de la moda. Sus retratos plasman con gran lujo de detalles, las calidades y texturas de los tejidos, joyas y demás complementos que lucía la aristocracia europea de mediados del siglo XIX. En este caso en concreto, podremos apreciar con toda nitidez el tafetán de seda del vestido, el velo de tul, y la estola de armiño.
Cuando pasamos a la sala de exposiciones temporales, comprobé que la "Obra Invitada" (hasta el día 9 de diciembre), era nada más y nada menos, que un espectacular retrato de la Emperatriz Eugenia de Montijo, obra de Winterhalter, pintor fetiche de todos los que nos dedicamos al estudio de la historia de la moda. Sus retratos plasman con gran lujo de detalles, las calidades y texturas de los tejidos, joyas y demás complementos que lucía la aristocracia europea de mediados del siglo XIX. En este caso en concreto, podremos apreciar con toda nitidez el tafetán de seda del vestido, el velo de tul, y la estola de armiño.
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| Franz Xavier Winterhalter. Eugenia de Montijo, 1862. Colección Fundación Casa de Alba |
Esta singular y exquisita obra, ha sido cedida por la Fundación Casa de Alba al Museo del Romanticismo, donde han tenido la maravillosa idea de exponerlo junto a dos prendas de encaje que pertenecieron a la emperatriz. Este hecho, nos demuestra que por fin, la moda ha adquirido carta de naturaleza propia, y que ocupa el lugar que se merece en los museos junto a obras de gran categoría.
La chaqueta y la mantilla son de Chantilly negro, encaje elaborado con hilos de seda y técnica de bolillos. Es originario de Francia, y estuvo muy de moda entre las aristócratas europeas durante los siglos XVIII y XIX.
La principal característica del Chantilly, reside en su color negro y en sus diseños de inspiración vegetal de gran realismo. Abundan las rocallas, guirnaldas, y flores de todo tipo dispuestas simétricamente por todo el encaje, cuyos bordes festoneados rematan armoniosamente el conjunto.
| Espalda |
| Detalle de la espalda |
El fondo es una malla en punto de tul, y los nutridos se rodean con una hebra de hilo más gruesa, para lograr un espectacular efecto de luces y sombras de gran belleza.
| Mantilla de Chantilly |
Además del retrato de la emperatriz, y de dos sus prendas personales, podréis disfrutar de
otros objetos relacionados con Eugenia de Montijo, como estampas y fotografías. Así, os haréis una imagen más completa de esta interesante mujer española, que fue en su día, musa de la moda y emperatriz de los franceses.
| Fotografías familiares que pertenecieron a la emperatriz |
Los que tengáis la suerte de poder visitar la exposición y el museo, no dejéis de hacerlo. Será como viajar al pasado, porque en el Museo del Romanticismo, el tiempo se detuvo hace dos siglos...


