Cuando acudimos a un museo importante, como por ejemplo el Museo del Prado en Madrid, y nos dirigimos a la galería de retratos de los miembros de la realeza española del siglo XVI, nos quedamos fascinados ante la ceremoniosa y arrogante etiqueta de esos personajes. Cuando España marcaba las pautas de la moda en toda Europa, los pintores de la corte plasmaban con todo lujo de detalles sus trajes a la española. Es entonces, cuando nos preguntamos quién, o quiénes, se encargaban de confeccionar a medida aquella fastuosa indumentaria. La respuesta es sencilla: los sastres.
El sastre. Giovanni Moroni. Ca. 1571
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| Tijeras de sastre. Siglo XVI |
En el siglo XVI había gremios de sastres instalados en la mayoría de las ciudades. En esta época, el oficio alcanzaría un florecimiento nunca visto antes, ya que la moda imperante tendía a comprimir el cuerpo, y ello requería de sastres hábiles y diestros en el arte de medir, cortar y componer guarniciones de cualquier género. Trazar todo tipo de patrones para hombre, mujer o niño. Dominar además, la geometría y la aritmética, y por supuesto, ser prudentes, pacientes y discretos para adaptarse a los gustos y caprichos de su exigente y acomodada clientela. Por todo ello, un sastre de gala cobraba buenos sueldos por su trabajo.
Cuando la Corte española se estableció en Madrid en 1561, numerosos sastres de otras zonas de España y también extranjeros, se desplazaron hasta allí para establecerse, y atender la gran demanda de trajes para los miembros de la realeza, los nobles, los cargos públicos, los miembros del clero, y los numerosos embajadores que se instalaron en la capital.
Entre aquellos sastres que residían en Madrid, destacó uno especialmente, llamado Juan de Alcega - hombre culto y descendiente de una casa ilustre de Guipúzcoa- autor del tratado sobre la técnica del oficio, titulado Libro de geometría práctica y traça, el qual trata de lo tocante al officio de sastre, publicado en Madrid en el año de 1580 y reeditado en 1588.
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| Cubierta del Tratado de Juan de Alcega. 1580 |
Este tratado, - uno de sus ejemplares se conserva en la Biblioteca Nacional- pionero en su género, debió de ser muy útil en todos los talleres de sastrería de la época.
Para la elaboración de todo tipo de prendas, Alcega trazó detallados patrones, explicando incluso cómo debían disponerse las distintas piezas sobre el tejido, para su mejor aprovechamiento a la hora de cortarlas. | Patrón de saya y sayuelo de seda para mujer... |
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| con manga de punta entera. |
| Patrón de Jubón de seda para mujer. |
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| A. Sánchez Coello. Infanta Isabel Clara Eugenia, 1579 |
La infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, viste un traje de dos piezas; sayuelo o cuerpo con mangas de puntas (abiertas y largas) y una saya o falda. Debajo de las mangas del sayuelo, se asoman las del jubón que va debajo.
Para concluir, queremos resaltar no sólo la figura de Juan de Alcega, cuyo legado se ha convertido en un documento fundamental para el análisis de la moda española de fines del siglo XVI. Sino también reivindicar el trabajo de todos aquellos sastres que trabajaron en la sombra, en un oficio a menudo despreciado socialmente, pero crucial en la historia del traje, ya que en nuestra opinión fueron de alguna manera, los precursores de la Alta Costura iniciada tres siglos más tarde.



















