lunes, 28 de noviembre de 2011

EL TOCADO À LA FONTANGE Y LA PEINETA ESPAÑOLA

Para empezar os voy a pedir que miréis con atención el siguiente video. Es un pequeño fragmento de la película "Le roi danse", ambientada en la Francia de Luis XIV. Observad los tocados llamados a la Fontange que lleva la cantante y las tres damas sentadas junto al rey


¿A qué os recuerdan esos tocados?. Es mera coincidencia, o hay alguna relación entre el tocado a la Fontange y la peineta española?

Peineta española
Variantes del tocado francés "a la Fontange". Siglo XVII





La semejanza es tal, que nos lleva a preguntarnos si la forma de la peineta española, tal y como la entendemos ahora, con forma de teja, deriva del tocado a la Fontange, o si todo es producto de la casualidad. Curiosamente, disponemos de datos del origen del primero, pero el diseño de la peineta se pierde en el tiempo, y por tanto la puerta está abierta a las conjeturas.





Marie-Angélique de Scorailles, Duquesa de Fontanges (1661-1681)

El origen del tocado "à la Fontange", proviene de un suceso fortuito. En 1679, durante una jornada de caza en Fontainebleau, a la Duquesa de Fontanges, (en ese entonces amante y favorita del rey Luis XIV), se le enganchó a una rama uno de los lazos que sujetaban su hermosa cabellera.  Ante tal eventualidad, resolvió sujetar su pelo con una liga que amarró con una cinta a la parte superior de la cabeza. Fue tal el efecto, que pronto, las demás damas de la corte imitaron aquella forma de peinarse, añadiéndole una cofia de encaje y un armazón de alambre para que quedara sujeto sin perder verticalidad.




Pese a la oposición de Luis XIV, a quien no gustaba nada, el tocado a la Fontange pervivió en Francia entre 1679 y 1701 aproximadamente. Durante esos años sufrió múltiples variaciones, aunque nunca perdió la verticalidad del modelo original. Hacia 1690, fue ganando en altura hasta alcanzar proporciones descomunales, a la vez que enmarcaba el rostro con blondas de encaje. Lógicamente, esta moda no se circunscribió sólo a Francia, y pronto fue exportada a otros países europeos.




Izquierda
Detalle de una muñeca inglesa del año 1690. Bethnal Green Museum, Londres.

Derecha
Largillière. James Stuart y su hermana Louisa Maria Theresa, 1695. National Portrait Gallery, Londres. 









Cuando llegó a España, las españolas prefirieron llevarlo de un tamaño algo más reducido, y le cambiaron el nombre, para llamarlo "tocado al almirante". Así lo confirma la investigadora Maribel Bandrés Oto en su libro La moda en la pintura: Velázquez. Usos y costumbres del siglo XVII. Bandrés además explica que  la reina de Francia, en ese entonces, la española María Teresa  (hija de Felipe IV), adoptó las modas francesas, incluyendo el tocado a la Fontange, pero sin abandonar nunca la mantilla española. Ello me llevó a preguntarme si tal vez ella fuera la primera en establecer un maridaje entre ambas piezas.

La combinación de tocado y manto o velo, no era nueva en la moda española, ya que según afirma la historiadora Rocío Plaza Orellana en su libro Historia de la moda en España, el origen de la peineta y la mantilla ha quedado oculto en el tiempo, apuntando la teoría de que las peinetas o peinas pudieran tener su origen en antiguos pueblos del Mediterráneo, aunque tampoco ha podido comprobarse. No obstante, Plaza Orellana confirma el hecho de que a lo largo del siglo XVIII, en España destacan las peinetas y peinecillos colocados verticalmente en la cabeza con una ligera inclinación hacia delante, con la finalidad de realzar velos o mantillas, llevándose también solas y ladeadas sobre el moño.

La bailarina Dolores Serral. Litografía de Celestin Biard. Ca. 1835


Todos estos datos me llevan a pensar, que quizás, el tocado a la Fontange llegó a España para "resucitar" una pieza que habría quedado olvidada en el tiempo: la peina, aunque aportándole una nueva estética vertical, que se mantuvo latente durante todo el siglo XVIII, y cuyo auge vendría de la mano del siglo XIX, cuando las relanzaran las modas románticas, añadiéndoles flores y sustituyendo los encajes originales del siglo XVII por la rigidez del carey, que con su delicada filigrana, imitaba el dibujo de aquellos sin necesidad de emplear armazones de alambre, como hicieran las francesas dos siglos atrás.
 

Peineta y mantilla española. Versión de J. Galliano para Dior. 2007

Finalmente, la peineta vertical, sola o unida a la mantilla, se convirtió en uno de los iconos del estilo más castizo español y sería paradójico suponer que en ello intervino un elemento proveniente de París...


En cualquier caso, ésta es sólo una teoría, pero ha sido interesante pensar que al fin y al cabo, las modas son siempre reincidentes e interpretativas, y que cada pueblo las amolda y adopta según su visión. Tal vez sean meras conjeturas, pero lo cierto es que las coincidencias en forma y estilo son más que evidentes...
¿Qué opináis?












lunes, 21 de noviembre de 2011

LAS REVISTAS DE 1912 (II)

Continúo esta semana con las revistas chilenas de 1912, pues tienen tanto material curioso, que es imposible reducirlo a un sólo post. Para esta ocasión elegí mostraros algunos consejos de belleza, una nota sobre decoración, y otras de moda y costumbres que llamaron mi atención. 






MODAS Y COSTUMBRES
   A pesar de las múltiples exigencias de la vida mundana, las elegantes encuentran tiempo de ser mujeres de hogar y llevar a él, en las horas de dulce descanso, sus elegancias y su cosmopolitismo.
   La recepción y los tées aportan un nuevo elemento para encarecer las elegancias de los trajes de recibir. Casi todas las damas tienen un día o dos para recibir a sus amigas y lucir la negligée que las hace más encantadoras.
   El peinador no es bastante elegante para responder a las exigencias de la coquetería; se le reserva sólo como salto de cama. El kimono se indica también para esto en color vivo o en crespón con dibujos japoneses, de un efecto encantador.
   Los trajes de estilo tienen siempre su dominio en el salón y se hacen deliciosos con encajes y gasas sobre fondos de seda.
   Las deshabillées de lencería serán las más adoptadas por las elegantes adornándolas con encajes de Valenciennes, Venecia o de Irlanda, sobre fondo de muselina de color claro.
   
Los periódicos ingleses siguen dando buena cuenta de las excentricidades de la moda yankee. Una dama norteamericana ha llevado a la Ópera de Nueva York como abrigo, una auténtica piel de tigre, forrada de brocado amarillo y cuya cabeza formaba el capuchón, cubierto por un velo de Venecia. Sobre todo, es de admirar el vigor de la dama que soporta el abrigo de tal peso, compitiendo con Hércules, que no se creía capaz de soportar sin fatiga el abrigo de una piel de león. !Y aún nos seguirán llamando el sexo débil!


LO QUE GASTA UNA MUJER
La famosa actriz francesa Mlle. Cecilia Sorel es la mujer más elegante de su país. Recientemente se ha hecho público que aspira a su mano un caballero de la más alta aristocracia inglesa. Así lo ha declarado ella misma a un redactor de un periódico de París a quien hizo las siguientes confesiones:
- No está bien que yo misma proclame que soy árbitro de la elegancia femenina. Lo que sí puedo asegurar es que no puede aspirar a ese puesto la mujer que no gaste todos los años en su "toilette" menos de 150.000 francos. Mlle. Sorel ha dicho que su presupuesto para ropa interior y exterior y otros artículos de tocador y el adorno de su persona asciende a 250.000 francos.
   !Y pensar que con esa renta podrían vivir muchas feas!



LA JORNADA DE UNA BELLEZA
Todas las mujeres están dispuestas a sufrir con tal de parecer guapas. El valor no les falta, pero la empresa es complicadísima, si hemos de creer a una de las bellezas francesas más entendidas en el asunto, que ha incurrido en la indiscreción de entregar sus secretos a la curiosidad pública.
 Al despertarse, la dama debe amasarse la nariz y aplicarle unas compresas de algodón empapado en agua de rosas. Luego, tiene que darse un baño de agua salada caliente seguido de una fricción con alcohol. A continuación marcha acelerada de ocho kilómetros. Nada de desayuno. En las demás comidas, supresión de la leche, del azúcar, las mantecas, pastas, chocolate, patatas, judías, guisantes, carne de cerdo ni demás carnes grasas.
Antes de acostarse, baño caliente y masaje al coldcream del rostro, que debe permanecer toda la noche envuelto en un paño, y si se teme la papada, debe dormirse con la cabeza abajo.
Mediante estas ligeras precauciones, estrictamente observadas, se desafían los ultrajes del tiempo.
   Falta saber si la existencia reglamentada de este modo resulta una carga pesada y si valdría más vivir fea pero libre, que sometida a semejante esclavitud.
     



EL ARTE DE LOS COJINES EN EL HOGAR
Entre los adornos suplementarios y útiles, y de los que más nos gusta rodearnos, son los cojines. Ante todo, nos son de gran utilidad, mientras recostadas en nuestra chaise-longue leemos o pensamos, vienen de todos lados para sostenernos dulcemente. (...) Cojines rellenos se colocan en nuestros respaldos, mientras que los estrechos y largos se colocan en nuestros pies solicitando las caricias del raso y los tacones Luis XV.




LOS PERFUMES
Los perfumes están ahora más de moda que nunca, y las elegantes tienen su perfume propio que usan en toda su ropa. Mis lectoras deberán tener mucho cuidado de usar perfumes muy finos, pues los ordinarios son detestables y en lugar de ser agradables, son a veces repugnantes. Aconsejo a quien no pueda pagarse perfumes caros, que más bien se prive de ellos y adopte una buena agua de colonia que tiene un olor fresco e higiénico.
LAS JOYAS
Muchísimo se llevan las alhajas de esmalte con platino. También las de acero con piedras de color, que en realidad son finas, pero de un precio inferior. Las reúnen en distancias iguales para formar cadenas de plata, oro o platino. La moda de las cadenas no pasa ni pasará tampoco durante muchos años, pues es una alhaja muy útil tanto para la buena ama de casa como para la coqueta. La primera cuelga de ahí sus llaves, su pañuelo, sus anteojos, si es que los usa, y la segunda su bolsita de oro, su impertinente, cajita de polvos etc...





IDEAS PARA AYUDAR AL NOVIO A ESCOGER REGALOS PARA SUS AMIGOS O VICEVERSA
Caja de cigarros y fosforera de plata y  prende-fuego de oro. Todas muy finas y de formas elegantes.
Frasco para licor de cristal, puesto sobre una copa de plata con adornos y tapa del msmo metal.
Caja para cigarrillos de plata listada con oro.
Bastones de madera muy fina con puños de oro.
Estuche de viaje de gamuza amarilla que contiene dos escobillas de pelo, una de dientes, caja para jabón y polvos de dientes.
Tres prendedores de corbata de formas y monturas nuevas; dos son de zafiros y dos perlas, montados sobre platino con pequeños diamantes incrustados.
Botones de concha de perla con un disco de platino en el centro.
Una cadena que hace un bonito efecto. Es de eslabones de oro con platino.



Analizando los contenidos, llegué a la conclusión de que las revistas de hace 100 años se asemejan mucho a las de hoy, y aunque formalmente existen  divergencias, conceptualmente son casi idénticas.
Las diferencias estriban básicamente en la forma de describir las cosas, ya que antes no se tenía tan en cuenta lo "políticamente correcto". También se nota en las normas del protocolo social, (antes mucho más rígidas) y en algunos consejos sobre salud, nutrición y belleza que ahora nos hacen sonreír. Sin embargo, hay elementos sorprendentemente "modernos", como la sugerencia a las lectoras de la realización de una rinoplastia para mejorar el aspecto de la nariz, o los consejos para blanquear los dientes. Incluso notas culturales, como las críticas literarias o los libros recomendados, que incluyen a célebres escritores franceses, o alemanes como Goethe. 

Con todo ésto quiero indicar, que a pesar de las limitaciones propias de la época, y aunque nos parezca frívolo, las mujeres de posición desahogada de 1912, tenían inquietudes análogas a las de las mujeres de la alta sociedad de hoy: las relaciones sociales, la última moda de París, la decoración del hogar, la salud, la belleza,  y el "glamour" como una actitud ante la vida.








lunes, 14 de noviembre de 2011

LAS REVISTAS DE 1912 (I)

Falta poco más de un mes para que comience 2012. Pensar en ello me hizo recordar un regalo que una persona muy querida para mí me trajo a su regreso de un viaje a Santiago de Chile. Como sabía de mi pasión por la moda histórica, me compró unas revistas de 1912 en un mercadillo de antigüedades.

Portada. Año III. Nº 29. Mayo 1912
 
Eran varios ejemplares de la revista "Familia", publicación destinada a la mujer de la burguesía chilena. Yo conocía bien la moda europea de ese momento, sin embargo ignoraba la que se seguía en Sudamérica a principios del siglo XX. Aunque suponía que debía tener influencias europeas, (sobre todo francesas) y norteamericanas, no había tenido la oportunidad de comprobarlo. Aquella fue una ocasión magnífica para conocerla con documentos gráficos y textos de la época, donde las lectoras encontraban recetas de cocina, remedios para adelgazar, tendencias de moda francesa con lo último en complementos, alguna nota de sociedad y consejos de belleza.
A continuación os muestro algunas imágenes con la transcripción literal de los comentarios.

ECOS DE SOCIEDAD

Ultimamente tuvo lugar en la Iglesia de San Pedro, Eaton Square, en Inglaterra, el matrimonio de Lady Eileen Butler, hija de los condes de Lanesborough, con el marqués de Stafford, hijo de los duques de Sutherland. La novia ostenta un regio vestido de brocado recamado de plata y oro y un magnífico velo de encaje de Bruselas. Lady Eileen cuenta 21 años y el marqués 24.






Traje de tarde, con forro de Liberty, verde muy claro,cubierto por dos túnicas de batista blanca plegada, con anchos encajes de Venecia. El corpiño es una lindura con una ancha cintura de encaje, rodeada por un sesgo de Liberty verde claro. Mangas de encaje, con un sesgo de raso. La parte interior es de gasa blanca. Gran ramo de rosas en la cintura.


 

Izquierda: Vestido de comida, de velo blanco sobre raso Liberty. Se compone de falda de dos túnicas ligeramente recogidas. La chaqueta tiene el frente como un escapulario de encaje y un lindo cinturón de plata con rosas.

Derecha: Traje de noche de raso "armure", color lila, bordado con hojas y flores de perlas y brillantes. Gran choux en la cintura de terciopelo negro.




Izquierda: Turbante de paño de oro. Modelo de Reboux, velado por tul ilusión negro. Aigrette negra.
Centro: Toca de tafetán verde adornado con rosas del mismo tono.
Derecha: El tam o shanter de los escoceses se reconocerá en esta sublime edición de paja amarilla con plumas del mismo color.



La moda, que ha aprisionado a las mujeres hasta el punto de impedirles andar fácilmente, que les ha proporcionado zapatos incómodos, pieles en el rigor del verano y vestidos de gasa y linón en invierno, parece que está a punto de tranformarse en higiénica. Las americanas son las que han dado el ejemplo y otras las han seguido. Ahora, algunas parisienses muy valientes han abandonado el sombrero y preconizan esta acción en nombre de la higiene. Esta imagen os muestra cómo realmente se pasean atrevidamente, sin sombrero, por las avenidas del Bosque.


Los señores perros han visto, estos últimos años, crearse una industria especial para ellos. Se les fabrican collares preciosos, capas, calzado y sombreros dignos de grandes coquetas. Reproducimos algunos objetos creados por esta nueva industria. ¿Debemos decir que es un tanto ridículo el abusar así de las fantasías caninas? (...) Sólo los collares merecen ser tomados en consideración por las señoras de buen gusto y de cerebros equilibrados; lo demás lo dejaremos para las otras.



Siempre me ha llamado la atención lo bien informadas que estaban las mujeres de entonces en materia de tejidos, contando con descripciones ricas en detalles y términos en francés. Otro elemento curioso es el espíritu crítico y la ironía que emplean los redactores a la hora de analizar algunos aspectos de la moda. En próximas publicaciones os iré contando más cosas interesantes que me he encontrado en estas revistas.

Este post lo dedico especialmente a esa persona que me obsequió las revistas. También a las muchas lectoras sudamericanas que siguen mi blog...





lunes, 7 de noviembre de 2011

LA IMPORTANCIA DE LOS BORDADOS EN EUROPA

Hoy he querido hablaros del bordado antiguo. Ornamentación que a menudo encontramos enriqueciendo vestidos, complementos, o paramentos litúrgicos expuestos en los museos. Normalmente los observamos con gran deleite estético, pero ignoramos el trabajo largo y laborioso que conllevaba realizarlos.

Primero quisiera definir el concepto "bordado", como el arte de aplicar mediante hilo y aguja, una ornamentación adicional añadida a la superficie de un tejido.
  
Algunos autores afirman que el bordado se originó en el Lejano Oriente. Otros, por el contrario, creen que la técnica surgió de forma simultánea en varias de las culturas más tempranas. Respecto a Europa, se sabe que en la Edad de Bronce, concretamente en Dinamarca, se ornamentaban prendas de vestir con labores de aguja. 
Durante la Edad Media, se producirá el verdadero auge del bordado, cuando empieza a ser tan valorado como los manuscritos iluminados, las joyas, o la orfebrería. Las prendas de carácter áulico, aristocrático y litúrgico que presentaban bordados, eran consideradas un símbolo de estatus social, riqueza y poder. Lo que equivaldría a llevar hoy en día una prenda de lujo de cualquier marca elitista. 


Bocamanga perteneciente a una dalmática de seda púrpura. Bordada en el siglo XII en los talleres reales de Roger II de Sicilia. Decorada con pequeños cilindros de oro que rellenan los espacios formados por los aljófares, contiene además, grandes esmaltes coloreados con las insignias del Sacro Imperio Romano.
  

Bolsa limosnera bordada perteneciente a alguna dama noble. París. Ca. 1340. De lino bordado en seda, con fondo de hilos de oro. La iconografía de carácter cortesano, representa a dos amantes.

Además de los talleres gremiales de bordadores, resulta particularmente interesante el trabajo de las mujeres durante la Edad Media. El arte del bordado se extendía por todos los estratos sociales, aunque con diferentes motivaciones. Las reinas y nobles en los gineceos bordaban por placer, las monjas en los conventos bordaban para la Iglesia, y las mujeres del pueblo llano bordaban para sus familias, o para los encargos por los que percibían un salario. Como ejemplo, cabe citar un frontal de altar destinado a la abadía de Westminster, en el que trabajaron cuatro mujeres durante tres años y nueve meses, cobrando por él 36 libras.



La Mitra de Minden. Ca. 1400. Otro bello ejemplo de bordado erudito destinado a una prenda litúrgica. De seda bordada con hilos de oro, láminas de plata sobredorada, y aljófares. Su iconografía nos muestra por un lado la Anunciación, y por el otro la Virgen entronizada. Nos podemos imaginar el espectacular efecto de los brillos del metal de esta mitra, a la luz de las velas mientras el obispo presidía la misa...




Los bordados no sólo se destinaban a los ornamentos litúrgicos. También  decoraban los trajes de los nobles, e incluso los manteles, como éste del siglo XVI-XVII, que se destinó a vestir la mesa de algún palacio italiano. Con un refinado diseño de bordado matizado en sedas, muestra diferentes tipos de flores, frutas, insectos, animales y una sirena de doble cola como motivo central. El preciosismo y los detalles adoptan carta de naturaleza.

Fotografía: Richard Davis

Detalle de una chaqueta femenina de lino, bordada con seda, hilo de plata dorada y lentejuelas. Ca. 1620. En el siglo XVII, las mujeres inglesas solían llevar prendas delicadamente bordadas como parte del atuendo de gala. El diseño representa motivos vegetales basados en los ingenuos bordados domésticos del siglo XVI. Los puntos empleados son muy variados; punto de cadeneta, al matiz, y nudos diversos.


Fotografía: Richard Davis

Ejemplo de bordado aristocrático destinado a manifestar el poder y el prestigio social en alguna recepción cortesana, ya que está realizado sobre un vestido de Corte de 1740-45. Ejecutado por manos profesionales, con hilos de plata que destacan sobre un gros de seda en color rojo. El diseño central es un "Árbol de la Vida" con claras influencias del rococó francés. Realzado con canutillos, lentejuelas, cintas y cordoncillos.



Fotografía: Taishi Hirokawa.
Colección KCI



Por último, quiero cerrar este capítulo con los bordados en blanco que tan de moda se pusieron a principios del siglo XIX, cuando por influencias del neoclasicismo se rompe con todo el artificio del siglo anterior. Se buscan formas y lineas puras, con sencillos vestidos blancos de muselina semitransparente, a menudo bordados del mismo color con motivos inspirados en la naturaleza.
Delicadas florecillas decoraban el busto y el bajo de los vestidos, empleando las mismas técnicas que se habían usado hasta entonces para las ropas litúrgicas de lino, y en los ajuares domésticos.




























Bibliografía:
Fukai, Akiko/Koga Reiko: Moda. La Colección de Instituto de la Indumentaria de Kioto. Taschen. Madrid, sf
Staniland, Kay: Embroideres. British Museum Press. London, 1991







lunes, 31 de octubre de 2011

LA CARA MÁS OCULTA DE LA HISTORIA DE LA MODA

A menudo relacionamos la Historia de la Moda, con el simple análisis de los aspectos estéticos y sociales que rodearon a una determinada prenda antigua; su forma, su color, quién la usó y en qué circunstancias. Pero es sólo una parte. Para conocer realmente la historia de una prenda, es importante analizar con detenimiento muchos más elementos que a menudo quedan ocultos, y que nos descubren aspectos fascinantes.

A modo de ejemplo, os propongo conocer una pequeña muestra del estudio de una pieza del siglo XVIII, aunque el análisis completo abarca muchos más aspectos,  creo que ilustra en gran medida lo que quiero decir.



IDENTIFICACIÓN DE LA OBRA
CODIGO: MAS/0193
PIEZA: Peto femenino estilo Rococó.
Nº DE INVENTARIO: 5. 193.1
SALA: Nº 5
MUSEO: Museo de Arte Sacro. La Orotava. Tenerife
CRONOLOGÍA: Siglo XVIII.  Ca. 1750.
ORIGEN: ¿Valencia?
AUTOR: Desconocido.
PROCEDENCIA: Donación particular.



FICHA TÉCNICA
DIMENSIONES: 36 X 27 cm
TEJIDO: Gros de Tours liseré brochado con decoración de flores y hojas espolinadas.
COMPOSICIÓN: Seda y encajes de hilo de plata.
COLOR: Amarillo de fondo. Flores rosa y blanco. Hojas en verde.
COMPLEMENTOS DECORATIVOS: Encaje torchón de plata modelo abanico. Galón de plata de bordes festoneados. Encaje estrecho de plata con decoración de conchas desdibujadas. Todos ellos pertenecientes a los denominados "Puntos de España".
BORDADOS: Bordados de aplicación con formas ondulantes, con relleno de algodón en rama y lino para drles mayor relieve. Técnica de hilos tendidos de plata y decoración de encaje de plata en bordes. Pequeñas flores decorativas a base de laminillas de plata arrolladas sobre estrechas láminas de cartón.
REVERSO: Forro original en tafetán de seda color crudo.


Diseño plano


Detalle encaje torchón de plata
Detalle galón de plata
Detalle laminillas de plata  arrolladas sobre cartón formando flores


Detalle frontal
CONTEXTO HISTÓRICO: 
La prenda histórica es un Peto o Petillo femenino. Este tipo de piezas fueron habituales en el vestuario femenino desde el siglo XVI hasta el XVIII. Consiste en un trozo de tejido con forma de "V" que se ciñe al busto y estómago.
Durante el siglo XVIII, en el periodo Rococó, los petos se usaron como complemento de los vestidos "a la francesa", que tenían forma de bata abierta por delante y se cerraban a la altura de la cintura, dejando ver en la parte superior el peto, y debajo una falda interior.
Normalmente eran piezas decorativas que se prestaban a todo tipo de ornamentación; bordados, galones, lazos de tamaño escalonado llamados échelle, encaje, pedrería o incluso joyas en los más lujosos. Normalmente se cosían o se sujetaban mediante alfileres cada día, por lo que vestirlos y desvestirlos era tarea lenta y requería que la dama contase con la ayuda de dos doncellas.


Detalle bordados de aplicación

OBSERVACIONES: 
El peto analizado proviene de una donación particular realizada a la Iglesia.  La donante fue una ilustre dama de La Orotava perteneciente a la aristocracia isleña. 
En el pasado era muy común que damas devotas de la nobleza y la burguesía, donasen joyas, tejidos e indumentaria de su vestuario personal, para la elaboración de ornamentos litúrgicos, o para vestir imágenes sagradas. Gracias a estas donaciones conservadas podemos estudiar tejidos que se emplearon en los siglos XVIII y XIX principalmente.









domingo, 23 de octubre de 2011

LAS CHINELAS DE SEDA.

Siempre me ha fascinado la belleza de los zapatos que calzaban las mujeres de la nobleza, y alta burguesía europea del siglo XVIII. Cuando los observo con atención, me parecen tan increíblemente frágiles y pequeños, que me cuesta creer que alguna una mujer se los puso y caminó con ellos. 

En aquella época coexistieron dos tipos de calzado; el zapato de ceremonia y las chinelas...


Chinelas de seda. Ca.1780. Palacio Mocenigo. Venecia.
 Las chinelas eran las zapatillas de "andar por casa". De piel de cabritilla forrada con seda, tacón de madera, sin talón, y abiertas por detrás. Se llevaban con  medias de punto de seda, y siempre se adornaban con algún detalle decorativo.


François Boucher. La toilette, 1740. Colección Thyssen-Bornemisza. Madrid

Hay algo que hace que este delicado y aparentemente "informal" calzado resulte tan singular e interesante. El origen se encuentra en la forma de vida de las mujeres de entonces. Salían poco de sus hogares. Su mundo era el boudoir, zona privada  de la casa donde calzadas con sus chinelas pasaban la mayor parte del día. Primero realizando su  toilette matinal. Más tarde recibiendo a la modista, al sombrerero, al peluquero o a los proveedores de tejidos y encajes. 

 
Detalle de las chinelas de Mme. Pompadour
Por las tardes, atendían a sus amistades en un salón semiprivado anexo al boudoir. Allí  organizaban pequeñas reuniones informales, donde en un clima relajado y en torno al café o el té, se intercambiaban confidencias o se charlaba sobre todo tipo de temas de la actualidad social y cultural. Para las mujeres de la alta sociedad aquel era su ámbito de poder, su espacio de emancipación femenina, donde se mostraban elegantemente ante los demás, ataviadas con vestidos de seda a la última moda y chinelas a juego.
  

Chinelas altas de inspiración turca. Ca. 1780. Francia

Durante el periodo rococó, los trajes y el calzado se volvieron más refinados. Los tacones Luis XV se pusieron de moda. Tanto los modelos de ceremonia como las chinelas adoptaron este tipo de tacón que se fabricaba en diferentes alturas.


Chinelas de piel de cabritilla. Ca. 1770. Museo Bally. Suiza.
En una ocasión, ante la recriminación que una dama francesa hizo a su zapatero, - pues sus chinelas de seda se habían roto el primer día que las usó -,  éste exclamó asombrado: !Pero madame, no se le habrá ocurrido caminar con ellas...!


Chinelas con tacón de 14 cm. Ca.1740. Museo Palacio Mocenigo. Venecia.
Todo esto nos lleva a pensar que el calzado doméstico era tan importante  como el que se usaba para asistir a un baile o al teatro, y su apariencia se cuidaba de igual manera. Incluso las chinelas de tacón alto eran igual de incómodas, ya que las puntas eran indistintas, sin tener en cuenta la forma anatómica de los pies, comprimiendo dolorosamente los dedos.



Chinelas de encaje y mica.Ca.1760. Colección Rocamora. Barcelona
Chinelas abarquilladas de inspiración turca.Ca.1770. Colección Rocamora. Barcelona

Había chinelas para todos los gustos, con tacón o casi planas. La decoración de las mismas se prestaba a todo tipo de fantasías; bordados, sedas brocadas, damasco, pasamanería, plumas, encaje, incluso piedras preciosas...


Curiosamente, el gusto por las chinelas no murió al finalizar el siglo XVIII, ya que durante el siglo XIX se siguieron empleando, aunque más sencillas y sólo como zapatillas para levantarse.
 

Chinelas barrocas con tacón Luis XV. 1995. Manolo Blahnik




Más tarde, el siglo XX las volvió a recuperar en diferentes momentos, como hizo Manolo Blahnik en los años 90, cuando diseñó una chinelas de fiesta en piel dorada de clara inspiración dieciochesca. 


 



Quizás esta joven japonesa del siglo XXI, vestida al estilo manga desconozca la historia de las afiladas chinelas con tacón que lleva, y no sepa que las mujeres elegantes de Europa las usaron hace tres siglos....


lunes, 17 de octubre de 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CHALES DE CACHEMIRA

En los albores del siglo XIX, el cuerpo femenino volvió a recobrar  la libertad perdida varios siglos atrás. Las mujeres elegantes de París, se paseaban por las calles con ligerísimos vestidos blancos de muselina que parecían camisones, con grandes escotes y mangas cortas que dejaban los brazos desnudos. 
Los cambios políticos que se produjeron en Francia durante los últimos años del siglo XVIII, propiciaron el nacimiento de una nueva forma de entender la moda, dando paso a un ideal estético de claras influencias greco-romanas.



Ingres. "Marie François Rivière", 1806

Aquella nueva y ligera vestimenta, era magnífica para los días de verano, pero poco práctica en invierno. Fue entonces cuando aparecieron aquellos maravillosos chales de Cachemira importados del noroeste de la India. Eran el complemento ideal. Tejidos con lana de una calidad inusitada, desconocida hasta entonces. No sólo eran hermosos, también eran ligeros, cálidos, elegantes y muy caros.


Gros. "Retrato de la Emperatriz Josefina", 1808

Algunos autores afirman que los primeros fueron introducidos en Europa por Napoleón Bonaparte en 1799, a su regreso de la campaña egipcia. Sin embargo, lo cierto es que los primeros chales llegaron en 1760 a Inglaterra procedentes de la India, importados por la "Compañía del Este de la India". Y desde allí, la moda se extendió a Francia y al resto de Europa.
A la emperatriz Josefina le gustaban tanto, que en los inventarios de su guardarropa aparecieron registrados más de 200 chales de Cachemira.


David. "Condesa de Daru", 1810

Aquel complemento pronto se convirtió en un signo de distinción y buen gusto. En multitud de retratos de damas de la época, aparecen magníficamente ataviadas con sus elegantes vestidos, donde las únicas notas de color proceden de las joyas, alguna cinta bajo el pecho y por supuesto, un chal de cachemira que se desliza de forma distraida...

Ingres. "Mme. Jacques-Louis Leblanc", 1823


Era tal la demanda, que  pronto los comerciantes ingleses y franceses se propusieron fabricar imitaciones, llegando a dominar el mercado europeo. Los chales de seda fabricados en Lyon, fueron los más demandados por las francesas, por su gran calidad y exquisito colorido. Allí tejían primero la parte lisa, a la que luego añadían bandas tejidas aparte con seda y lana de colores.



Libro de muestras de bandas tejidas para chales. Lyon, 1810-1830


A medida que pasaban los años, la paleta de colores se fue ampliando con diseños de mayor complejidad, llegando a combinar dibujos genuinos de la India con motivos europeos.



Detalle de un chal de Paisley
K.J. Stieler. "Amalie von Schintling" 1831




















A principios del siglo XIX, Paisley, localidad escocesa famosa por sus tejidos de estambre, comenzó a fabricar imitaciones de los chales de cachemira originales. Reinterpretando su forma y sus motivos ornamentales, pero manteniendo su decoración abigarrada y concentrada en los extremos. Esta vez sobre fondos rojos y marrones. Con el tiempo, esos chales pasaron a llamarse simplemente "Paisley".


Théodore Chassériau. "Las hermanas del artista", 1843

Tras una década en la que permanecieron un tanto olvidados, teniendo que competir con otro tipo de chales de muselina, percal o encaje, volvieron a resurgir en los años 40, pero esta vez como echarpes, adoptando formas rectangulares o cuadradas con fondos en diversos colores, favorecidos por los nuevos tintes a base de anilina.


Federico de Madrazo y Kuntz: Saturnina Canaleta, 1856
Museo del Prado, Madrid


(detalle)


Alfred Stevens. Le Bouquet, 1857


A partir de los años 50 y hasta los 60 del siglo XIX, su forma se amplió para que pudiera cubrir y caer sobre las enormes faldas ahuecadas por los miriñaques. Esta vez, los diseñadores occidentales copiaron los motivos tradicionales indios, para estamparlos sobre tejidos de algodón que luego se empleaban en la confección de faldas, pañuelos, echarpes e incluso enaguas.

Hacia los años 70 del siglo XIX fueron desterrados por completo. Con la llegada del polisón ya no resultaban prácticos. 

En los años 80 del siglo XX la moda los volvió a recuperar, y tal vez en el futuro vuelvan, aunque ya nunca serán como aquellos que un día lució la emperatriz Josefina...