martes, 10 de enero de 2012

LE BOTTIER

En la Europa del último cuarto del siglo XIX, las damas elegantes que seguían la moda, se ponían un tipo de botina bordada para asistir a las representaciones operísticas. Eran las llamadas popularmente "botas de ópera",


Botas de ópera. Ca. 1880
Las "botas de ópera" era muy caras y exquisitas, confeccionadas y bordadas a mano por los "bottiers", zapateros cualificados que se encargaban de diseñar el calzado apropiado para complementar los lujosos trajes de los grandes creadores de la época, como Charles Frederick Worth o Lady Duff Gordon.

Bota de ópera. Ca. 1875
El bottier estaba especializado en la elaboración de calzado a medida, es decir, "calzado de Alta Costura", ya que únicamente trabajaba por encargo para clientas de alto poder adquisitivo.

Botas de ópera. Ca. 1880
Según la tela y color del vestido, el bottier diseñaba el modelo de zapato o  botina adecuado. Eran delicados y laboriosos modelos, cuyos bordados reproducían exquisitos modelos florales inspirados en el arte rococó.
 
Botas de ópera. Ca. 1890

Los materiales más empleados eran la seda, terciopelo, raso e hilos metálicos. Con puntera redondeada y tacón de estilo Luis XV, las "botas de ópera" se ataban mediante cordones para estilizar el tobillo. Cada modelo era una obra de arte única. Ningún par era exactamente igual a otro, ya que se creaban especialmente para cada clienta. 

Fue tal la relevancia y el reconocimento social que adquirió el trabajo de los bottiers, que dejaron de ser considerados meros artesanos para elevarse y alcanzar la categoría de "creadores". A partir de entonces, dejaron sus firmas en el interior de los zapatos para ser recordados como artistas con nombre propio.





* Dedicado especialmente a Ingrid







lunes, 2 de enero de 2012

DETALLES DE MODA: EL AGUJÓN O RASCAMOÑOS


Este primer post de 2012, he querido dedicarlo a otro de los detalles ligados a la vida cotidiana de las mujeres. Se trata de un pequeño complemento habitual en  la moda de la segunda mitad del siglo XVIII, el cual tiene relación directa con los elevados peinados, las pelucas y los hábitos de higiene de la época. Se trata del agujón, o también llamado popularmente rascamoños.  

 Los agujones, como su nombre indica, eran agujas gruesas que se remataban con joyas en forma de insectos, flores, plumas etc. En la imagen os muestro un agujón de pedrería, que perteneció a la Duquesa de Warthon, quien lo solía llevar prendido en el pelo sujetando un copete de plumas.


 


El empleo del agujón o rascamoños va ligado a las modas francesas, que a lo largo del siglo XVIII, también marcaron la pauta del peinado al resto de Europa.  A partir de 1750, tras un primer periodo en el que el estilo imponía un tocado bajo, pegado a la cabeza, comenzó una evolución progresiva hacia volúmenes verticales. Los peinados femeninos se levantaron por delante como un inmenso tupé, dejando caer por detrás cascadas de tirabuzones. En la parte superior, para ampliar su altura y vistosidad, se coronaban con grandes penachos de plumas, flores, encajes y sartas de perlas que precisaban de agujones  para sujetarlos al cabello.



Retrato de María Antonieta donde luce un agujón de diamantes dispuestos en forma radial con una perla al centro.

A partir de 1770, la altura de los peinados era tal, que las mujeres comenzaron a emplear inmensas pelucas confeccionadas con cabello humano o crin de caballo. Como peinarlas y darles forma era una tarea lenta y laboriosa, los peluqueros necesitaban varias horas para montar la estructura mediante rellenos, alambres y postizos. Luego les untaban pomada para darles consistencia, las empolvaban diariamente con almidón de arroz o patata, y finalmente añadían los adornos a juego con el vestido.


Lendrera doble de marfíl. S. XVIII


Las señoras más adineradas podían contar con el servicio diario de un peluquero personal  y cambiar de peluca cada semana. Sin embargo, las menos favorecidas debían mantenerlas al menos durante un mes, retocándolas muy poco para que no se desmoronasen. Esta circunstancia, unida a la escasa higiene imperante, contribuyó a que las pelucas fueran un nido de piojos y liendres, obligando a las damas a portar con ellas de forma habitual, un tipo de peina llamada lendrera, circunstancia que nos vendría a explicar porqué los agujones eran llamados popularmente, y con razón,  rascamoños...












lunes, 26 de diciembre de 2011

LOS TEJIDOS DE LANA

Jersey de lana (Género de punto)
Estamos en Diciembre, y el clima nos obliga a sacar del armario nuestras prendas de abrigo, así que aprovecho esta circunstancia, para contaros algunos aspectos de esa interesante fibra de origen animal, que nos brinda la naturaleza, llamada LANA. Siempre presente en nuestros inviernos, e incluso en nuestros veranos en forma de "lana fría". La lana, junto a la seda, está considerada hoy en día como un artículo de lujo. Esto lo saben los grandes diseñadores, que continúan empleándola en sus colecciones de invierno.





Históricamente, la lana fue una de las primeras fibras que el hombre transformó en hilo y luego en tejido para cubrirse. Las fibras de la lana poseen una combinación de propiedades absolutamente inimitables por las fibras artificiales, como es la capacidad de absorber hasta un tercio de su propio peso de humedad sin deteriorarse. Además, nos proporcionan un calor agradable cuando hace frío, debido a su elevada capacidad de aislamiento térmico.  A todo ello, debemos añadir su extraordinaria suavidad, elasticidad y resistencia a las arrugas.

Falda de Tweed
Hasta hace poco tiempo, las prendas de lana se asociaban al encogimiento. Ello se producía por la capacidad que tienen las fibras de la lana de enfieltrarse. Por ello teníamos que ser muy cuidadosos a la hora de lavarlas. Este handicap está superado en la actualidad casi por completo, pues gracias a las investigaciones que llevó a cabo el IWS (Secretariado Internacional de la Lana), se resolvió químicamente el problema. De manera que podemos meter nuestras prendas de lana en la lavadora, en el programa adecuado para ello.

Después de contaros algunas de las excelencias de la lana, os mostraré como ejemplo varios de los tejidos clásicos que se realizan con ella. Debajo de cada uno, la correspondiente macrofotografía del mismo, para que podáis apreciar mejor su textura.
TEJIDO DE CARDA

Podemos apreciar que está realizado con fibras de lana cortas y largas mezcladas, dando lugar a un hilado grueso de aspecto rústico ideal para tejidos como el Shetland, Tweed o Cheviot.

ESPIGA DE LANA

Se denomina Espiga a los tejidos cuya base es una sarga que forma un dibujo de líneas oblícuas y escalonadas. Cuando el tejido de espiga se realiza con lana, como en este caso, es adecuado para trajes y abrigos.

CHEVIOT
  
El Cheviot es un tejido de lana procedente de una raza de ovejas de las montañas escocesas. Este tejido, cuya base es la sarga, suele combinar hilados de fibras finas con otros más gruesos como los de carda. Constituye uno de los tejidos ingleses más típicos, y se emplea en trajes de sport, blazers y abrigos.


OJO DE PERDIZ

Tejido realizado con lana de estambre cuya estructura tiene como objeto el conseguir ese efecto óptico gracias a la superposición alternada de hilos de lana de dos colores. Es otro clásico de la sastrería y modistería.

 
Blazer confeccionado con tejido de Estambre de lana, realizado con las fibras más finas y largas de la lana merina, consiguiendo así un tejido ligero, elegante y de gran calidad. La lana merina se obtiene de una raza de ovejas de origen español, consideradas a nivel mundial como las productoras de la lana de mejor calidad, ya que es extraordinariamente fina y muy suave. Por ello, los tejidos fabricados con lana merina deben llevar en el etiquetado el término Lamb´s wool.

Ovejas de raza merina
Por último, sólo quiero añadir que, para ser estrictos, el término "lana" sólo debe ser aplicable a los tejidos confeccionados con lana de oveja. La de otros animales se denomina simplemente "pelo".

Las tres fotografías de modelos de prendas de lana corresponden a la colección Otoño-Invierno 2011-2012 de Burberry.

domingo, 18 de diciembre de 2011

EL ESTILO DIETRICH

Se ha escrito mucho sobre la figura de Marlene Dietrich; sus películas, biografía, incluso sobre sus ideas políticas. Hemos visto multitud de fotografías suyas donde aparece con sofisticados trajes de noche, envuelta en ese halo frío y distante de las divas de Hollywood.
Personalmente, me gustan mucho las imágenes de ella donde aparece vestida de hombre, con ese estilo ambiguo tan interesante, manteniendo a la vez el arquetipo de mujer enigmática e inalcanzable que le dio fama.  Ello me llevó a buscar datos sobre ese estilismo tan personal que creó Marlene, y que llamaré "estilo Dietrich"...

Marlene Dietrich, 1932.
Cuando a principios de los años 30, Marlene Dietrich desembarcó en los EE UU procedente de Alemania, lo hizo vestida con un traje sastre masculino de color blanco, compuesto de chaqueta con hombros muy marcados, y pantalón de pinzas y corte recto, perfectos para sus largas y estilizadas piernas. Lógicamente, con aquella indumentaria no pasó desapercibida (era lo que ella quería), ya que llegaba a Hollywood de la mano del director austríaco Josef Von Sternberg, y precedida por la fama alcanzada con su película "El ángel azul". Aunque en un principio este look escandalizó a las más conservadoras por considerarlo provocativo y excéntrico, poco a poco fue aceptado por las americanas, amantes de la comodidad. Aunque eso sí, su uso al principio se limitó a las horas de la mañana. Para la tarde y noche, aún se exigían faldas y vestidos.

Marlene con traje de espiguilla en color gris.
El "estilo Dietrich" incorporaba además, la corbata y los zapatos bajos estilo Oxford. En ocasiones, añadía una boina de paño (complemento que puso de moda en  1929 su gran rival Greta Garbo). La unión de traje y boina daban al conjunto un aire francés entre bohemio e intelectual.


Por supuesto, Marlene también contribuyó a afianzar la moda del sombrero masculino, llevándolo ladeado sobre un ojo. Además, sustituyó en ocasiones el rigor de la corbata por la pajarita de estilo inglés.


También se atrevió con el frac y el sombrero de copa. Ella disfrutaba de la provocación de su aspecto andrógino, incluso llegó a a afirmar que "siempre fue medio hombre".


Cuando le interesó, supo como nadie añadir un toque de femineidad a aquellos severos trajes masculinos. Como en esta fotografía, donde la camisa blanca con lazo y volantes de encaje de estilo dieciochesco dulcificaban el conjunto.

Al "estilo Dietrich", pronto se le sumaron otras actrices que se sintieron identificadas con aquella nueva forma de vestir, como Katherine Hepburn, quien encarnaba el ideal de la chica americana atlética y deportista.

En esta foto de 1934, la actriz de aspecto aniñado Leila Hyams, también sigue el "estilo Dietrich", luciendo unos cómodos y anchos pantalones de algodón blanco, con zapatos masculinos de cordones.

Modelo inglesa, 1935

El "estilo Dietrich" alcanzó tal éxito, que pronto se democratizó, apareciendo copias confeccionadas en serie para el gran público. Por aquella época, millones de mujeres se sentían identificadas con las actrices de cine, y Marlene era considerada un icono de la elegancia, por lo que pronto las mujeres americanas y europeas la imitaron en todo; sus trajes de aire masculino, sus sombreros, peinados y maquillaje.




Marlene fue una figura deslumbrante, tanto en el cine como en la vida real, y aquel original y transgresor "estilo Dietrich" se ha mantenido hasta nuestros días con pequeñas variaciones según las décadas. Sirvan como ejemplo los diseños de Yves Saint Laurent en los años 70, o Dona Karan en los 80, quien adaptó el "estilo Dietrich" para las mujeres "young urban professionals" de las grandes ciudades.


Una de las últimas interpretaciones del "estilo Dietrich" es la que presentó la firma Ferragamo en su colección para la Primavera-Verano 2012. Un smoking blanco que mantiene esencialmente el espíritu de aquel primer traje masculino que llevó Marlene a principios de los años 30...















domingo, 11 de diciembre de 2011

DETALLES DE MODA: LOS GUANTES


Los guantes fueron un complemento imprescindible durante todo el siglo XIX. Presentes en la moda, sólo hubo variaciones en su longitud, color y material. Eran tan importantes, que se consideraba que una dama no estaba completamente vestida si no los llevaba, llegando a ser inapropiado salir a la calle sin ellos. 


En París, hacia 1830 por ejemplo, las mujeres no se los quitaban por nada del mundo. Comían e incluso tocaban el arpa o el piano con los guantes puestos.

Antiguamente, una mano desnuda y curtida por el sol era considerada como algo feo. La belleza de unas suaves y delicadas manos blancas, símbolizaban que la dama en cuestión salía poco de su casa, y que en ella tampoco hacía trabajos domésticos que pudieran estropeárselas.

Emile Claus. Charlotte Dufaux. Ca. 1885
Ninguna dama se hubiera atrevido a salir a la calle, o asistir a alguna fiesta sin los guantes puestos. Formaban parte de la rígida etiqueta social. Hacia 1870, comenzaron a llevarse guantes oscuros en contraste con vestidos de tejidos claros; al cabo de un tiempo, se volvió al uso del guante claro.


La Moda Elegante. Traje para recibir en casa, 1886
Si os fijáis en la ilustración, la modelo lleva unos guantes blancos largos y ajustados para tomar el té. 
Como eran un accesorio importante, las señoras los tenían de todos los colores y para toda ocasión, cuidando de que fueran a tono con el vestido elegido.
Los guantes blancos de cabritilla alternaron con los de fina piel de Suecia. Las curvaturas del dorso de la mano se señalaban con bordados gruesos o finos en colores delicados.




Modelos publicados en la revista "Harper´s Bazar",1877
Izquierda: Guante de Suecia de piel de cabritilla en negro, con bordados al pasado en hilo de seda. Adornado en su extremo con volante de crêpe de seda plisada.

Derecha: Guante de Suecia de piel de cabritilla en negro, con bordados al pasado de seda color marrón y amarillo. Ribeteado en su extremo con crêpe de seda plisada y decorada con galones bordados.




En las revistas de moda de la época, como por ejemplo <<La Moda Elegante>> de 1886, aconsejaban a las lectoras sobre el empleo de los guantes: "Lo mismo para vestir, recibir en casa, que para hacer visitas, se usa con preferencia el guante claro". 

Pierre-Auguste Renoir. Baile en la Campiña, 1883

Para el corte y adorno de los guantes se seguían estrechas normas; sólo en cuestión de colorido se podían introducir variaciones. Durante mucho tiempo, el color de moda fue el gant jaune.


Charles-Alexandre Giron: Mujer usando guantes, 1883 (detalle)



Hubert von Herkomer. Lady Dilke, 1887 (detalle)

Los cambios que sufrieron los guantes femeninos se limitaron a llevarlos más o menos largos. Según el gusto o capricho de cada una, solían alcanzar la altura del codo o hasta más arriba, o bien sólo llegaban hasta la muñeca. El tipo de guante cambiaba con relativa frecuencia, para volver nuevamente al cabo del tiempo.





lunes, 5 de diciembre de 2011

DETALLES DE MODA: EL NECESER DE VIAJE


En mi post titulado "Un verano en Biarritz", os describí con todo detalle el vestuario, y los complementos que las damas elegantes del siglo XIX, llevaban en sus baúles para pasar las vacaciones de verano. En esta ocasión quiero hablaros de otro elemento presente y fundamental en aquellos viajes...
Se trata del neceser de las damas, objeto que nos revela aspectos íntimamente ligados a la moda de entonces, como la cosmética y los perfumes.

Retrato de dama con su neceser, del pintor Georges Crogeaert (1848-1923)
 

Georges Croegaert. Dans le Boudoir, 1891

Durante el siglo XIX, las señoras empleaban gran cantidad de afeites y ungüentos para "aumentar sus gracias naturales", según la publicidad de la época. Los productos de moda preferidos por las españolas de entonces eran de lo más variado; extracto de oso, dentífricos de jaramago o miel inglesa. Mucílago y Vinagrillo de Sevilla contra las canas, perfume para la ropa, perlas oleaginosas de Venus, pastillas, bolas, esencias, polvos y cremas de todas clases y colores.






Hacia 1840 nació en España la moda de los viajes, y las damas recurrieron al neceser  de viaje para transportar cómodamente, la gran cantidad de productos de belleza que poseían, sin tener que renunciar a ninguno. 
No podían faltar los frascos de cristal con tapa de plata labrada, para las esencias y perfumes, como el Agua de Ninón y el Violeta de Parma, muy de moda en ese entonces.
A ello había que añadirle los utensilios necesarios para el peinado; peines, cepillos, alfileres, lazos. Sin olvidarnos de las joyas, que se guardaban en un compartimento especial con espacio para las sortijas, brazaletes y collares.



Comenzaba la moda de llevar las uñas largas, y ello hizo necesario el empleo de útiles para la manicura, como éstos con mango de nácar y marfíl. Los instrumentos con forma de gancho en su extremo, eran utensilios imprescindibles en cualquier neceser femenino, ya que servían para abrochar las botinas y los guantes de Suecia.

Raimundo de Madrazo y Garreta. La toilette, ca.1890
Para la belleza del cutis, las damas adquirían cremas de alabastro, de pepino o leche de Bengala. Aguas de todo tipo; de perla, de Corinto, de Atenas. También Aceite de Rusia y Hielo de San Petersburgo...


No sería posible comprender la moda, sin conocer sus detalles. Los objetos presentes en el arreglo cotidiano de las mujeres, eran tan importantes como las telas, vestidos y complementos. El cuidado de la belleza, y los elementos que empleaban para ello, completan la imagen de una época.


Mi especial agradecimiento a Doña Luisa del Hoyo Monteverde, quien gentilmente me ha permitido fotografiar el precioso neceser del siglo XIX que perteneció a su bisabuela, y que me ha servido para ilustrar esta entrada.





lunes, 28 de noviembre de 2011

EL TOCADO À LA FONTANGE Y LA PEINETA ESPAÑOLA

Para empezar os voy a pedir que miréis con atención el siguiente video. Es un pequeño fragmento de la película "Le roi danse", ambientada en la Francia de Luis XIV. Observad los tocados llamados a la Fontange que lleva la cantante y las tres damas sentadas junto al rey


¿A qué os recuerdan esos tocados?. Es mera coincidencia, o hay alguna relación entre el tocado a la Fontange y la peineta española?

Peineta española
Variantes del tocado francés "a la Fontange". Siglo XVII





La semejanza es tal, que nos lleva a preguntarnos si la forma de la peineta española, tal y como la entendemos ahora, con forma de teja, deriva del tocado a la Fontange, o si todo es producto de la casualidad. Curiosamente, disponemos de datos del origen del primero, pero el diseño de la peineta se pierde en el tiempo, y por tanto la puerta está abierta a las conjeturas.





Marie-Angélique de Scorailles, Duquesa de Fontanges (1661-1681)

El origen del tocado "à la Fontange", proviene de un suceso fortuito. En 1679, durante una jornada de caza en Fontainebleau, a la Duquesa de Fontanges, (en ese entonces amante y favorita del rey Luis XIV), se le enganchó a una rama uno de los lazos que sujetaban su hermosa cabellera.  Ante tal eventualidad, resolvió sujetar su pelo con una liga que amarró con una cinta a la parte superior de la cabeza. Fue tal el efecto, que pronto, las demás damas de la corte imitaron aquella forma de peinarse, añadiéndole una cofia de encaje y un armazón de alambre para que quedara sujeto sin perder verticalidad.




Pese a la oposición de Luis XIV, a quien no gustaba nada, el tocado a la Fontange pervivió en Francia entre 1679 y 1701 aproximadamente. Durante esos años sufrió múltiples variaciones, aunque nunca perdió la verticalidad del modelo original. Hacia 1690, fue ganando en altura hasta alcanzar proporciones descomunales, a la vez que enmarcaba el rostro con blondas de encaje. Lógicamente, esta moda no se circunscribió sólo a Francia, y pronto fue exportada a otros países europeos.




Izquierda
Detalle de una muñeca inglesa del año 1690. Bethnal Green Museum, Londres.

Derecha
Largillière. James Stuart y su hermana Louisa Maria Theresa, 1695. National Portrait Gallery, Londres. 









Cuando llegó a España, las españolas prefirieron llevarlo de un tamaño algo más reducido, y le cambiaron el nombre, para llamarlo "tocado al almirante". Así lo confirma la investigadora Maribel Bandrés Oto en su libro La moda en la pintura: Velázquez. Usos y costumbres del siglo XVII. Bandrés además explica que  la reina de Francia, en ese entonces, la española María Teresa  (hija de Felipe IV), adoptó las modas francesas, incluyendo el tocado a la Fontange, pero sin abandonar nunca la mantilla española. Ello me llevó a preguntarme si tal vez ella fuera la primera en establecer un maridaje entre ambas piezas.

La combinación de tocado y manto o velo, no era nueva en la moda española, ya que según afirma la historiadora Rocío Plaza Orellana en su libro Historia de la moda en España, el origen de la peineta y la mantilla ha quedado oculto en el tiempo, apuntando la teoría de que las peinetas o peinas pudieran tener su origen en antiguos pueblos del Mediterráneo, aunque tampoco ha podido comprobarse. No obstante, Plaza Orellana confirma el hecho de que a lo largo del siglo XVIII, en España destacan las peinetas y peinecillos colocados verticalmente en la cabeza con una ligera inclinación hacia delante, con la finalidad de realzar velos o mantillas, llevándose también solas y ladeadas sobre el moño.

La bailarina Dolores Serral. Litografía de Celestin Biard. Ca. 1835


Todos estos datos me llevan a pensar, que quizás, el tocado a la Fontange llegó a España para "resucitar" una pieza que habría quedado olvidada en el tiempo: la peina, aunque aportándole una nueva estética vertical, que se mantuvo latente durante todo el siglo XVIII, y cuyo auge vendría de la mano del siglo XIX, cuando las relanzaran las modas románticas, añadiéndoles flores y sustituyendo los encajes originales del siglo XVII por la rigidez del carey, que con su delicada filigrana, imitaba el dibujo de aquellos sin necesidad de emplear armazones de alambre, como hicieran las francesas dos siglos atrás.
 

Peineta y mantilla española. Versión de J. Galliano para Dior. 2007

Finalmente, la peineta vertical, sola o unida a la mantilla, se convirtió en uno de los iconos del estilo más castizo español y sería paradójico suponer que en ello intervino un elemento proveniente de París...


En cualquier caso, ésta es sólo una teoría, pero ha sido interesante pensar que al fin y al cabo, las modas son siempre reincidentes e interpretativas, y que cada pueblo las amolda y adopta según su visión. Tal vez sean meras conjeturas, pero lo cierto es que las coincidencias en forma y estilo son más que evidentes...
¿Qué opináis?