miércoles, 22 de febrero de 2012

TUL: UN TEJIDO VERSÁTIL (I)

Todos conocemos el tul, o al menos lo hemos visto alguna vez. Ese sencillo y frágil tejido que a las mujeres nos suele traer recuerdos de nuestra niñez, cuando nos disfrazábamos de hadas o princesas....

El nombre de este ligero y singular tejido proviene de la ciudad francesa de Tulle en el Lemosin, ciudad donde se fabricó por primera vez de forma totalmente artesanal mediante la técnica de bolillos. Aunque se desconoce la fecha exacta de su origen, se conserva en Tulle un anuario de 1775, con la inscripción de "las señoritas Gantes" anotadas como fabricantes de encajes, por lo que se deduce que ya en esa fecha existía una próspera industria destinada a la creación de tul.

Hacia finales del siglo XVIII, su fabricación se había extendido a otros países europeos. En el año 1806, el inglés John Heathcoat patentó una nueva máquina que producía un tul de gran calidad. Ello facilitó que pudiera emplearse como tejido para confeccionar vestidos enteros. Tuvo tanto éxito, que pronto las mujeres de la alta sociedad llevaron vestidos de tul mecánico.
Fragmento de un vestido de noche de tul bordado. Ca. 1807
En un principio, el tul mecánico era totalmente liso y había que bordarlo a mano, como este modelo de tul rojo, que presenta delicados motivos florales bordados con felpilla, técnica que estuvo muy de moda alrededor de 1807.

Fragmento de un vestido de tul bordado de la Emperatriz Josefina. Ca. 1810
La emperatriz Josefina era tan aficionada al tul, que poseía varios vestidos de ceremonia de tul mecánico bordados a mano con hilos de platino para que permaneciesen inalterables.


Fragmento de un vestido de noche inglés. Ca. 1810
Detalle de un vestido de noche confeccionado con tul mecánico en color negro, que sirve de soporte a delicados ramitos bordados a mano con lentejuelas y galón de plata dorada.

Capota de boda de tul de seda. 1845. Colección V&A Museum
Con los años, el tul alcanzó gran popularidad, y con él se confeccionaron todo tipo de prendas y accesorios, como sombreros, velos, delantales, chales, sombrillas, guantes y abanicos.

Velo francés de tul hecho a máquina. Ca. 1860
Fragmento de un velo de forma semicircular de tul negro, decorado  a mano con adornos de paja, cuentas de cristal negro, y abejas en relieve. Sirvió de adorno para un sombrero de paja.

Franz Winterhalter. Princesa Metternich, 1860. Vestida por Worth, lleva un velo de tul liso.
En la época de las crinolinas, las damas de la alta sociedad seguían adorando el tul por su ligereza y transparencia, hasta el punto de que el modisto más innovador y padre de la Alta Costura, Charles Frederick Worth, también se sumaría al empleo de este sencillo y sutil  tejido que formaba pequeñas figuras hexagonales.

Franz Winterhalter. Emperatriz Sissi, 1865

Magnífico retrato de la emperatriz de Austria vestida con un diseño de Worth. Se trata de un vestido de noche confeccionado con tul drapeado de seda blanco -sobre cuerpo y falda de seda- bordado con hilos metálicos y echarpe de tul liso a juego. La ligereza del tul otorgaba a los vestidos una apariencia etérea y brillante a la luz artificial de los salones de baile. Algo difícil de igualar con otros tejidos...

La historia del tul no acaba aquí. Sólo, bordado, o como base para elaborar encajes como la blonda, este versátil y modesto tejido dará mucho juego en la historia de la moda, pero eso os lo iré contando más adelante...


 

martes, 14 de febrero de 2012

DETALLES DE MODA: EL BOLSO DE NOCHE

En el siglo XIX, asistir al teatro era un acto social que levantaba pasiones. Todas las ciudades importantes tenían al menos uno, y una compañía que durante todos los días del año, excepto en Cuaresma, representaba una obra. 

Mary Cassat. El palco, 1884
Durante el espectáculo, las jóvenes solteras lanzaban furtivas miradas a sus pretendientes. Desde los palcos, las señoras curioseaban los vestidos y las joyas de las demás con sus prismáticos, mientras se abanicaban de forma indolente. 
También la ópera era un acto social importante, al que acudían los caballeros vestidos de etiqueta, y las señoras con elegantes trajes de noche. En los entreactos, se aprovechaba la ocasión para saludar a las amistades, los señores charlaban de las cuestiones más diversas, y las damas acudían además al tocador para perfumarse y darse un retoque de polvos de arroz frente al espejo...

Ramón Casas. El Liceu, 1901
Con esta introducción dedicada a los espectáculos sociales, quisiera recordaros que durante el siglo XIX, la vida de las élites estaba profundamente protocolizada. Toda ocasión y momento del día requería de un vestuario con sus complementos adecuados. Por eso, cuando descubrí este singular bolso y lo abrí, vinieron a mi mente todas aquellas imágenes relacionadas con el teatro, la ópera y los bailes...





















Se trata de un original y a la vez práctico bolso de noche que data de fines del siglo XIX. Con mango de cuero trenzado, y forrado con piel gofrada, su original forma rectangular, y su cierre metálico lo hacen diferente y especial respecto a otros bolsos de la época.
Sin embargo, la auténtica maravilla reside en su interior, pues cuando lo abres, descubres que se despliega para mostrar una serie de compartimentos y bolsillos interiores, donde cuidadosamente dispuestos, aparecen todos los elementos que una dama podía necesitar para asistir a una soirée de gala.


 
En un bolsillo de la solapa superior, un pequeño espejo de mano. En tres compartimentos centrales, perfectamente encajados; un frasco de cristal para esencias, un pequeño abanico plegado, y unos prismáticos para no perder detalle desde el palco.


El precioso y delicado abanico, con varillas de marfil deplegables y paisaje de tul de seda decorado con pequeñas lentejuelas doradas.


En otro bosillo interior, un suave plumón como los que se encuentran en las polveras antiguas. Era el elemento que faltaba para retocar el maquillaje durante los entreactos del teatro o la ópera, o en un momento de descanso durante el baile.
Ramón Casas. El descanso, 1901
Sin embargo, este bolso, lleno de sorpresas, guardaba otra aún mejor: un pequeño carné de baile de metal repujado, con su diminuto lápiz metálico con punta de grafito. 
 









 



James Jacques Tissot. El baile, 1875

El carné de baile fue un elemento indispensable en el protocolo de los bailes de sociedad durante el siglo XIX hasta principios del siglo XX, ya que los caballeros invitaban por anticipado a bailar a las damas. Si ellas aceptaban, ambos anotaban en sus respectivos carnés el baile comprometido. Cuando sonaban los primeros compases, éste se acercaba, la dama se levantaba de su asiento, aceptaba el brazo derecho, y comenzaban a bailar la polca, la pavana, la mazurca, o el vals...





Gracias a este pequeño bolso, he descubierto que las mujeres de hace más de un siglo no eran tan diferentes de nosotras. Hoy en día, igual que ellas, llevamos en nuestros pequeños bolsos de noche multitud de pequeñas cosas que consideramos "necesarias" para sentirnos más seguras. Tal vez no sean exactamente las mismas, pero sí muy parecidas, ya que el carné de baile lo hemos sustituido por el carné de conducir, y los prismáticos por el móvil. Pero por lo demás, siempre llevamos un lápiz de labios, una pequeña polvera para eliminar "brillos", un perfume formato "mini" y un espejito de mano...

                  Y tú, ¿qué llevas en tu bolso de noche?...




Agradecimientos:

A mi buena amiga María del Hoyo Monteverde, dueña del bolso de noche (heredado de su abuela) que me ha permitido ilustrar este post.




martes, 7 de febrero de 2012

AÑOS 50: LA DIVISIÓN DE LA MODA

Los años 50 marcaron un punto de inflexión en la estética de la moda. Por primera vez en la historia, la imagen femenina se dividió. Dejó de ser unitaria como lo había sido hasta antes de la guerra. De repente, aparecieron dos tipos de mujer que seguían la moda, aunque con apariencias claramente distintas. 
 


Unas eran mundanas y sofisticadas, con ropas de adulta, muy elegantes, con trajes de cuidado corte de Balenciaga, Dior, Fath, Givenchy o Balmain entre otros. En la prensa, las modelos  para este tipo de mujer eran arrogantes, muy delgadas y muy maquilladas, que rondaban los veinticinco años.
Estética de la mujer "sofisticada" promovida por la Alta Costura.
El otro grupo en cambio, lo formaba mujeres jóvenes, casi adolescentes, de cara redonda y aspecto sano, con melenas sueltas hasta los hombros, o peinadas con una coleta, que podían tener edades difusas entre quince y treinta años, que se vestían con ropas holgadas e informales; vaqueros, pantalones Capri, jerseys anchos, bermudas, faldas amplias, zapatos bajos y bailarinas capezio
 
Estilo juvenil americano, 1957.

Modelo prêt-à-porter de 1955, que usaban tanto señoras como chicas.
En realidad, esos dos arquetipos tan diferentes, eran adoptados en distintas ocasiones por la misma mujer. Embutida en un sofisticado vestido de Alta Costura, con ajustado guêpière y tacones de aguja para asistir a las fiestas, o con camisas holgadas, pantalones y zapatos planos, para la vida diaria. Actrices de moda en aquella época, como Brigitte Bardot, Marilyn Monroe y Audrey Hepburn por ejemplo, encarnaron esa nueva dualidad, vistiéndose con elegantes modelos para acudir a fiestas, y luego dejarse fotografiar vestidas con atuendos informales y juveniles en su vida cotidiana. En ambos casos, seguían la moda.

En su vida normal, a Marilyn le gustaba ponerse vaqueros, blusas sueltas o pantalones Capri.
El porqué de esa nueva dualidad, -inédita en la historia de la moda- nos lleva a plantearnos que algo nuevo estaba ocurriendo. El hecho se explicaría básicamente en que los diseños inspirados en la Alta Costura no podían complacer a las jóvenes de clase media, quienes reclamaban una nueva imagen para ellas, ya que hasta entonces, se habían vestido con ociosas versiones de la ropa de sus madres. Hacia mediados de los años 50, la juventud comenzó a reclamar un tipo de ropa que se adaptara a su estilo de vida, sus gustos y sus ideas. Tener una estética diferente era tan importante como comportarse de un modo diferente...

Chicas americanas vestidas con vaqueros unisex y chaquetas de béisbol.

Como respuesta a esta nueva necesidad de los jóvenes, en Estados Unidos surgieron modas juveniles inspiradas en fuentes diversas;  en la ropa de deporte, en el rock´n´roll, en las nuevas estrellas del cine y de la música, como Elvis Presley, Little Richard o Chuck Berry, quienes no sólo marcaron un hito en la música del momento, sino que también determinaron la moda de sus fans, que querían identificarse con los atuendos de sus ídolos. A la difusión de este fenómeno cultural -también exportado a Europa-, contribuyeron notablemente los discos, la radio y la televisión (inventada en 1947).

Cliff Richard bailando rock´n´roll en 1958.

En Europa, el germen de la nueva juventud comenzó a gestarse en Francia, a finales de los años 40, con el existencialismo, filosofía que promulgaba al individuo y su búsqueda de sentido a la vida, rechazando los valores tradicionales burgueses. Con este tipo de pensamiento, surge la moda beatnik, que expresaba esa nueva actitud de rebeldía, mediante los jerseys de cuello alto, boinas, pantalones pitillo, vaqueros, zapatos planos y en general, una indumentaria sobria donde predominaba el color negro.



Con todos estos cambios, y la aparición de los nuevos consumidores, la industria del prêt-à-porter se fue haciendo cada vez más fuerte, consciente de que el factor juventud era un nuevo filón para explotar. En Estados Unidos, la técnica de producción de ropa en cadena estaba muy avanzada. Se confeccionaban en serie prendas deportivas que tuvieron gran acogida, disparándose las ventas de vaqueros, que comenzaron a exportarse a Europa, donde la tecnología estaba menos desarrollada. 

Así, poco a poco, a lo largo de la década, se gestó lo que ocurrió después en los años 60, cuando llegó la auténtica revolución juvenil. El prêt-à-porter terminó desbancando a la Alta Costura de su elitista trono, para convertirse en el fenómeno de masas que conocemos hoy...









martes, 31 de enero de 2012

DETALLES DE MODA: EL PEINADO SOIGNÈE

La moda femenina no se compone sólo de prendas de vestir y complementos, también el peinado y el maquillaje forman parte esencial de ella. 
Si tuviera que elegir uno de tantos iconos que nos ha legado la moda del siglo XX, sin duda elegiría el peinado "soignèe" de la década de los 50. Un tipo de corte muy favorecedor, consistente en una pequeña melena ondulada, cuyos elegantes bucles enmarcaban el rostro.
Sofía Loren
Tras los duros años de la posguerra, las restricciones acabaron, y las mujeres podían volver a sentirse femeninas y sofisticadas, afanándose por lucir una imagen impecable. No les importaba tener que emplear varias horas en arreglarse para peinarse y maquillarse a conciencia. Lo esencial era parecer "perfectamente elegantes".


                                                                  Liz Taylor
Aquel peinado creado en París, pronto se extendió por toda Europa hasta los EEUU.

Barbara Stanwyck
Muchas actrices de Hollywood se apuntaron al modelo "soignée", y con ellas, millones de mujeres que seguían las modas dictadas por el cine.
Virginia Mayo
Marilyn Monroe

Era tan versátil, que se adaptaba a todo tipo de actrices y rostros. Favoreciendo tanto a las que querían transmitir una imagen fresca y natural, como Ingrid Bergman, como a las que se decantaban por un estilo más sofisticado y distante como Jean Simmons...

Ingrid Bergman
Jean Simmons
  













 

 


No sólo las actrices, también otras mujeres influyentes en la vida norteamericana lo lucieron, como la elegante Jacqueline Lee Bouvier. Convertida en icono de moda, eligió el peinado "soignée" para el día de su boda en 1953, con el que sería presidente estadounidense John F. Kennedy.

Deborah Kerr

Además de cómodo y favorecedor, era apropiado para llevarlo tanto por el día, con ropa informal, como por la noche, con soberbios trajes de fiesta.

Ava Gardner

También era ideal para llevarlo con pequeños sombreros y casquetes.  

Dos amas de casa inglesas en 1956
Aunque no fue el único estilo de peinado de aquellos años, podría decirse que fue el más popular, ya que consiguió desplazar a los moños que se llevaban con sombreros durante el día y la noche.
Lo mejor de todo, fue su contribución a la democratización del peinado, pues gracias a su adaptabilidad y sencillez, las mujeres de clase media podían peinarse ellas mismas en su casas, poniéndose los rulos por la noche, sin tener que pasar por costosos salones de belleza. 
Por fin, tras años de privaciones por la guerra, podían sentirse tan femeninas y sofisticadas como las actrices de Hollywood...





martes, 24 de enero de 2012

INDUMENTARIA EN LA PINTURA: VAN DER WEYDEN

Hoy he querido analizar una magnífica obra del pintor Rogier Van Der Weyden. Se trata del "Descendimiento de la Cruz". Óleo sobre tabla que data de 1435.

Rogier Van der Weyden. El Descendimiento de la Cruz, 1435.
Museo del Prado. Madrid.

El contexto histórico-social de esta obra, nos remite al Ducado de Borgoña de la primera mitad del siglo XV. Regido en ese momento por Felipe el Bueno, aquella era una época de auge económico que se reflejó naturalmente en el arte y en la moda. El primero, a través del gótico florido, y la segunda, con formas y materiales en los que imperaba el lujo y la profusión ornamental.


  

Van der Weyden describe la escena religiosa como si se desarrollara en el siglo XV. Su técnica minuciosa -característica propia del arte flamenco- nos permite distinguir claramente las formas y tejidos de la indumentaria de los personajes, imprimiendo algunos símbolos de riqueza en los trajes de Nicodemo y José de Arimatea, a quienes viste como si de nobles borgoñones se tratase. Lo mismo ocurre con María Magdalena y María Salomé. Sin embargo, la Mater Dolorosa, María Cleofás y San Juan Evangelista, aparecen vestidos con gran austeridad, reflejando así el espíritu grave del tema.



María Cleofás (detalle)


María Cleofás: Sobre la cabeza lleva el "griñón"- propio de las viudas y las casadas- de lino fino, que le cubre también parte del escote y el cuello, a la vez que le enmarca el rostro. Viste un sencillo "sobreveste" de paño en color gris, forrado en piel del mismo color que ribetea también los puños.
San Juan Evangelista (detalle)
San Juan Evangelista: Sobriamente vestido, lleva tan sólo una túnica de paño rojo- color alusivo a la Pasión- con mangas largas, sin adornos. Tan sólo un cinturón de cuero. Encima, un manto-capa cortado en forma circular en el mismo color y tejido que la túnica, abotonada sobre el pecho. Ambas prendas son largas hasta los pies, como era propio de los personajes religiosos.

María Salomé (detalle)

María Salomé: Figura vestida con una "hopalanda" femenina color verde musgo, cerrada y ajustada al busto mediante un cordón. Provista de amplias mangas, esta prenda va forrada en su interior con piel, lo que nos hace pensar en una prenda de invierno. Debajo, lleva una "cotardía" del mismo color, confeccionada con un lujoso terciopelo labrado, probablemente de origen italiano. La cabeza se cubre con un tocado-turbante de paño que sigue el estilo masculino. Debajo de éste, lleva una pañoleta de lino al igual que en el escote.

Mater Dolorosa (detalle)

Mater Dolorosa: Van der Weyden quiso imprimir gravedad a esta figura. Para ello, eligió representarla con un sencillo y sobrio "sobreveste" de paño en color azul - alusión simbólica a la Pureza de María- forrado en su interior por una fina piel de color gris, que asoma en los puños, y un ligero bordado en hilo de oro que ribetea el bajo de la misma como único adorno. Lleva la cabeza cubierta por un tocado-turbante de lino blanco.

José de Arimatea (detalle)


José de Arimatea: Viste una "cota" corta en color rojo, enriquecida en sus bordes por galones de aplicación. Estos significativos adornos de procedencia bizantina, eran signos de posición social y riqueza, exhibiéndose tanto en iglesias como en cortes reales y aristocráticas. Sobre la túnica, lleva un "sobreveste" sin mangas, de terciopelo negro, color de la elegancia en la corte borgoñona, y forrada de piel en su interior que además ribetea el cuello, bajos, y cortes laterales. Las piernas llevan calzas de punto de aguja- posiblemente de fabricación española- en color rojo.



Nicodemo (detalle)


Nicodemo: Su indumentaria consiste en una vistosa "hopalanda" masculina. Prenda ancha y larga, abierta por delante, y mangas largas cuyas aberturas o "pertuis" permiten el paso del antebrazo. El tejido es un lujoso terciopelo labrado en tonos castaños, cuyo motivo decorativo central es una variante de la "granada gótica" muy de moda entonces. La "hopalanda" va forrada en piel, con gruesos ribetes que decoran los bordes de la prenda. El grosor de los mismos indicaba la dignidad del personaje. 

La cabeza va cubierta por un rodete de paño en color negro denominado "borrelais", que deriva de la caperuza con corneta altomedieval, y que en 1435 se llevaba enrollada a modo de turbante. Su calzado se protege con unas "galochas"de cuero con refuerzos de hierro y suelas de madera para aislar el calzado del barro.




María Magdalena (detalle)



Mª Magdalena: Viste una ceñida y escotada "cotardía" de fino paño en color gris, por cuyas mangas cortas asoman las del "blanchet" interior de color bermellón. A la altura de los riñones luce un cinturón de orfebrería cuyos extremos caen por delante. El vientre abultado y las caderas anchas, corresponden al ideal femenino de la época. La parte inferior de la falda se decora con una franja de piel, que, por su anchura denota la categoría de la dama que la lleva. El escote de la cotardía es redondo, y se denomina "décolletage". La frente está depilada según costumbre de la época, y la cabeza se cubre con un velo de linón. Caída sobre las caderas, lleva la capa o "mantel" de paño.


Esta es una obra interesante en cuanto a su análisis iconográfico e indumentario, ya que por un lado, refleja la riqueza de la moda de la corte borgoñona -tal vez para indicar la categoría moral de los personajes- y por otro, extrema austeridad, como si no fuera algo fundamental. En ocasiones como ésta, no debemos olvidar que el análisis del vestido tiene mucho que ver con la importancia simbólica e ideológica de la obra.






martes, 17 de enero de 2012

EL ARTE DE LA SEDA EN CHINA

Según la leyenda, el cultivo de la seda comenzó en el año 2640 a. C, cuando la emperatriz china Si-Ling-Chi, descubrió de forma casual, que los capullos del gusano de la morera, estaban formados por filamentos que se podían devanar para luego tejerlos, obteniendo así bellas telas de una calidad extraordinaria.


   
Sólo la emperatriz y sus doncellas conocían el secreto de la fabricación de la seda, hasta el punto de que un decreto imperial condenaba a muerte a quien lo divulgase. Celosamente guardada, la técnica y producción permaneció oculta hasta el año 550 d.C. Fue así como se desarrolló una floreciente industria que China monopolizó durante 3000 años.


Debido a sus cualidades de brillo y suavidad, los tejidos de seda eran auténticos objetos de lujo, y los tejedores chinos eran considerados verdaderos artistas. Por ello, al principio la seda estaba reservada para uso exclusivo del emperador, la familia imperial y las más altas dignidades del Imperio.

                Damasco de seda bicolor. Dinastía Ching (1644-1912)
Además, el empleo del color amarillo era privilegio del emperador, de la primera esposa de éste y del príncipe heredero. Este color se asociaba al sol, y por tanto, al centro del universo. 

 Panel votivo.  Dinastía Song (960-1279d. C.) Seda bordada con hilos de seda y oro.
La seda se convirtío en China en un producto textil tan valorado, que se empleó tanto para prendas de vestir, como para paneles pintados o bordados con lo que decorar los palacios. A menudo, la rica iconografía de los mismos representaba dioses, temas vegetales, animales o caracteres caligráficos cargados de simbolismo.


Panel bordado perteneciente a la época de la  Dinastía Yuan (1279-1368). Se trata de un bordado sobre damasco de seda en color naranja. La iconografía nos muestra  flores de loto y peonías que nacen de un mismo tallo, mientras dos aves de diferente color, se posan en las curvas sinuosas del mismo. Es interesante resaltar la técnica de los bordados, ya que previamente se ha dispuesto debajo de cada uno, una delicada gasa de seda dorada.

Detalle de bordado de hilos de seda y oro, sobre raso de seda en color azul marino, perteneciente a un traje de ceremonia de la Dinastía Ming (1368-1644). Los motivos son peonías, bambú y aves fénix. En el norte de China, estas aves representan a la amada, y las peonías al amado. Cuando estas dos figuras se disponen juntas en una única composición, simbolizan la modestia.


Poco a poco, el empleo de la seda se fue democratizando, siendo adoptada por las demás clases sociales que se lo podían permitir; como militares, mercaderes acomodados, terratenientes y funcionarios. Este fragmento, corresponde a la parte posterior de una vistosa y colorista túnica de ceremonia de la Dinastía Ching. Confeccionada en seda, y bordada a mano, posee una iconografía variada y compleja, que se dispone en la parte inferior  a lo largo de tiras que cuelgan de cinco colores diferentes. Destacan los motivos de nubes, símbolos de la Felicidad. En el conjunto prevalece el color rojo, que se identifica con la Belleza y la Longevidad.
  

Colección del Metropolitan Museum of Art de Nueva York
Túnica de ceremonia tejida con hilos de seda y oro. Dinastía Ching. Su variada iconografía nos muestra dragones, nubes, olas y montañas sobre un fondo de color azul intenso. Los caracteres chinos hacen alusión a la Longevidad, lo que indica que esta prenda era apropiada para ceremonias de celebración de cumpleaños.
 
Colección del Metropolitan Museum of Art de Nueva York
La seda ha sido desde su descubrimiento, un elemento omnipresente en la cultura china, formando parte de la vida cotidiana desde tiempos remotos. Por eso, no nos extraña que incluso se empleara para fabricar frágiles zapatillas de ceremonia como éstas, pertenecientes al periodo de la Dinastía Ching. Confeccionadas en raso, y bordadas con hilos de seda y técnica preciosista, el motivo decorativo central son las peonías.