domingo, 3 de junio de 2012

DETALLES DE MODA: LOS ZAPATOS MARY JANE


Hoy quiero mostraros uno de los complementos más característicos de la moda de los años 20. Se trata de los zapatos Mary Jane, llamados así en el mundo anglosajón debido a que tomaron el nombre de un personaje de cómic aparecido en 1902. En España se llamaban Merceditas.



La moda de los años 20, fue fabulosa y rompedora en muchos aspectos. Al acortarse las faldas, los zapatos cobraron un protagonismo desconocido hasta entonces.
Los zapatos Mary Jane eran muy cómodos, con puntera cerrada. Su principal característica era la fina tirilla abotonada a un lado que sujetaba el empeine. Podían ser lisos o bicolor. Sin adornos, o con pequeñas decoraciones incrustadas.  



El origen de este encantador zapato, se remonta al siglo XVI, cuando en época de los Tudor, se les ponía a los niños desde el momento en que comenzaban a caminar, marcando la transición de bebé a niño. En el siglo XIX,  todavía se seguían empleando como calzado infantil.

Zapatitos infantiles. Siglo XIX. Colección Museo Bally
Sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo, comenzó a ser adoptado también por las mujeres, pues comprobaron lo cómodos que eran para caminar o bailar...

Piel con aplicaciones bordadas. 1874. Colección Museo de la Indumentaria, Barcelona

Piel con aplicaciones de azabache. 1904. Colección Museo Bally


Zapatos de tafilete con tirilla abotonada, 1910
Los zapatos Mary Jane quedaron anclados de forma definitiva en el guardarropa femenino, cuando en los años 20, las flappers los emplearon como calzado-emblema. Ello fue una elección deliberada, pues a través de estos zapatos aniñados, buscaban transmitir una imagen de colegiala adolescente.

Estética aniñada de los años 20, gracias al blanco cuello y puños de estilo marinero

Esa imagen juvenil de las flappers, de formas casi planas y faldas más cortas que disimulaban cintura y caderas, suponía el rechazo a la imagen de la mujer de curvas voluptuosas de la década anterior. Para esas nuevas y liberales chicas de los años 20, los zapatos Mary Jane eran el complemento perfecto.

Boceto de una flapper
Coco Chanel también los llevó, pero en una versión para el día que se inspiraba en los Oxford bicolor masculinos.

Coco Chanel, 1928
A todo ello, había que sumarle las nuevas tendencias en la música y el baile. Comenzando con la llegada de la moda del tango argentino, los nuevos ritmos como el ragtime, o el jazz, y por supuesto, el charleston, baile que requería de gran habilidad con las piernas, por lo que era necesario un calzado cómodo, con un tacón medio que asegurase bien el pie.

1925

Podemos imaginarnos los clubes nocturnos, a los que las mujeres acudían con elegantes vestidos y zapatos Mary Jane, con adornos a base de cuentas de vidrio o strass que brillaban a la luz de aquellos locales llenos de humo...

Imagen Vogue americano. 1926

Tacones de madera pintados y decorados con pedrería falsa, 1925. Colección Kyoto Costume Institute





A lo largo de la década, los zapatos Mary Jane fueron evolucionando. Poco a poco, el tacón se fue estilizando y elevando. Incluso adquirió un aspecto mucho más refinado al emplearse materiales como pieles de cabritilla dorada o plateada, tejidos brillantes como el lamé, seda brocada, terciopelo y arriesgadas combinaciones de color. Los adornos también se extienden al tacón. Hasta que la imagen de inocencia se fue transformando en algo mucho más sensual y maduro. 


Boceto de un modelo de noche en piel dorada
 
Variación de 1928-30. El tacón es más alto, con aberturas laterales y formas más refinadas
A partir de los años 30, los Mary Jane comenzaron a decaer, resurgiendo con fuerza en los años 60, ya que constituyeron el complemento perfecto de los aniñados vestidos y minifaldas sesenteros.

Años 60
Modelo bicolor con puntera redondeada, 1966




Hoy os he hablado de la versatilidad, y la importancia en la historia de la moda de los zapatos Mary Jane, aunque no eran los únicos, hubo más modelos que coexistieron con ellos, pero serán tema para otro post...










domingo, 6 de mayo de 2012

FOTOS DE BODA ANTIGUAS

 Esta entrada supone un reconocimiento a todos aquell@s que de forma totalmente espontánea, os animásteis a desempolvar y mandar las fotos de boda de vuestros abuelos y bisabuelos para compartirlas en mi página de moda de Facebook.

Para que esas imágenes no se perdieran en el tiempo, he decidido reunirlas y dedicarles este post, aprovechando que hoy es el "Día de la Madre", para que constituya un pequeño homenaje a todas aquellas abuelas que también fueron madres, y que un día se casaron con toda la ilusión del mundo.


1890

1900



1905


1918
ca. 1920
ca. 1922

1929


1932

1937

1937


1938






1941

1945
  
1946



 
1948
1953
1957


1962


Algunas novias visten de negro, otras de blanco, de corto o de largo, en realidad, el color y la forma del vestido es secundario. Lo importante es la ilusión que se refleja en sus rostros. A todas ellas, nuestro recuerdo....



Han colaborado con sus fotos familiares: Dima Ballesteros, Michela d´Adamo, Diego Castillo, Dely Jesús Fernández, Pilongui Gregori, Andrea Miranda, Sandra Rojas, Guadalupe Gómez, Paloma Serichol, Ana González-Moro, Fran Miralles y Roxana Urrutia.

¡¡Gracias a todos!! 





jueves, 3 de mayo de 2012

LA COLECCIÓN TEXTIL DE LA FUNDACIÓN LÁZARO GALDIANO

Hace pocas semanas, tuve la oportunidad de visitar la magnífica colección de tejidos históricos que posee el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.

 
La colección textil es tan solo una parte del inmenso conjunto formado por 13000 obras de arte, el palacio que las alberga, la sede de su editorial, "La España Moderna", y una biblioteca con 20000 volúmenes. Todo ello, legado generosamente por D. José Lázaro Galdiano al Estado español en 1947, que creó en 1948 la Fundación que lleva sus apellidos, y que gestiona además del Museo, una importante Biblioteca, un Archivo, el Gabinete de Estampas y Dibujos, e incluso se encarga de editar la importante revista especializada en arte "Goya".
Cuando llegas al Museo, te sorprende la majestuosidad del palacete de 1908 que lo alberga. Sus hermosos jardines te dan la bienvenida, te invitan a sentarte un momento a escuchar los pájaros, y te sientes como en un oasis de paz enmedio del ajetreo constante de la ciudad. Una vez relajados, podemos entrar a disfrutar de las colecciones con un espíritu mucho más sereno...
 
Amparo López, Conservadora-Jefe del Museo
Yo había visitado el Museo en varias ocasiones, pues siempre que repito, encuentro aspectos nuevos en los que recrearme. Sin embargo, aquella fue una visita especial, ya que tuve el inmenso privilegio de ser recibida por Amparo López, Conservadora-Jefe del Museo, quien amablemente me acompañó a visitar la sala de los tejidos, donde pude contemplar la interesante colección, que comprende textiles ordenados de acuerdo con los variados centros de producción que han existido a lo largo de la historia.


Allí podemos admirar auténticas maravillas; como el conjunto de sedas hispanomusulmanas y del Mediterráneo oriental, además del importante grupo de ejemplares persas, chinos y japoneses.

Bordado con lacerías. Granada, Siglo XV
  
Lampás lancé con decoración de dragones. Japón, Siglo XVIII-XIX

También podréis disfrutar de una interesante colección de tejidos europeos de los siglos XV y XVI, bellos terciopelos italo-españoles, y tejidos de  la época de los Reyes Católicos.

Amparo López junto a los capillos bordados de los siglos XV y XVI
 
Desde aquí, animo a todos los que como yo, apreciais los tejidos antiguos, a visitar este magnífico museo, que además está lleno de sorpresas, pues sus coleccciones albergan muchas más piezas de todos los ámbitos del arte suntuario; pintura, orfebrería, joyas, emaltes, muebles, cerámica etc...Tampoco dejéis de visitar su valiosa biblioteca, donde Laura y Fernando os atenderán con amabilidad exquisita.

Por último, no quiero terminar este post sin recomendaros la magnífica exposición denominada "SEDAS DE LA VIDA" que se inaugurará el día 30 de Mayo de forma simultánea en Madrid y en Granada, donde se presentarán sedas nazaríes inéditas. Comisariada de forma conjunta por Amparo López (Conservadora-Jefe del Museo Lázaro Galdiano) y Pura Marinetto (Conservadora de la Alhambra).







lunes, 2 de abril de 2012

UNA TESIS SOBRE LAS SEDAS LABRADAS DEL SIGLO XVIII

Hace un año aproximadamente, mi amigo Pablo Torres, restaurador de imaginería en madera, me sugirió la lectura de una magnífica tesis doctoral, que trataba sobre las sedas valencianas y españolas del siglo XVIII. Cuando la leí, quedé asombrada ante el magnífico trabajo de investigación que tenía ante mis ojos, pues no es habitual encontrar estudios tan recientes y completos sobre un tema tan específico como el de los tejidos antiguos. Es por ello que desde aquí quiero recomendar su lectura, y de paso aportar mi pequeño grano de arena a su divulgación en España, pues creo que en nuestro país todavía no es suficientemente conocida como merece.

Se trata de la tesis doctoral titulada "Los tejidos labrados de la España del siglo XVIII y las sedas imitadas del arte Rococó en Minas Gerais (Brasil)", que fue presentada en el Departamento de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Universidad de Valencia en el año 2009, por el Dr. Antonio Fernando Batista dos Santos.
La citada tesis es una obra de obligada lectura y consulta para todos los investigadores que, como yo, se dedican a la catalogación de tejidos históricos españoles y europeos de ese periodo, y también para todos los interesados en el arte Rococó, ya que según palabras del profesor Batista dos Santos:
"La tesis se desarrolla a lo largo de dos caminos. En primer lugar, se trata de una investigación sobre los tejidos de producción española de los siglos XVII y XVIII, y en segundo lugar, el estudio de la pintura de imitación de seda labrada del arte Rococó en las iglesias del estado de Minas Gerais, estableciendo posibles relaciones entre los elementos ornamentales de estas dos categorías de arte".

Por último quiero añadir que se trata de un trabajo tan extenso y tan bien documentado, que su fama ha llegado hasta la prestigiosa Universidad de Estocolmo, la cual, a través del Center for Fashion Studies, invitó al profesor Batista dos Santos a leer su tesis en la misma el 30 de Noviembre del pasado año.

Dos ejemplos de sedas labradas españolas del siglo XVIII
Sobre su autor:
Antonio Fernando Batista Dos Santos, de nacionalidad brasileña, desarrolla actualmente su actividad docente en Belo Horizonte (Estado de Minas Gerais), donde es profesor en la Universidad privada FUMEC.
También es conservador y restaurador del Instituto do Património Histórico e Artístico Nacional (IPHAN), organismo responsable de la preservación del patrimonio en Brasil.

La tesis puede ser consultada en el sitio web de la Universidad Politécnica de Valencia. Os dejo el enlace y el correo del profesor Batista dos Santos, quien amablemente lo ha puesto a vuestra disposición por si tenéis alguna consulta al respecto.


 http://riunet.upv.es/handle/10251/6292

 afbs25@hotmail.com



viernes, 23 de marzo de 2012

DETALLES DE MODA: EL SOMBRERO EN LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX

A la fascinación que siempre me han producido las fotografías antiguas, he de sumarle la que siento por aquellos elegantes sombreros de la Belle Époque.

A principios del siglo XX, la etiqueta exigía que una dama no saliera de su casa sin su sombrero, por lo que llevarlo suponía estar bien vestida e "ir a la moda".

La actriz Lili Elsie, actriz icono de belleza de la época
A medida que avanzaba la primera década del siglo, los sombreros fueron aumentando de tamaño, con adornos más cuantiosos y complicados. La elegancia estribaba en las proporciones y la calidad de los materiales empleados en su elaboración.
 
1902











Se adornaban sobre todo con plumas, e incluso con pájaros disecados, hasta el punto de que algunas especies de aves de bello plumaje llegaron al borde de la extinción.

1905
1905




















También gustaban mucho las plumas de avestruz, denominadas "amazonas", que hacían juego con los enormes abanicos.

1906


Cuando las plumas de avestruz se superponían para conseguir una forma alargada, se denominaban "lloronas".

1906. Archivo colección Ana González-Moro
A mediados de la década se pusieron de moda los sombreros decorados con flores y hojas de verdes de tela, como si fueran pequeños jardines. Anchas cintas de moirée los sujetaban bajo la barbilla en caso necesario.

1907
Cuanto más elevada era la categoría social de la dama, más grande y más caro era su sombrero. Sólo tenemos que fijarnos en el que lleva la nurse que está en el extremo de la izquierda, en comparación con el de la señora del centro. En general, el sombrero de una u otra forma, formaba parte fundamental del vestuario femenino de todas las clases sociales. Los hombres en cambio, se limitaban a las formas clásicas con pocas variaciones.

1902




Las niñas de las familias adineradas también los llevaron aunque de menor tamaño. Para ellas se evitaban las plumas y se preferían los adornos a base de flores de tela de colores y cintas de raso.

1908
A menudo, los sombreros exclusivos los creaban las modistas. Sin embargo, si la base del mismo era de fieltro o paja, intervenía el sombrerero previamente para elaborar la base. Luego, la modista lo adornaba con multitud de cintas de seda, tul, encajes, flores de tela y escarapelas elegidos en función del color y estilo del vestido. 


1910


1909
Había modelos de sombreros para todas las mujeres y todas las ocasiones. Incluso para el luto, única circunstancia que hacía que las señoras de elevada posición social se vistieran completamente de negro, color que normalmente se consideraba vulgar por estar asociado a las criadas y a las clases trabajadoras en general.



1908

Las damas de la burguesía también los usaban, aunque en la mayoría de los casos, preferían llevarlos un poco más pequeños, a juego con sus cómodos tailleurs. Para ellas, los enormes sombreros tipo rueda además de caros, eran poco prácticos. Normalmente los adquirían ya elaborados en las sombrererías, o en los grandes almacenes, que por ese entonces ya existían en las ciudades más importantes. No eran exclusivos, pero su precio era mucho más asequible, lo cual contribuyó sobremanera a la democratización del sombrero.