Mostrando entradas con la etiqueta Guantes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guantes. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de febrero de 2019

MODA EN LOS MUSEOS: LA HIJA DEL VIRREY EN EL MUSEO DE AMERICA

La pasada semana tuve la oportunidad de visitar la exposición titulada "La hija del virrey. El mundo femenino novohispano en el siglo XVII". La cual se expone en el Museo de América en Madrid, y que afortunadamente ha sido prorrogada su exhibición hasta el día 28 de abril, dada la gran aceptación que ha tenido.


Fachada exterior del Museo de América, Madrid
He de decir que me impresionó su magistral discurso expositivo. Nada más entrar, te encuentras de frente con el impresionante retrato de D.ª María Luisa de Toledo y Carreto, Marquesa de Mergal de Fernamental. Ella fue la hija única del marqués de Mancera, Antonio Sebastián de Toledo, quien ostentara el cargo de virrey en la Nueva España entre 1664 y 1673. 

Este soberbio retrato, es el vehículo narrativo sobre el que gira la exposición. En ella se nos muestran diferentes aspectos del mundo y de la vida en la Nueva España del siglo XVII. Todo ello a través de diferentes objetos que recrean el fabuloso ajuar que adquieren Doña María Luisa de Toledo y su madre, Doña Leonor de Carreto durante su estancia en México, y que la primera se llevará consigo a su regreso a Madrid.


El retrato data de alrededor de 1670
Objetos de uso cotidiano como baúles, petacas y arquetas de viaje para embalar objetos. Escritorios, muebles de taracea, costureros de carey, cerámicas,  o barros de Guadalajara.

Arqueta. Virreinato del Perú, siglo XVII-XVIII. Madera, cuero y hierro
Museo de América

Detalle
Este tipo de baúles, arcas y arquetas podían usarse para el traslado de objetos durante los viajes, aunque por lo general formaban también parte del mobiliario doméstico; como muebles para contener o almacenar diferentes objetos, especialmente tejidos –ropa de cama, ropa blanca– o indumentaria y otros elementos del ajuar.

Petaca. Madera, cuero, caña y hierro forjado.
España o Virreinatos americanos.siglo XVII-XVIII
Museo de América



Una de las piezas que me gustó especialmente, fue esta "Jarra con tapadera". Estos "barros de olor" humidificaban y ambientaban los espacios domésticos con fragancias exóticas. Este tipo de piezas invadió las cortes virreinales y las grandes casas palaciegas, formando parte de la decoraciones de las mesas en los banquetes.


"Jarra con tapadera". Cerámica.
Guadalajara de Indias.Virreinato de Nueva España, siglo XVII.
Museo de América
Batea y cuenco lavamanos
Virreinato de Nueva España, Siglos XVII y XVIII

Museo De América


Objetos de uso cotidiano, profusamente decorados, que componían los ajuares domésticos. A menudo se individualizaban indicando los nombres de los propietarios.


Perfumador o centro de mesa. Cerámica. Santiago de Chile, Virreinato del Perú.
Primera mitad del siglo XVIII
Museo de América



También podremos contemplar otras piezas interesantes como esta cuera. Prenda de abrigo y protección que vestían los soldados que residían en los presidios (fuertes), quienes se encargaban de controlar los espacios de frontera. Esta prenda evolucionó desde el coleto usado bajo el peto de armadura. La adarga, de origen árabe, era un grueso escudo de piel muy útil para defenderse también de las flechas de los indios chichimecas.

Cuera y adarga (interior) de soldado de presidio. Cuero, ante y pigmentos.
Virreinato de Nueva España, 1757
Museo del Ejército. Toledo


Sin embargo, quisiera centrarme especialmente, en el retrato de D.ª María Luisa de Toledo, pues al ser éste un blog destinado al análisis de la moda histórica, la indumentaria, peinado y joyas de las retratadas son particularmente interesantes.




D.ª María Luisa de Toledo se muestra acompañada por una mujer indígena de pequeña estatura, con el rostro marcado por un tipo de tatuaje étnico. De ella se supone que fuera su ayuda de cámara o su sirvienta. El hecho de que se retratase junto a ella, indicaría un vínculo afectivo entre ambas, aunque al mismo tiempo, la presencia de esta pequeña mujer, estaba resaltando la singularidad y el exotismo, y por tanto el poder y el prestigio de la familia. 

<<El color de la tez, el tatuaje e incluso el tipo de indumentaria que viste la pequeña mujer ponen de manifiesto la vinculación con parajes americanos y el acceso que la protagonista del lienzo exhibía en relación con unas redes de circulación de bienes y productos transoceánicos>>. (1)


El retrato de la joven muestra el estatus elevado de la misma a través de la suntuosidad de los tejidos y las joyas que luce.



Doña María Luisa de Toledo viste una indumentaria característica de la década de 1670. Además de la amplia falda con el ahuecador y las enormes mangas, lo que destaca del vestido es el cuerpo o jubón muy ajustado. Similar a éste es el que se conserva en el Museo del Traje, fechado en la década de 1660, (que podemos contemplar en la exposición) es decir muy próximo a la época en que se pintó aquel. La estructura del jubón era rígida fundamentalmente para ajustar la cintura y el talle, así como para aplanar los senos. Para ello se disponían planchas de plomo y justillos, con estructura y refuerzos internos y emballenados que son los que dan nombre a esta variedad denominada «jubones encotillados», al fusionar en la misma prenda el jubón y la cotilla. Esta hermosa y única prenda está elaborada en gros de Nápoles de seda de color nacarado, con hilos de metálicos, bordados de realce con diseños florales, poniendo de manifiesto la riqueza de los tejidos utilizados por las damas nobles de la época. 




 

Jubón. Europa, ca. 1660. Gros de Nápoles. Seda, lino,  barba de ballena y metal.  
Museo del Traje




detalle
D.ª María Luisa luce un estilo de peinado de moda en aquel momento, consistente en un flequillo redondeado en un lado, y pegado a la frente. El cabello cae suelto a ambos lados de la cabeza y se decora con una profusión de adornos consistentes en flores metálicas, con lazos formados por cintas de plata.

Detalle de la valona cariñena, collar de perlas y lazo de pecho. El modelo de pendiente que luce la retratada era el denominado "girandole", surgido hacia 1660



Sobre la valona cariñana, decorada con una ancha banda-puntilla de encaje, luce un collar de perlas de rivière adornando y engalanando el escote. Además, destaca un gran lazo de pecho elaborado con una doble lazada de hilo de perlas, con una gran perla central, y otra en forma de perilla que cuelga al centro.

En esta época, en la Nueva España, las rosas de pecho formadas por perlas y aljófares son también una tipología muy frecuente, y es probable que el lazo que luce en el pecho D.ª María Luisa, sea de producción novohispana.


Vitrina donde se ejemplifican algunos objetos de la moda y la vida cotidiana empleados por las mujeres novohispanas durante el siglo XVII. Tales como pomos de olor, joyas, higas, campanillas, guantes, jubón, cofres, sahumador, y recipientes (denominados "castañas") para introducir pañuelos humedecidos y perfumados. 

Joya de pecho. Madrid, ca. 1680
Oro, esmalte, diamantes
MNAD


Arriba, a la derecha, "rosa de pecho". España (1670-1680) MNAD
Debajo: a la izquierda , broche en forma de sirena, siglo XVII. Museo Arqueológico Nacional
A la derecha, pomo de plata y plata dorada. Virreinato del Perú, siglo XVII.
 Museo Lázaro Galdiano

Par de guantes. Inglaterra, ca. 1630. Piel, lino, seda y metal.
Museo del Traje,
Durante el barroco hispano se puso de moda un tipo particular denominado «guantes de ámbar» o de franchipán. Complementos que, además de indicar un estatus elevado, protegían las manos. Al tiempo que al estar perfumados, bloqueaban las secuelas de los malos olores del entorno cuando se acercaban a la nariz.


Concluyo este post con este interesante "cuadro de castas", en el cual se representa, en la primera escena, una inversión del rol de géneros habitual en la representación de las parejas. Siendo aquí, la mujer española, y el hombre indígena chichimeca. 

Luis de Mena: "Cuadro de castas".Virreinato de Nueva España, ca. 1775
Museo de América


Detalle. Mujer española e indígena chichimeca


La exposición, sumamente interesante e instructiva, nos muestra otros muchos aspectos de la vida cotidiana en la Nueva España del siglo XVII. No os cuento más cosas, para que las descubráis vosotros mismos acudiendo al Museo de América, en Madrid.

Por último, quiero resaltar el extraordinario y minucioso trabajo de investigación y documentación realizado por Andrés Gutiérrez Usillos. Comisario de la exposición y autor del catálogo de la misma.



1. Vid Gutiérrez Usillos, Andrés: La hija del Virrey. El mundo femenino novohispano en el siglo XVII. 



Fotografías: Karin Wachtendorff


Bibliografía

- Baena Zapatero, Alberto: Mujeres novohispanas e identidad criolla. Siglos XVI-XVII. DT, 2018

- E. Muller, Priscilla: Jewels in Spain 1500-1800. The Hispanic Society of America, 2012

- Gutiérrez Usillos, Andrés: La hija del Virrey. El mundo femenino novohispano en el siglo XVII. Ministerio de Cultura y Deportes. Madrid, 2018 

- M. Blum, Clara: Old world lace.  A concise ilustrated guide. Dover, New York, 1920





domingo, 7 de abril de 2013

VISITA A LA MAISON DIOR


Debo confesaros que mi Blog me está dando muchas alegrías y satisfacciones, pues me ha dado la oportunidad de conocer personas  interesantes que comparten mi interés por la moda. Tal es el caso de mi buena amiga Manuela Mugüerza y García-Moreno, quien me contó sus recuerdos de Pas, allá por los años 40 y 50. Me pareció una historia tan fascinante, que le pregunté si podría compartirla en mi Blog. Tras pensarlo con calma, accedió a mi petición, por lo que hoy transcribo todo lo que ella me ha narrado, y que he querido ilustrar con fotografías de la época. Estoy segura de que su historia os fascinará tanto como a mí...

"Llegamos a París muy niñas, con mi abuela paterna, Marquesa de Villa Rocha y Marquesa de Solanda, y nuestro querido padre, Juan Muguerza de Alcántara y Franco, quien nació, creció, y se educó en París. Éramos tres hermanas; yo la mayor, mi hermana Alicia, ya fallecida, y la menor, mi hermana Lidia. Inicialmente, vivimos en París hasta 1939, año en el que regresamos a Ecuador por la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. Nuestro padre, con sobrados motivos, prefirió marcharse por nuestra seguridad y de toda la familia".

París, 1944. Durante la guerra todo escaseaba, las colas para comprar alimentos eran inmensas. Imagen: Roger Schall

"En 1946, una vez terminada la guerra, regresamos a París, a nuestro apartamento del Boulevard Suchet. Nos asombró y alegró ver que la ciudad no había sufrido grandes daños durante la invasión alemana. Al igual que nosotras, muchos otros que se habían visto obligados a emigrar por la guerra, estaban retornando, y todos, en realidad, querían olvidar ese terrible episodio de nuestra historia".




"La moda de los años cuarenta aún se imponía en aquel entonces; faldas por debajo de la rodilla, y hombros cuadrados de estilo masculino. Un poco triste para mi gusto. Todo esto influenciado claramente por las necesidades que habían".






Pintado de piernas para simular medias


"Imagínate, encontrar medias era prácticamente imposible, menos aún de seda, y las que teniamos la suerte de tenerlas las cuidábamos muchísimo. Es más, había pequeños quioscos por toda la ciudad, donde te las reparaban cuando se rompían. Muchas chicas, al no poder pagarse unas medias, se pintaban las piernas con betún, y se dibujaban la costura  con el lápiz de cejas".




"No te imaginas el revuelo que ocasionó Christian Dior en 1947, cuando presentó en París su primera colección, denominada "Corolle", y posteriormente rebautizada con el nombre de "New Look". Fue la comidilla del "Tout Paris". Mis hermanas y yo nos enamoramos inmediatamente de sus vestidos, especialmente los de noche. Eran tan femeninos, sus faldas tan amplias y largas, llevadas con crinolinas, la cintura estrecha, lo cual me favorecía mucho, porque en mi juventud tenía una cintura de 49 cm." 
Desfile de presentación de la primera colección de Haute Couture de Dior en 1947, denominada inicialmente "Corolle".

"Con Dior, se volvió a poner de moda la mujer femenina, de generosas curvas. El corsé era "de rigueur", sin importar cuán delgada fueses, ya que sus modelos lo exigían, además él insistía en que ayudaba a mantener la postura apropiada. Dior entendía la figura de la mujer muy bien, pero consideraba que había que sufrir para ser bella, es decir, el uso de sus vestidos requería que llevases ropa interior ajustada, corsets con ballenas y faja, lo cual no era muy cómodo, pero terminé acostumbrándome a ello, y aún ahora uso este tipo de ropa interior, porque realmente hacen que todo te quede mucho mejor".

Diversos modelos de crinolinas y enaguas de tul empleadas en los años 50


 

"No asistí a su primer desfile, pero tan pronto me enteré de las novedades, pedí una cita en su Atelier. M. Dior era un hombre bajito, encantador y muy educado. Trataba a todos con extrema cordialidad, y sencillez".   
Ultimando detalles antes del desfile. Foto: Loomis Dean

"En aquella época, por lo general, se asistía a los desfiles como si fuera un evento social, pero para encargar ropa, tenías que pedir cita privada en su Atelier, donde volvían a presentarte los vestidos, de acuerdo a tu gusto, llevados por modelos".  

Christian Dior con sus maniquís, 1949
"Mi hermana Alicia y yo fuimos juntas a ver sus vestidos y encargamos varios de ellos, pues no había trajes ya hechos en la Maison en aquel entonces, y te los hacían a medida. Aquel fue el inicio de nuestra relación con él, que duró hasta su muerte, en 1957, tan repentina y que asombró a todos".  

"Usualmente M. Dior estaba presente por unos minutos para darte la bienvenida, y asegurarse de que te mostrasen los vestidos que él consideraba, beneficiaban más a tu silueta y estilo. También se tomaba el tiempo de decirte lo que, según él, era lo que más te favorecía; colores, tejidos, formas, etc. Una vez incluso me dijo que el lápiz labial que usaba no era del color adecuado, y me regaló uno con el color correcto. Desde entonces, siempre he utilizado los tonos corales para el día, y el rojo bermellón para la noche, como él me recomendó".

Christian Dior en su Atelier. Foto: Loomis Dean, 1955
"Recuerdo que mi hermana Alicia encargó una falda de tafetán de seda negra, en el nuevo largo (era de cocktail), casi hasta los tobillos, con pequeños plisados en toda ella, y que tenía ya la crinolina incorporada. Además, una enagua de seda natural debajo de todo, para proteger las piernas del roce del material áspero de la crinolina, todo en color negro. Aquella falda, se complementaba con una blusa de raso de seda muy pesado en color marfil, mangas tres cuartos, que originalmente, era de mangas más largas, pero M. Dior, al ver las manos de mi hermana a las que se refirió como "dignas de María Antonieta", dijo que debía mostrarlas por su belleza y elegancia, y le recomendó la manga más corta. Alicia, al igual que yo, tenía unas manos diminutas, de dedos larguísimos y delicados". 
Christian Dior supervisaba personalmente las pruebas en su Atelier. Foto: Loomis Dean


"Yo encargué un traje de día, en color rosa Dior, -color que él mismo me recomendó-, con un pequeño sombrerito a juego, en rosa con flores en verde, blanco, leves toques de negro, y un velito divino. Aún tengo varios sombreros de aquella época que, incluso ahora, uso".
Sombrerito de flores de terciopelo. Dior, 1953. Colección MET Museum

"Recuerdo que las grandes y marcadas hombreras dejaron de usarse, hasta entonces no había habido vestido, blusa o abrigo, en la moda reciente, que no las llevase. Siendo las chaquetas de sus trajes muy entalladas, a veces te hacían hasta cuatro pruebas para que quedasen perfectas".  
Detalle de chaqueta entallada con costadillo italiano. Dior, 1947. Colección MET Museum
"En la tienda también vendían todos los accesorios que necesitabas para acompañar el vestido. Sombreros, guantes, zapatos, hechos por los mejores artesanos de París. Sus vestidos de noche se acompañaban con zapatos y bolso a juego". 

Zapatos y complementos en el Atelier de Dior. Años 50. Foto: Loomis Dean
"Otro elemento novedoso que impuso Dior fueron los tacones altos y más finos que los usados hasta ese momento. Me recordaron a los que veía durante mi niñez en los años veinte, pero el modelo de sus zapatos era muy diferente a aquellos, mucho más femeninos, con un toque de coquetería maravilloso. Recuerdo que me compré un par de sandalias en raso negro, de tacón alto, con una pequeña plataforma, como de un centímetro, y un huequito adorable en la punta. Aquellas sandalias fueron los primeros zapatos que compré en la Maison Dior, que en aquella época estaba en la Avenue Montaigne".

Estas sandalias, de finales de los años 40, son lo más parecido que he podido encontrar a la descripción que me hace Manuela de sus sandalias, que no se han conservado. Colección MET Museum

En los años 50, Roger Vivier diseñó colecciones de zapatos con tacón de aguja para Dior. Colección V&A Museum
"Posteriormente, en los años 50, sus zapatos cambiaron, y se volvieron más puntiagudos, con el tacón mucho más fino, era el llamado tacón de aguja".



"Mi fascinación siempre han sido los sombreros y los guantes, tengo una amplia colección de los mismos, y los uso siempre que el tiempo y la ocasión lo permiten. Eso sí, prefiero que los guantes sean, o de cabritilla o de gamuza. En aquella época, ninguna mujer elegante salía sin ellos, incluso en verano. Era sólo en esta estación que me permitía ponerme guantes de encaje o tejidos, pero si no hacía mucho calor, siempre prefería los de cabritilla".
 

"También tuve ocasión de conocer a Coco Chanel. Fue mi abuela, la Marquesa de Solanda, quien me llevó por primera vez a la Maison Chanel, para que Coco diseñase mi primer vestido de Alta Costura, para mi Puesta de Largo, que se llevó a cabo en el Crillon. Ella me aconsejó un maravilloso vestido de noche blanco de satén y gasa. Aún lo conservo".

Coco entrando en la Maison Chanel, París

"Sin embargo, ella era muy diferente a Christian Dior, pues mientras éste trataba a todos con extrema cordialidad, Coco era conocida por sus exhabruptos hacia sus empleados. Aunque con ella no tuve mucho trato, fuera del mínimo necesario para la elaboración de los vestidos. Si bien, todos la consideraban muy refinada, yo siempre pensé que sus orígenes se notaban al tratarla, pero nunca he negado su gran estilo, y también fue una de mis modistas favoritas".



"Actualmente ya no compro mucha ropa, he acumulado demasiada a lo largo de los años. Poseo una gran colección de vestidos y conjuntos, la mayoría de Maisons francesas: Chanel, YSL, Dior, mis favoritos; también compré Balenciaga, y un par de accesorios de Loewe".
"Todavía conservo aquellos maravillosos vestidos y complementos, si bien están prometidos al Museo Metropolitano de Nueva York a mi fallecimiento". 


Fotografía tomada en Buenos Aires por el autor del blog Advancestyle de Nueva York

Imagen de Doña Manuela Mugüerza y García-Moreno, a quien aprecio mucho, y agradezco su gentileza al compartir con todos nosotros sus recuerdos de Christian Dior, y del glamour parisino de aquellos años. Una historia vivida y contada por ella misma.








domingo, 11 de diciembre de 2011

DETALLES DE MODA: LOS GUANTES


Los guantes fueron un complemento imprescindible durante todo el siglo XIX. Presentes en la moda, sólo hubo variaciones en su longitud, color y material. Eran tan importantes, que se consideraba que una dama no estaba completamente vestida si no los llevaba, llegando a ser inapropiado salir a la calle sin ellos. 


En París, hacia 1830 por ejemplo, las mujeres no se los quitaban por nada del mundo. Comían e incluso tocaban el arpa o el piano con los guantes puestos.

Antiguamente, una mano desnuda y curtida por el sol era considerada como algo feo. La belleza de unas suaves y delicadas manos blancas, símbolizaban que la dama en cuestión salía poco de su casa, y que en ella tampoco hacía trabajos domésticos que pudieran estropeárselas.

Emile Claus. Charlotte Dufaux. Ca. 1885
Ninguna dama se hubiera atrevido a salir a la calle, o asistir a alguna fiesta sin los guantes puestos. Formaban parte de la rígida etiqueta social. Hacia 1870, comenzaron a llevarse guantes oscuros en contraste con vestidos de tejidos claros; al cabo de un tiempo, se volvió al uso del guante claro.


La Moda Elegante. Traje para recibir en casa, 1886
Si os fijáis en la ilustración, la modelo lleva unos guantes blancos largos y ajustados para tomar el té. 
Como eran un accesorio importante, las señoras los tenían de todos los colores y para toda ocasión, cuidando de que fueran a tono con el vestido elegido.
Los guantes blancos de cabritilla alternaron con los de fina piel de Suecia. Las curvaturas del dorso de la mano se señalaban con bordados gruesos o finos en colores delicados.




Modelos publicados en la revista "Harper´s Bazar",1877
Izquierda: Guante de Suecia de piel de cabritilla en negro, con bordados al pasado en hilo de seda. Adornado en su extremo con volante de crêpe de seda plisada.

Derecha: Guante de Suecia de piel de cabritilla en negro, con bordados al pasado de seda color marrón y amarillo. Ribeteado en su extremo con crêpe de seda plisada y decorada con galones bordados.




En las revistas de moda de la época, como por ejemplo <<La Moda Elegante>> de 1886, aconsejaban a las lectoras sobre el empleo de los guantes: "Lo mismo para vestir, recibir en casa, que para hacer visitas, se usa con preferencia el guante claro". 

Pierre-Auguste Renoir. Baile en la Campiña, 1883

Para el corte y adorno de los guantes se seguían estrechas normas; sólo en cuestión de colorido se podían introducir variaciones. Durante mucho tiempo, el color de moda fue el gant jaune.


Charles-Alexandre Giron: Mujer usando guantes, 1883 (detalle)



Hubert von Herkomer. Lady Dilke, 1887 (detalle)

Los cambios que sufrieron los guantes femeninos se limitaron a llevarlos más o menos largos. Según el gusto o capricho de cada una, solían alcanzar la altura del codo o hasta más arriba, o bien sólo llegaban hasta la muñeca. El tipo de guante cambiaba con relativa frecuencia, para volver nuevamente al cabo del tiempo.