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martes, 14 de junio de 2016

BORDANDO EL TIEMPO EN LA PEDRERA

María contempló la bulliciosa ciudad a través de la ventana. La primavera ya se había instalado en Barcelona aquel mes de mayo de 1910. Fuera lucía un sol maravilloso, que iluminaba por completo su hogar a través de los grandes ventanales que daban al Paseo de Gracia.

Fachada exterior de La Pedrera-Casa Milá
© ANC- Fondo Brangulí

Aquel piso, donde vivía María junto a su esposo y sus cuatro hijos, era obra del insigne arquitecto Gaudí, -de quien todo el mundo hablaba en Barcelona-  y había sido su sueño desde el momento en que lo vio por primera vez. Ubicado en la cuarta planta del edificio Milá, en pleno corazón del l´Eixample barcelonés, formaba parte de aquel emblemático y moderno edificio, cuya fachada María había admirado tantas veces mientras se construía.



María, nuestra protagonista, con vestido de encaje de Irlanda, ca. 1910
Archivo Colección Ana González-Moro

A María no le fue difícil convencer a su esposo, Josep - hombre culto, y acaudalado empresario del sector textil catalán-  para que alquilase al matrimonio Milá, uno de aquellos pisos de 500 m2 que a ella tanto le gustaban. Josep, que adoraba a su esposa, y nunca le negaba nada, accedió de buen grado. Más aún, cuando supo que el edificio contaba con grandes innovaciones para la época; luz eléctrica, agua caliente, ascensor, y un garaje subterráneo para coches y carruajes. Además, en su piso dispondría de un espacioso despacho con teléfono.

D. Josep, esposo de María
Archivo Colección Ana González-Moro

Cortinas de malla bordada, encaje de bolillos y bordado Richelieu
Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

Luz eléctrica y teléfono en el despacho de Josep. Un lujo en aquella época.
Fundació Catalunya-La Pedrera

María era una mujer dulce, de carácter alegre, apasionada por la decoración y la moda modernista. Adoraba aquellas amplias estancias, llenas de detalles. Con tanta luz natural en pasillos y habitaciones, que le parecía que allí no podría entrar la tristeza jamás. 


A la izquierda, el comedor. A la derecha la elegante salita donde María recibía a las visitas y se sentaba por las noches junto a su esposo tras la cena.
Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

El enorme comedor era el lugar que más gustaba al matrimonio. En torno a la mesa, se reunía toda la familia para las grandes festividades. Cuando llegaba la Navidad, María daba instrucciones a la criada para que sacara de la alacena su preciada vajilla de Limoges -regalo de boda de sus padres- y su mantelería blanca de lino, decorada con encaje de guipur. Aquel precioso mantel era especial para ella, pues formó parte de su ajuar de novia, en el que la "ropa blanca del hogar" incluía varios juegos de cama, juegos de baño con toallas de hilo, pañuelos, tapetes y colchas. Todas las piezas era de un níveo color blanco, -su color favorito- y estaban primorosamente adornadas con encajes de bolillos. 

El comedor familiar con la salita al fondo
Fundació Catalunya-La Pedrera

Mesa de NavidadImagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

Cuando María era todavía una niña, su madre había encargado para ella la elaboración de su ajuar de novia. Eligió un taller de modistas de blanco, llamado "Casa Carressi". Fundado en Barcelona en 1898, aquel taller era famoso entre la alta burguesía de la ciudad, por ser una auténtica casa de alta costura, especializada en la elaboración de lencería femenina e infantil, así como ropa del hogar. Allí trabajaban las mejores bordadoras y encajeras de la ciudad. 


Juego de cama de matrimonio, ca. 1890
Colección  Núria Barber Aromí. 

Imagen Exposición "El fil invisible"
Museu de Lleida

Dormitorio matrimonial con muebles modernistas.
 Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

La ropa blanca también estaba presente en el dormitorio matrimonial, donde la luz entraba a raudales por las ventanas. Tamizada por un estor  y cortinas de tul de algodón bordadas en técnica de Cornelly. En la cama, una preciosa colcha de algodón decorada con franjas de entredoses y encaje de bolillos, que formó parte de su ajuar.


María con la pequeña Rosa, su hija menor. Lleva un vestido de crochet y encaje de algodón
Archivo Colección Ana González-Moro

La cuna con dosel que ahora ocupaba la pequeña Rosa, había pertenecido a su marido, Josep cuando era un bebé. Después la habían usado sucesivamente todos los hijos de la pareja. María sentía un gran cariño por aquella cuna. 

Cortinas, dosel y cubrecuna de algodón y tul bordado.
Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera


Cuarto de baño anexo al dormitorio principal, con toallas de lino bordadas a mano.
Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

María, que adoraba a sus hijos por encima de todo, estaba encantada de que ellos pudieran disponer de un enorme cuarto de juegos, donde Neus, la hija mayor, pasaba horas entretenida jugando con su casita de muñecas, mientras su hermanos más pequeños, Assumpció y Jordi, se disfrazaban dejando volar su imaginación.


Los tres hijos mayores de María cuando eran más pequeños.
Al centro, Neus, la mayor.
A la izquierda Assumpció y a la derecha Jordi
Imagen archivo colección Ana González-Moro

Perchero con algunas prendas de los niños. Arriba, al centro, el "barret de cop" que tantos chichones había evitado a los niños cuando aprendían a caminar.
Fundació Catalunya-La Pedrera


Ventana del cuarto de juegos con cortina de algodón y entredós de encaje. 
Fundació Catalunya-La Pedrera

Casita de muñecas
Fundació Catalunya-La Pedrera
El baúl de los disfraces infantiles
Fundació Catalunya-La Pedrera

Cerca del cuarto de juegos, estaba la habitación de Pepita, el ama de cría, una robusta y saludable señora, originaria de Asturias. Pepita viviría con la familia durante el primer año de vida de la pequeña Rosa, encargándose de su crianza y cuidados.

Pepita, el ama de cría con la pequeña Rosa en brazos
Archivo Colección Ana González-Moro




















Detalles de la habitación de Pepita; su uniforme negro, cofia y delantales.
 Fundació Catalunya-La Pedrera


Como en toda casa de familia, de la alta burguesía, no podía faltar un trastero donde guardar las bicicletas de los niños, y los elementos para practicar los deportes de invierno y de verano que estaban de moda. Josep era muy aficionado a ellos en su tiempo libre.

Trastero. A la izquierda, "un mundo de cosas", el baúl de viaje de María 
Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

En el amplio trastero cabían muchas cosas. 
Fundació Catalunya-La Pedrera
El trastero también albergaba los baúles, sombrereras y maletas que empleaba el matrimonio en sus viajes al extranjero. A María le encantaba viajar a París para encargar algunos vestidos en la Maison Worth, y de paso adquirir delicados encajes franceses y belgas, que eran su pasión. En los veranos, la familia se marchaba a Biarritz   "a tomar las aguas". Una tradición que la alta burguesía seguía desde el siglo XIX.

María, de pie, eligiendo un corsage en la Maison Worth en París
© R. Viollet- Photononstop

Por las tardes, mientras los niños hacían los deberes después del colegio, María daba instrucciones a la criada sobre la ropa blanca que debía almidonar y planchar. Además, los martes y los jueves, acudía al domicilio familiar la "cusidora", a quien María pagaba seis pesetas semanales por su trabajo, consistente en arreglar y confeccionar la ropa blanca del hogar y la de la familia.

Cuarto de plancha y costura.
Imagen cortesía Fundació Catalunya-La Pedrera

La máquina de coser, adquirida en Inglaterra, presidía el cuarto de la plancha y la costura.
Fundació Catalunya-La Pedrera

La criada iba colocando en la alacena la ropa blanca recién planchada.
Allí se guardaban también los bastidores de bordar de María.
Fundació Catalunya-La Pedrera

Algunas tardes al mes, María disfrutaba yendo de compras con alguna de sus amigas. Estaba al tanto de las últimas novedades en moda, textiles y encajes a través de la revista mensual "Feminal" a la que estaba suscrita. 


Portada de la revista Feminal, nº 17. Agosto, 1908


Anuncio de ropa blanca. Revista Feminal, nº1. Abril, 1907
Imagen catálogo exposición "Vestidos para la ocasión"


Además, le encantaba acudir a las mercerías de la ciudad, donde podía adquirir los delicados encajes artesanales de estilo modernista de la Casa Castells, -sus favoritos- que estaban tan de moda. Compraba hermosas cantoneras para que la cusidora le confeccionase nuevos juegos de cama, tapetes y manteles para tomar el té. También compraba delicado ret fi de Arenys, blonda de l´Arboc y blonda catalana para sus mantillas.


Cantonera de la Casa Castells. 
Guipur en hilo de algodón y torzal. Primer cuarto SXX
Colección Museu d´ Arenys de Mar

Cuando María necesitaba encargar un vestido para alguna ocasión especial, acudía al taller de su modista favorita: María Molist, quien gozaba de un excelente prestigio entre sus adineradas clientas, pues había sabido adaptar la alta costura parisina a las características del exquisito gusto barcelonés. Molist solo trabajaba con tejidos de gran calidad, delicadamente elaborados con aplicaciones de bordados y puntas. 


Vestido de tarde. María Molist, ca. 1911. 
Gasa de seda, encaje de Irlanda, ganchillo y batista
Imagen cortesía Museu del Disseny. Barcelona
Por la noche, cuando los niños ya dormían, el matrimonio se sentaba en la salita. Josep leía la prensa, mientras se fumaba una pipa, y María se relajaba con su labor de bordado. Con cuatro hijos, tenía multitud de tareas que atender diariamente, pero ella se sentía tan feliz en su nuevo hogar, que las horas transcurrían casi sin darse cuenta. Aquel precioso piso era su hogar y el de su familia. Reunía todas las comodidades que ella siempre había deseado. Mientras bordaba, se sentía la mujer más afortunada del mundo...

María solía sentarse a bordar en la salita, junto a la lámpara
Fundació Catalunya-La Pedrera

Detalle de un tapete de lino bordado a mano con el 
"coup de fouet" característico del Modernismo. Cataluña, ca. 1900-1910
Imagen cortesía Col-lecció Antoni de Montpalau








Nota de la autora:

Este es un relato totalmente ficticio, aunque basado en personas reales y situaciones que existieron en aquella época. Este post obedece al deseo de "poner cara" a una familia que pudo haber vivido hace más de cien años en uno de aquellos pisos de "La Pedrera-Casa Milá" de Gaudí.

He tratado de dibujar un fragmento de la vida de una mujer de la burguesía catalana, cuyo mundo gira en torno al cuidado de su familia. Donde los textiles ocupan una parte importante de ese mundo cotidiano. A través de la ropa blanca, la moda, los encajes y bordados, he hilvanado un pequeño retrato del universo femenino, en la Barcelona de principios del siglo XX.



Agradecimientos:

Carmina Viñas
Carmina Pairet
Neus Ribas San Emeterio
Silvia Vilarroya
Joan Miquel Llodrá

Rosa Martin Ros 
Ana González-Moro
Josep Casamartina Parasols

Col-lecció Viñas-L´Arca
Archivo Ana González-Moro
Fundació Catalunya-La Pedrera
Museu d´Arenys de Mar
Museu del Disseny de Barcelona
Col-lecció Antoni de Montpalau


Fotografías: Karin Wachtendorff


Bibliografía

- Bastardes, Teresa/ Ventosa, Silvia: El cuerpo vestido. Siluetas y moda 1550-2015. Museu del Disseny, Ajuntament de Barcelona, 2014

- Carbonell Basté, Silvia: <<El Modernisme tèxtil>> en AA VV: Els Castells. Uns randes modernistes. Catálogo Exposición en el Museu d´Arenys de Mar, Ajuntament d´Arenys de Mar, 2007

- Casals-Valls, Laura: <<El color de la intimitat: la roba blanca>>, en AA VV: Vestits per a l´ocasió. La indumentària en el ritus de pas. Catálogo Exposición Museu d´Arenys de Mar. Ajuntament 
d´Arenys de Mar, 2016

- Llodrá Nogueras, Joan Miquel: <<Els Castells. Uns randes modernistes>> en AA VV: Els Castells. Uns randes modernistes. Catálogo Exposición en el Museu d´Arenys de Mar, Ajuntament d´Arenys de Mar, 2007

- Martín Ros, Rosa:<<Blanc sobre blanc: treballs de dones per a dones>>, en AA VV: El fil invisible. Dones que cusen. Catálogo Exposición Colección de Indumentaria de Victoria Antó. Museu de Lleida: diocesá i comarcal, Lleida, 2015

- Ribas San Emeterio, Neus:<<Fabricants de puntes del segle XIX fins al primer quart del segle XX. Breus apunts>> en AA VV: Els Castells. Uns randes modernistes. Catálogo Exposición en el Museu 
d´Arenys de Mar, 2007


- Ribas San Emeterio, Neus: <<La importància de la indumentària en els ritus de pas>>, en AA VV: Vestits per a l´ocasió. La indumentària en el ritus de pas. Catálogo Exposición Museu d´Arenys de Mar. Ajuntament d´Arenys de Mar, 2016

















viernes, 28 de febrero de 2014

"POR SUS TEJIDOS LES CONOCERÉIS: ALBERTA FERRETTI"

Comienzo hoy una serie llamada "Por sus tejidos les conoceréis", donde os iré mostrando algunos de los tejidos que mis diseñadores favoritos emplean en sus colecciones. Esta serie la iré completando de forma alterna con otros posts sobre temas relacionados con la Historia de la Moda, y con la Moda en el Cine, pues como ya sabéis, me gusta combinarlos para que el Blog no resulte monotemático y aburrido.

Alberta Ferretti es una diseñadora italiana, que siempre se ha caracterizado por tener un gusto exquisito eligiendo los tejidos que emplea en sus colecciones, los cuales contribuyen a proyectar esa imagen connotativa de femineidad que ella busca en sus diseños. 

Alberta Ferretti
A menudo suele jugar con la combinación de diferentes tejidos en una misma prenda, buscando la mezcla de texturas que aporten eclecticismo al conjunto, logrando imprimirle su personalidad.


Gasa de seda y bordado inglés sobre algodón


Cuerpo de chifón con bordado multicolor y falda de chifón plisado con decoración de cintas de raso 

Aplicaciones de bordado mecánico sobre gasa de seda


Camisa de lamé con mangas de gasa y denim bordado
Chaqueta de seda con aplicaciones de pedrería y mostacilla


Vestido compuesto de cuerpo de crêpe georgette con aplicaciones de lentejuelas y predrería, y falda de shantung


Encaje mecánico sobre tul de seda


Seda chifón con cuerpo decorado con abalorios


Encaje mecánico sobre  seda chifón



Aplicaciones de pasamanería bordada sobre seda chifón


Terciopelo de seda bordado


Seda lisa  y cloqué de seda

Gasa flocada
Gasa con franjas de punto calado formando diferentes dibujos
Tul de seda sobre tafetán

Tanto en las colecciones de verano, como en las de invierno, los tejidos de Alberta Ferretti son siempre sinónimo de elegancia...



Colecciones Alberta Ferretti: O/I 2011-12, P/V 2013, O/I 2013-14, P/V 2014, O/I 2014-15

Imágenes: Style.com






miércoles, 22 de febrero de 2012

TUL: UN TEJIDO VERSÁTIL (I)

Todos conocemos el tul, o al menos lo hemos visto alguna vez. Ese sencillo y frágil tejido que a las mujeres nos suele traer recuerdos de nuestra niñez, cuando nos disfrazábamos de hadas o princesas....

El nombre de este ligero y singular tejido proviene de la ciudad francesa de Tulle en el Lemosin, ciudad donde se fabricó por primera vez de forma totalmente artesanal mediante la técnica de bolillos. Aunque se desconoce la fecha exacta de su origen, se conserva en Tulle un anuario de 1775, con la inscripción de "las señoritas Gantes" anotadas como fabricantes de encajes, por lo que se deduce que ya en esa fecha existía una próspera industria destinada a la creación de tul.

Hacia finales del siglo XVIII, su fabricación se había extendido a otros países europeos. En el año 1806, el inglés John Heathcoat patentó una nueva máquina que producía un tul de gran calidad. Ello facilitó que pudiera emplearse como tejido para confeccionar vestidos enteros. Tuvo tanto éxito, que pronto las mujeres de la alta sociedad llevaron vestidos de tul mecánico.
Fragmento de un vestido de noche de tul bordado. Ca. 1807
En un principio, el tul mecánico era totalmente liso y había que bordarlo a mano, como este modelo de tul rojo, que presenta delicados motivos florales bordados con felpilla, técnica que estuvo muy de moda alrededor de 1807.

Fragmento de un vestido de tul bordado de la Emperatriz Josefina. Ca. 1810
La emperatriz Josefina era tan aficionada al tul, que poseía varios vestidos de ceremonia de tul mecánico bordados a mano con hilos de platino para que permaneciesen inalterables.


Fragmento de un vestido de noche inglés. Ca. 1810
Detalle de un vestido de noche confeccionado con tul mecánico en color negro, que sirve de soporte a delicados ramitos bordados a mano con lentejuelas y galón de plata dorada.

Capota de boda de tul de seda. 1845. Colección V&A Museum
Con los años, el tul alcanzó gran popularidad, y con él se confeccionaron todo tipo de prendas y accesorios, como sombreros, velos, delantales, chales, sombrillas, guantes y abanicos.

Velo francés de tul hecho a máquina. Ca. 1860
Fragmento de un velo de forma semicircular de tul negro, decorado  a mano con adornos de paja, cuentas de cristal negro, y abejas en relieve. Sirvió de adorno para un sombrero de paja.

Franz Winterhalter. Princesa Metternich, 1860. Vestida por Worth, lleva un velo de tul liso.
En la época de las crinolinas, las damas de la alta sociedad seguían adorando el tul por su ligereza y transparencia, hasta el punto de que el modisto más innovador y padre de la Alta Costura, Charles Frederick Worth, también se sumaría al empleo de este sencillo y sutil  tejido que formaba pequeñas figuras hexagonales.

Franz Winterhalter. Emperatriz Sissi, 1865

Magnífico retrato de la emperatriz de Austria vestida con un diseño de Worth. Se trata de un vestido de noche confeccionado con tul drapeado de seda blanco -sobre cuerpo y falda de seda- bordado con hilos metálicos y echarpe de tul liso a juego. La ligereza del tul otorgaba a los vestidos una apariencia etérea y brillante a la luz artificial de los salones de baile. Algo difícil de igualar con otros tejidos...

La historia del tul no acaba aquí. Sólo, bordado, o como base para elaborar encajes como la blonda, este versátil y modesto tejido dará mucho juego en la historia de la moda, pero eso os lo iré contando más adelante...