Siempre me ha fascinado la belleza de los zapatos que calzaban las mujeres de la nobleza, y alta burguesía europea del siglo XVIII. Cuando los observo con atención, me parecen tan increíblemente frágiles y pequeños, que me cuesta creer que alguna una mujer se los puso y caminó con ellos.
En aquella época coexistieron dos tipos de calzado; el zapato de ceremonia y las chinelas...
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| Chinelas de seda. Ca.1780. Palacio Mocenigo. Venecia. |
Las chinelas eran las zapatillas de "andar por casa". De piel de cabritilla forrada con seda, tacón de madera, sin talón, y abiertas por detrás. Se llevaban con medias de punto de seda, y siempre se adornaban con algún detalle decorativo.
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| François Boucher. La toilette, 1740. Colección Thyssen-Bornemisza. Madrid |
Hay algo que hace que este delicado y aparentemente "informal" calzado resulte tan singular e interesante. El origen se encuentra en la forma de vida de las mujeres de entonces. Salían poco de sus hogares. Su mundo era el boudoir, zona privada de la casa donde calzadas con sus chinelas pasaban la mayor parte del día. Primero realizando su toilette matinal. Más tarde recibiendo a la modista, al sombrerero, al peluquero o a los proveedores de tejidos y encajes.
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| Detalle de las chinelas de Mme. Pompadour |
Por las tardes, atendían a sus amistades en un salón semiprivado anexo al boudoir. Allí organizaban pequeñas reuniones informales, donde en un clima relajado y en torno al café o el té, se intercambiaban confidencias o se charlaba sobre todo tipo de temas de la actualidad social y cultural. Para las mujeres de la alta sociedad aquel era su ámbito de poder, su espacio de emancipación femenina, donde se mostraban elegantemente ante los demás, ataviadas con vestidos de seda a la última moda y chinelas a juego.
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| Chinelas altas de inspiración turca. Ca. 1780. Francia | | |
Durante el periodo rococó, los trajes y el calzado se volvieron más refinados. Los tacones Luis XV se pusieron de moda. Tanto los modelos de ceremonia como las chinelas adoptaron este tipo de tacón que se fabricaba en diferentes alturas.
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| Chinelas de piel de cabritilla. Ca. 1770. Museo Bally. Suiza. |
En una ocasión, ante la recriminación que una dama francesa hizo a su zapatero, - pues sus chinelas de seda se habían roto el primer día que las usó -, éste exclamó asombrado: !Pero madame, no se le habrá ocurrido caminar con ellas...!
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| Chinelas con tacón de 14 cm. Ca.1740. Museo Palacio Mocenigo. Venecia. |
Todo esto nos lleva a pensar que el calzado doméstico era tan importante como el que se usaba para asistir a un baile o al teatro, y su apariencia se cuidaba de igual manera. Incluso las chinelas de tacón alto eran igual de incómodas, ya que las puntas eran indistintas, sin tener en cuenta la forma anatómica de los pies, comprimiendo dolorosamente los dedos.
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| Chinelas de encaje y mica.Ca.1760. Colección Rocamora. Barcelona |
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| Chinelas abarquilladas de inspiración turca.Ca.1770. Colección Rocamora. Barcelona |
Había chinelas para todos los gustos, con tacón o casi planas. La decoración de las mismas se prestaba a todo tipo de fantasías; bordados, sedas brocadas, damasco, pasamanería, plumas, encaje, incluso piedras preciosas...
Curiosamente, el gusto por las chinelas no murió al finalizar el siglo XVIII, ya que durante el siglo XIX se siguieron empleando, aunque más sencillas y sólo como zapatillas para levantarse.
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| Chinelas barrocas con tacón Luis XV. 1995. Manolo Blahnik |
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Más tarde, el siglo XX las volvió a recuperar en diferentes momentos, como hizo Manolo Blahnik en los años 90, cuando diseñó una chinelas de fiesta en piel dorada de clara inspiración dieciochesca.
Quizás esta joven japonesa del siglo XXI, vestida al estilo manga desconozca la historia de las afiladas chinelas con tacón que lleva, y no sepa que las mujeres elegantes de Europa las usaron hace tres siglos....