martes, 20 de febrero de 2018

LA DUALIDAD EN LA MODA QUATTROCENTESCA ITALIANA

Dentro de la Historia del traje, el Quattrocento italiano representa  un auténtico periodo de esplendor vestimentario.  Florencia se erige como epicentro de la moda y el estilo del primer Renacimiento italiano, donde surgen nuevos modelos indumentarios, que se vieron enriquecidos por la suntuosidad de los tejidos, los ornamentos y la diversidad de diseños.  


Un esplendor motivado en parte por las influencias provenientes del refinamiento de las cortes europeas -como la borgoñona-,  y de las familias de alto linaje italianas. Unido al acceso al poder de los nuevos ricos (banqueros, comerciantes y políticos) y en general, a la nueva dimensión que adquiere un nuevo concepto laico de la vida. Concepto basado en la confianza en la individualidad del hombre, lo cual se reflejó directamente en la evolución del traje.

Vittore Pisano (Pisanello): Retrato de la Princesa de Este (1436-1438)

Desde finales del siglo XIV, la intensificación del comercio, y la consiguiente circulación del dinero, contribuyeron en gran medida a elevar el nivel de vida de la población. El dinamismo del comercio, favoreció el cúmulo de riquezas de los burgueses, que aunque carecían de títulos nobiliarios, comenzaban a alcanzar gran poder dentro de los núcleos urbanos. Así, poco a poco, los nuevos ricos comenzaron a dictar las nuevas modas, por encima de los nobles de antiguo linaje.


Piero della Francesca: Retrato de los Duques de Urbino,  ca.1465-1472
Galería Uffizzi, Florencia

Las novedades de la moda y el lujo se convirtieron en un nuevo instrumento de afirmación de poder, dominio y alto estatus para las familias poderosas. La rica burguesía emergente mostraba así la obtención de un nivel social superior, que buscaba la equiparación en cuanto a poder, con la nobleza. 


Con la llegada del siglo XV, surge también un nuevo ideal de belleza femenino, que se centrará en la "delicadeza del rostro", en las "finas manos de largos dedos", el "cabello rubio", "los grandes ojos", "el cutis fino de piel blanca" y la "gracia en el movimiento". 


Antonio Pollaiuolo: Retrato de joven dama, 1465
Gemäldegalerie, Berlín
Sin embargo, y como suele suceder en la historia, los cambios sociales y sus consiguientes nuevas formas de vestir, no siempre son bien recibidas por los distintos estamentos gubernamentales y religiosos. Tal era el caso de las administraciones públicas, que no veían con buenos ojos la excesiva libertad que comenzaba a mostrar el traje femenino. Aquellos profundos escotes, y esos llamativos tejidos de colores vistosos, eran observados como el "síntoma inequívoco de una nueva y temible actitud individualista". Las leyes suntuarias promulgadas por el gobierno a lo largo del siglo XV, se destinaron a limitar las fantasías de la nueva moda, con el objeto de mantener un modelo vestimentario ideal y unitario dentro de la pirámide social. 

Cabe citar como ejemplo, las leyes florentinas de 1456, que permitían a las mujeres poseer solo "dos vestidos de seda; uno para el verano y otro para el invierno". Los modelos a los que hace referencia esta disposición son los por entonces denominados, cioppa y giornea, y las mujeres solo podían elegir entre uno u otro.

Sandro Botticelli: Retrato póstumo de Simonetta Vespucci, ca. 1480-85
Städel Museum
Al respecto, Leon Battista Alberti, (arquitecto, humanista, y uno de los primeros teóricos del Renacimiento) describió en su Trattato sulla famiglia, (1434-1440)las cualidades fundamentales que debía poseer una novia: "la belleza simple de la mente y la modestia, además de una sana y  robusta constitución necesaria para tener hijos". Al tiempo, cargaba contra las mujeres que maquillaban su rostro, con lo cual "atraían solo a los hombres más lascivos". Alberti además, recomendaba a las mujeres la modestia en el vestir, indicando que el ropero femenino se limitase  a "un traje nuevo para los días de fiesta, un traje usado para los demás días, y uno más gastado para estar en casa".


Domenico Ghirlandaio: Retrato de Giovanna Tornabuoni, 1489-1490
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid


Domenico Ghirlandaio:Frescos de la Capilla Tuornabuoni (detalle) 1490

La literatura de los moralistas de la época también destacó su preocupación por la mundanidad y la frivolidad de su contemporáneos en cuanto a su apariencia, la cual consideraban un signo inequívoco de la corrupción de aquellos tiempos.


San Bernardino de Siena, religioso y predicador franciscano -quien tuvo un importante papel en la religiosidad del siglo XV- se mostró en desacuerdo con las nuevas modas, en las cuales se derrochaba grandes cantidades de tejido. En una ocasión, llegó a decir en uno de sus famosos sermones: "Oh mujeres, decidme: ¿para qué sirven las largas colas de los vestidos, que levantan polvo cuando camináis por la calle en verano, y se ensucian de barro en el invierno?".


Como resultado de esta contradictoria dualidad, entre la modestia y el lujo, las grandes familias florentinas mostraban una gran discreción y sencillez en la ropa de uso diario, que contrastaba con un gran derroche de recursos, cuando se trataba de celebrar fiestas y ceremonias de carácter sacro o profano. Ocasiones que consideraban propicias para exhibir una gran suntuosidad indumentaria.

Ejemplo de esas fiestas, fueron las justas y torneos organizados en Florencia en 1469, con Lorenzo el Magnífico en el papel de protagonista. Festejos encaminados a celebrar los fructíferos negocios con Francia y Flandes. Para la ocasión, hombres y mujeres vestían con ricos tejidos de seda y terciopelo, y bordados con perlas, e hilos de oro y plata. 

Busto realizado en terracota de Lorenzo de Medici, siglo XV
National Gallery of Art, Washington DC
Cuando acababan los festejos, los florentinos volvían a sus ropajes sencillos. Buen ejemplo de ello lo encontramos en el busto de Lorenzo de Medici, representado con un austero atuendo, con la cabeza cubierta con un sobrio tocado florentino acolchado. Reflejando el deseo de Lorenzo de ser visto simplemente como un ciudadano respetado y ejemplar, en lugar de un príncipe de facto. 





Bibliografía

- Boucher, François: Historia del Traje en Occidente

-Fabbri, Paola: La moda italiana nel XV secolo. Abbigliamento e accessori

- Fiorentini, Aurora/ Ricci, Stefania: Il costume al tempo di Lorenzo il Magnifico



Agradecimientos

Emanuela Selvitella, por su inestimable ayuda con las traducciones de los textos en italiano antiguo








viernes, 29 de diciembre de 2017

EL JAPONISMO EN LA MODA OCCIDENTAL II

Cierro el año 2017 con la segunda entrega dedicada a la moda de los kimonos, que en el siglo XIX se elaboraban en Japón, especialmente para la clientela europea.


Detalle del kimono bordado.
Colección Lolita Beautell

Como ya os conté en mi post anterior, el interés de los europeos por el arte y la moda japonesa, se inició a mediados del siglo XIX, cuando las estampas japonesas comenzaron a circular por toda Europa. Se inicia entonces un nuevo estilo denominado "japoniseries".

Hoy quiero mostraros otro de los fantásticos kimonos-bata elaborados en Japón para el mercado europeo. Perteneciente a a la colección de Lolita Beautell. La prenda era de su abuela, al igual que el anterior.

Espalda
Colección Lolita Beautell

Se trata de una maravillosa prenda confeccionada en raso de seda color negro, con bordados realizados a mano con hilos de seda polícromos. 

Detalle de la espalda, que presenta una mayor profusión de bordados
Colección Lolita Beautell


Detalle del extraordinario bordado realizado a mano, representando peonías
Colección Lolita Beautell

Detalle del bordado de las peonías, donde apreciamos la precisión y perfeccionismo del bordado
Colección Lolita Beautell


Al igual que el anterior, es muy posible que ambos kimonos fuesen adquiridos al mismo tiempo por la abuela de Beautell, a fines del siglo XIX en París. En este caso, se observa que presenta mayores desgastes que el anterior, por lo que es probable que le gustase más, o le resultara más cómodo, y que por ello lo emplease más. No obstante, presenta buenas condiciones de conservación.

La parte delantera presenta menos bordados, pues la mayoría se concentra en la espalda
Colección Lolita Beautell
                                                         


Detalle del "obi" bordado que se anuda por delante
Colección Lolita Beautell


El "obi" se remata con flecos de hilos de seda, lo que nos recuerda a los mantones de Manila
Colección Lolita Beautell

Los bordados -de una extraordinaria belleza-, presentan grandes y hermosos motivos florales, que se entrelazan con un brillante colorido que destaca sobre el negro del raso. El resultado estético es insuperable.

La iconografía que presenta la ornamentación de la prenda es realmente interesante. En este kimono, abundan diferentes tipos de flores, cada una de ellas con su propia simbología. Destacando principalmente las peonías, crisantemos, y la flor del cerezo.

No debemos olvidar que la cultura y filosofía japonesas van ligadas a la Naturaleza. Las flores en especial, se asocian con la creencia de que la vida es un capítulo transitorio y efímero. Por esta importancia que tienen en su cultura, las flores aparecen a menudo representadas en la indumentaria tradicional japonesa.


La flor del cerezo representa la transitoriedad de la vida, concepto íntimamente ligado a las enseñanzas del budismo.


El crisantemo es signo de longevidad en la cultura japonesa.
La leyenda indica que esta flor guarda el secreto de la vida eterna

Las peonías representan la riqueza y la prosperidad para los japoneses


Entre las flores, destaca la enorme figura bordada de un faisán

El simbolismo de las aves en Japón también es muy especial, pues en general, son portadoras de buenas noticias. En este caso, en el kimono se resalta la figura de un hermoso faisán, asociado al poder y la abundancia.

Por último, y para concluir este post, quiero mostraros un kimono  muy similar en cuanto a su forma, que data aproximadamente de 1885. Lo encontré buceando en las colecciones del LACMA (Los Angeles County Museum of Art). Otro modelo que nos demuestra la enorme aceptación y difusión que este tipo de prendas tuvo en Occidente.

Colección LACMA

Colección LACMA

Detalle del delicado bordado
Las delicadas y uniformes puntadas demuestran la maestría de los bordadores

Colección LACMA
Confeccionado en crepé de seda, con bordados en hilo de seda. El "obi" aparece rematado en sus extremos con flecos de seda anudados.

Las imágenes nos dan una idea del aspecto que tenían aquellas  elegantes damas en los interiores domésticos. Cuando se ponían el kimono-bata sobre el corsé y las enaguas. El resultado era una exquisita y curiosa combinación, entre las estéticas de Oriente y Occidente.



Agradecimientos

Lolita Beautell
Ana González-Moro
LACMA 






martes, 21 de noviembre de 2017

EL JAPONISMO EN LA MODA OCCIDENTAL I

El interés europeo por el arte japonés se inició a mediados del siglo XIX, cuando, gracias al comercio con Oriente, comenzaron a circular por Londres y París, estampas que reproducían grabados japoneses. Pintores, arquitectos y diseñadores comenzaron a incluir en sus obras un nuevo estilo, que se denominó japoniseries. 

James Tissot: "La japonesa en el baño", 1864


Portada de la revista francesa "Le Japon artistique", 1891

Aquel estilo lo inundó todo; la decoración y mobiliario en los interiores domésticos, publicaciones de todo tipo, hasta la música. Perdurando en el tiempo hasta la primera década del siglo XX.


Alfred Stevens: "Dama con muñeca japonesa", 1894

W. M. Paxton: "La sirvienta", 1910
La implantación del japonismo en la moda femenina se estableció algunos años más tarde, durante la Exposición Universal de París, celebrada en 1867. A partir de ese momento, Japón comenzó a exportar masivamente kimonos femeninos creados por, y para el mercado europeo. Las mujeres de la alta burguesía, adoraban vestirse con aquellos hermosos kimonos de suave y delicada seda. Los empleaban en el hogar, como prenda de tocador, para recibir visitas, o los transformaban como prendas de exterior.


Courtois: "Joven con kimono", 1890

Alfred Henry Maurer: "Mujer joven con kimono", 1901


Con esta introducción, hoy quiero mostraros de cerca uno de esos kimonos japoneses importados a Europa. Prendas adaptadas al gusto europeo. Sin embargo, no estaban al alcance de cualquier bolsillo, dado su elevado precio.

Colección Lolita Beautell

Colección Lolita Beautell
Se trata de un exquisito kimono de raso blanco de seda, que perteneció a la abuela de la coleccionista Lolita Beautell. 

Detalle del cuello y del cinturón "obi" que lo complementa
El kimono está profusamente decorado, a base de bordados elaborados con hilos de seda polícromos. Su rica ornamentación, y el "horror vacui" que presenta, nos indican el laborioso trabajo que debió suponer su elaboración. 

Colección Lolita Beautell
Es muy posible que la abuela de la sra. Beautell lo adquiriese a finales del siglo XIX en París. Seguramente lo empleó como bata para levantarse o para estar en casa. Lolita lo conserva en magníficas condiciones, a pesar de que la prenda tiene más de cien años de antigüedad.


Colección Lolita Beautell
El Museo V&A de Londres, posee un kimono de similares características en su colección, datado entre 1895-1904. 

Colección Lolita Beautell


La iconografía que presentan los bordados es muy rica y variada, pues se desarrollan diversas escenas, donde se nos muestran personajes, tanto masculinos como femeninos en  diferentes actitudes. Algunas relacionadas con lo que parece el sintoísmo popular. Como fondo, podemos observar elementos arquitectónicos que representan templos, así como una variada fauna y flora.

Colección Lolita Beautell

La riqueza cromática destaca sobre el fondo blanco del raso. Oscilando entre suaves tonos pastel, que contrastan con vivas tonalidades naranja, rosa fucsia, violeta y turquesa.


Detalle de una de las amplias mangas


Detalle de las delicadas puntadas que conforman los bordados



Como dato curioso, he observado que el kimono carece de etiqueta alguna. Sin embargo, en el forro interior (también de raso de seda) presenta lo que parecen letras, realizadas con puntadas de hilo blanco, pero son ilegibles.



En mi siguiente post, os mostraré otro de los magníficos kimonos que forma parte de la colección privada de Lolita Beautell, y que data de la misma época...




jueves, 28 de septiembre de 2017

EL MUSEO DE PAISLEY

Hoy os traigo mi experiencia en el Museo de Paisley (Escocia). Museo que visité el pasado mes de agosto, y que tenía anotado en mi agenda desde hacía mucho tiempo.





El museo dispone de varias áreas, dedicadas a la historia del propio museo y de la ciudad de Paisley. En la segunda planta, podréis visitar las salas destinadas a mostrar la que fue una de las actividades económicas más prósperas de la ciudad: la fabricación de los famosos chales de Paisley. Allí nos cuentan la historia de esta maravillosa prenda, que llegó a ser un accesorio fundamental en la moda femenina durante los siglos XVIII y XIX.


Entrada a la exposición permanente del Museo de Paisley


A mediados del siglo XVIII, hacia 1760, llegó a Inglaterra, procedente de la India, (gracias a las importaciones que realizaba la Compañía del Este de la India) una nueva prenda que pronto se incorporó a la moda femenina. Más tarde llegó a Francia, y luego al resto de Europa. Era irónico que fuera adoptada por las mujeres europeas, porque en su país original, era un accesorio empleado solamente por hombres de alto poder adquisitivo.

Pintura que representa a Abdullah Qutb-Shah de Golconda.
Viste un primitivo chal de Cachemira
ca. 1670
Se tejían en telares manuales, dando como resultado un tejido muy rico y lujoso. Elaborado con el suave pelo de las cabras de la región de Cachemira, lo que le confería un tacto suave, cálido y confortable. También tenían un altísimo precio. El diseño de la decoración de aquellos chales se basaba en el "boteh". Una forma muy peculiar, en forma de lágrima, originaria de Persia, basada en el "árbol de la vida" y las hojas de palma.

Boteh


Hacia 1780, las ciudades de Edimburgo y Norwich comenzaron a imitar aquellos chales de la India. Más tarde, durante la primera década del siglo XIX, se comenzó a fabricar en la pequeña ciudad de Paisley. También otras ciudades europeas, como Lyon, París o Viena elaboraron sus imitaciones.

La moda de los chales duró prácticamente un siglo, pues la forma y longitud de los mismos se adaptó a los cambios de la moda femenina. Aunque el mayor apogeo se produjo en la primera década del siglo XIX, cuando el estilo Imperio hizo su aparición. Aquellos claros y vaporosos vestidos de inspiración grecorromana, se complementaban perfectamente con esos maravillosos y suaves chales. Su vivo colorido aportaba un gracioso toque de color al conjunto. A la vez que servían de abrigo y protección ante las frías temperaturas europeas.

Uno de los primeros chales elaborados en Paisley, ca. 1815
Col. Museo de Paisley

Detalle del diseño del chal. Elaborado en seda, lana y algodón
Col. Museo de Paisley

Gracias a la incorporación del telar de Jacquard, la producción se intensifica y se abarata, permitiendo la democratización de este complemento, que antes solo se circunscribía a las élites que podían pagarlos. Las imitaciones eran más asequibles a las masas.


Sala dedicada a la historia de los chales de Paisley
Col. Museo de Paisley



















Chal de forma cuadrada con flecos elaborado en algodón y lana, ca. 1830
Col. Museo de Paisley

A partir de 1840, con el desarrollo de la moda, y la aparición de la crinolina, el amplio volumen de las faldas precisaba de un chal de un nuevo tamaño, mucho más grande, que se llamó "plaid" con decoración a base de cuadros solos, o combinados con el "boteh". Se convirtió en el complemento de abrigo más empleado fuera de casa.








Chal elaborado en la ciudad Paisley, cuyo peculiar diseño floral fue registrado en la Oficina de Patentes, por el tejedor John Morgan el día 4 de marzo de 1843. Se cree que la decoración a base de rosas, cardos y tréboles fueron plasmados como una expresión patriótica de júbilo, por el nacimiento del heredero de la reina Victoria: el futuro rey Eduardo VII. 


Cartel explicativo
Col. Museo de Paisley


La reina Victoria de Inglaterra fue una gran defensora de los chales fabricados en Paisley.
En la imagen, luce un plaid con diseño de tartán, ca 1840-50


A mediados del siglo XIX, la ciudad de Paisley ya se había situado a la cabeza de la producción europea de chales y plaids. Hasta el punto de llegar a hacer sombra al resto de fabricantes. Los vendedores de textiles ofrecían una gran selección de ellos en sus comercios, lo que propició con el tiempo, que la palabra "Paisley" se asociara automáticamente a los chales fabricados en esa ciudad, con su característicos motivos tejidos o estampados según el fabricante.



Molde de estampación con el clásico motivo del "boteh"
Col. Museo de Paisley




Casi todas las novias de mediados del siglo XIX aspiraban a tener un chal como éste
 ca. 1860
Col. Museo de Paisley




Cartel explicativo
Col. Museo de Paisley


Según avanzó el siglo, con la llegada de la moda del polisón, el chal de Paisley cayó en desuso poco a poco, siendo reemplazado por capas y dolmans. Los fabricantes de chales de la ciudad tuvieron que cerrar sus talleres, quedando solamente algunos destinados a obras sociales.


Historia de la industria de Paisley

A partir de 1943 ya no quedaba ningún taller ni vestigio en la ciudad, que recordase aquel esplendor textil de antaño...



En otra de las salas dedicadas a la historia de estos maravillosos chales, podréis conocer la evolución de los telares que se emplearon para la elaboración de los mismos, así como los diferentes procesos; desde la hilatura de las fibras, hasta el acabado. Pero eso os lo contaré en otro post...







Dedicado a mi buena amiga Roxana Urrutia





Fotografías

Karin Wachtendorff

Bibliografía:

Reilly, Valerie: "The Paisley Shawl"