martes, 21 de noviembre de 2017

EL JAPONISMO EN LA MODA OCCIDENTAL

El interés europeo por el arte japonés se inició a mediados del siglo XIX, cuando, gracias al comercio con Oriente, comenzaron a circular por Londres y París, estampas que reproducían grabados japoneses. Pintores, arquitectos y diseñadores comenzaron a incluir en sus obras un nuevo estilo, que se denominó japoniseries. 

James Tissot: "La japonesa en el baño", 1864


Portada de la revista francesa "Le Japon artistique", 1891

Aquel estilo lo inundó todo; la decoración y mobiliario en los interiores domésticos, publicaciones de todo tipo, hasta la música. Perdurando en el tiempo hasta la primera década del siglo XX.


Alfred Stevens: "Dama con muñeca japonesa", 1894

W. M. Paxton: "La sirvienta", 1910
La implantación del japonismo en la moda femenina se estableció algunos años más tarde, durante la Exposición Universal de París, celebrada en 1867. A partir de ese momento, Japón comenzó a exportar masivamente kimonos femeninos creados por, y para el mercado europeo. Las mujeres de la alta burguesía, adoraban vestirse con aquellos hermosos kimonos de suave y delicada seda. Los empleaban en el hogar, como prenda de tocador, para recibir visitas, o los transformaban como prendas de exterior.


Courtois: "Joven con kimono", 1890

Alfred Henry Maurer: "Mujer joven con kimono", 1901


Con esta introducción, hoy quiero mostraros de cerca uno de esos kimonos japoneses importados a Europa. Prendas adaptadas al gusto europeo. Sin embargo, no estaban al alcance de cualquier bolsillo, dado su elevado precio.

Colección Lolita Beautell

Colección Lolita Beautell
Se trata de un exquisito kimono de raso blanco de seda, que perteneció a la abuela de la coleccionista Lolita Beautell. 

Detalle del cuello y del cinturón "obi" que lo complementa
El kimono está profusamente decorado, a base de bordados elaborados con hilos de seda polícromos. Su rica ornamentación, y el "horror vacui" que presenta, nos indican el laborioso trabajo que debió suponer su elaboración. 

Colección Lolita Beautell
Es muy posible que la abuela de la sra. Beautell lo adquiriese a finales del siglo XIX en París. Seguramente lo empleó como bata para levantarse o para estar en casa. Lolita lo conserva en magníficas condiciones, a pesar de que la prenda tiene más de cien años de antigüedad.


Colección Lolita Beautell
El Museo V&A de Londres, posee un kimono de similares características en su colección, datado entre 1895-1904. 

Colección Lolita Beautell


La iconografía que presentan los bordados es muy rica y variada, pues se desarrollan diversas escenas, donde se nos muestran personajes, tanto masculinos como femeninos en  diferentes actitudes. Algunas relacionadas con lo que parece el sintoísmo popular. Como fondo, podemos observar elementos arquitectónicos que representan templos, así como una variada fauna y flora.

Colección Lolita Beautell

La riqueza cromática destaca sobre el fondo blanco del raso. Oscilando entre suaves tonos pastel, que contrastan con vivas tonalidades naranja, rosa fucsia, violeta y turquesa.


Detalle de una de las amplias mangas


Detalle de las delicadas puntadas que conforman los bordados



Como dato curioso, he observado que el kimono carece de etiqueta alguna. Sin embargo, en el forro interior (también de raso de seda) presenta lo que parecen letras, realizadas con puntadas de hilo blanco, pero son ilegibles.



En mi siguiente post, os mostraré otro de los magníficos kimonos que forma parte de la colección privada de Lolita Beautell, y que data de la misma época...




jueves, 28 de septiembre de 2017

EL MUSEO DE PAISLEY

Hoy os traigo mi experiencia en el Museo de Paisley (Escocia). Museo que visité el pasado mes de agosto, y que tenía anotado en mi agenda desde hacía mucho tiempo.





El museo dispone de varias áreas, dedicadas a la historia del propio museo y de la ciudad de Paisley. En la segunda planta, podréis visitar las salas destinadas a mostrar la que fue una de las actividades económicas más prósperas de la ciudad: la fabricación de los famosos chales de Paisley. Allí nos cuentan la historia de esta maravillosa prenda, que llegó a ser un accesorio fundamental en la moda femenina durante los siglos XVIII y XIX.


Entrada a la exposición permanente del Museo de Paisley


A mediados del siglo XVIII, hacia 1760, llegó a Inglaterra, procedente de la India, (gracias a las importaciones que realizaba la Compañía del Este de la India) una nueva prenda que pronto se incorporó a la moda femenina. Más tarde llegó a Francia, y luego al resto de Europa. Era irónico que fuera adoptada por las mujeres europeas, porque en su país original, era un accesorio empleado solamente por hombres de alto poder adquisitivo.

Pintura que representa a Abdullah Qutb-Shah de Golconda.
Viste un primitivo chal de Cachemira
ca. 1670
Se tejían en telares manuales, dando como resultado un tejido muy rico y lujoso. Elaborado con el suave pelo de las cabras de la región de Cachemira, lo que le confería un tacto suave, cálido y confortable. También tenían un altísimo precio. El diseño de la decoración de aquellos chales se basaba en el "boteh". Una forma muy peculiar, en forma de lágrima, originaria de Persia, basada en el "árbol de la vida" y las hojas de palma.

Boteh


Hacia 1780, las ciudades de Edimburgo y Norwich comenzaron a imitar aquellos chales de la India. Más tarde, durante la primera década del siglo XIX, se comenzó a fabricar en la pequeña ciudad de Paisley. También otras ciudades europeas, como Lyon, París o Viena elaboraron sus imitaciones.

La moda de los chales duró prácticamente un siglo, pues la forma y longitud de los mismos se adaptó a los cambios de la moda femenina. Aunque el mayor apogeo se produjo en la primera década del siglo XIX, cuando el estilo Imperio hizo su aparición. Aquellos claros y vaporosos vestidos de inspiración grecorromana, se complementaban perfectamente con esos maravillosos y suaves chales. Su vivo colorido aportaba un gracioso toque de color al conjunto. A la vez que servían de abrigo y protección ante las frías temperaturas europeas.

Uno de los primeros chales elaborados en Paisley, ca. 1815
Col. Museo de Paisley

Detalle del diseño del chal. Elaborado en seda, lana y algodón
Col. Museo de Paisley

Gracias a la incorporación del telar de Jacquard, la producción se intensifica y se abarata, permitiendo la democratización de este complemento, que antes solo se circunscribía a las élites que podían pagarlos. Las imitaciones eran más asequibles a las masas.


Sala dedicada a la historia de los chales de Paisley
Col. Museo de Paisley



















Chal de forma cuadrada con flecos elaborado en algodón y lana, ca. 1830
Col. Museo de Paisley

A partir de 1840, con el desarrollo de la moda, y la aparición de la crinolina, el amplio volumen de las faldas precisaba de un chal de un nuevo tamaño, mucho más grande, que se llamó "plaid" con decoración a base de cuadros solos, o combinados con el "boteh". Se convirtió en el complemento de abrigo más empleado fuera de casa.








Chal elaborado en la ciudad Paisley, cuyo peculiar diseño floral fue registrado en la Oficina de Patentes, por el tejedor John Morgan el día 4 de marzo de 1843. Se cree que la decoración a base de rosas, cardos y tréboles fueron plasmados como una expresión patriótica de júbilo, por el nacimiento del heredero de la reina Victoria: el futuro rey Eduardo VII. 


Cartel explicativo
Col. Museo de Paisley


La reina Victoria de Inglaterra fue una gran defensora de los chales fabricados en Paisley.
En la imagen, luce un plaid con diseño de tartán, ca 1840-50


A mediados del siglo XIX, la ciudad de Paisley ya se había situado a la cabeza de la producción europea de chales y plaids. Hasta el punto de llegar a hacer sombra al resto de fabricantes. Los vendedores de textiles ofrecían una gran selección de ellos en sus comercios, lo que propició con el tiempo, que la palabra "Paisley" se asociara automáticamente a los chales fabricados en esa ciudad, con su característicos motivos tejidos o estampados según el fabricante.



Molde de estampación con el clásico motivo del "boteh"
Col. Museo de Paisley




Casi todas las novias de mediados del siglo XIX aspiraban a tener un chal como éste
 ca. 1860
Col. Museo de Paisley




Cartel explicativo
Col. Museo de Paisley


Según avanzó el siglo, con la llegada de la moda del polisón, el chal de Paisley cayó en desuso poco a poco, siendo reemplazado por capas y dolmans. Los fabricantes de chales de la ciudad tuvieron que cerrar sus talleres, quedando solamente algunos destinados a obras sociales.


Historia de la industria de Paisley

A partir de 1943 ya no quedaba ningún taller ni vestigio en la ciudad, que recordase aquel esplendor textil de antaño...



En otra de las salas dedicadas a la historia de estos maravillosos chales, podréis conocer la evolución de los telares que se emplearon para la elaboración de los mismos, así como los diferentes procesos; desde la hilatura de las fibras, hasta el acabado. Pero eso os lo contaré en otro post...







Dedicado a mi buena amiga Roxana Urrutia





Fotografías

Karin Wachtendorff

Bibliografía:

Reilly, Valerie: "The Paisley Shawl"








miércoles, 2 de agosto de 2017

SONIA DELAUNAY. SUS INICIOS COMO DISEÑADORA DE MODA


Tras unos meses de inactividad forzosa en mi blog por motivos personales, lo retomo para contaros mi visita a la exposición dedicada a Sonia Delaunay, la polifacética artista ucraniana (1885-1979) . Exposición que actualmente se celebra en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, y que podéis visitar hasta el 15 de octubre.


Fotografía de Sonia Delaunay luciendo sus propios diseños de chaleco, sombrilla y sombrero
Madrid, ca. 1920



La muestra se titula "Sonia Delaunay. Arte, Diseño y Moda", y está comisariada por Marta Ruiz del Árbol, con quien tuve la oportunidad de charlar durante la visita posterior a la rueda de prensa, organizada para presentar dicha exposición, y a quien felicité por la excelente labor realizada. La narración expositiva está muy bien planteada, y recorrerla es un auténtico placer. Os recomiendo ir a verla sin prisas.

Rueda de prensa en el Museo Thyssen-Bornemisza para presentar la exposición.
De izda. a dcha: Jaime de los Santos, Guillermo Solana y Marta Ruiz del árbol


Entrada a la exposición



"Philomene", 1907
Colección Centre Pompidou, París
"Me atrae el color puro. Colores de mi infancia, colores de Ucrania. Recuerdos de las bodas campesinas en mi país, en las que los vestidos rojos o verdes con las muchas cintas que los adornaban, volaban en los bailes"
Sonia Delaunay, 1978



















Vestido simultáneo, 1914. Realizado con la técnica del patchwork, la cual era perfecta para conseguir ese aspecto "construido", combinando distintos tejidos, colores y texturas en una misma prenda.
Colección privada


Mi interés por la obra de Sonia Delaunay se centraba sobre todo, en su faceta como diseñadora de moda, y su experiencia artística en su etapa madrileña, ciudad a la que llega por segunda vez en 1917, coincidiendo con la Revolución Rusa, y en la que vivió hasta 1921. Ese periodo supuso para ella un momento crucial, donde la libertad y la experimentación marcarían todo su proceso creativo posterior, en relación con su faceta ligada a la creación de moda. Motivo por el cual, centraré mi post en la parte expositiva que el Museo Thyssen-Bornemisza dedica a esos años.



Lubov Ternicheva, con el vestido de Cleopatra diseñado por Sonia Delaunay para el ballet homónimo, producido por la compañía de Diághilev, los Ballets Rusos, 1918.

Su llegada a Madrid se vio propiciada en gran medida, por la presencia en la ciudad de Serguéi Diághilev, quien la puso en contacto con el marqués de Valdeiglesias, el cual sería uno de sus máximos apoyos, en cuanto a la financiación de sus proyectos. También, gracias a los numerosos contactos del marqués, Sonia logró codearse con gran parte de la escena teatral madrileña. 

 Publicación española de la época. En ella se resalta el trabajo de Sonia como diseñadora del Ballet Cleopatra
Le Figaro, agosto, 1919.

Sin embargo, su faceta como diseñadora durante su estancia en Madrid, no se limitó sólo al diseño de vestuario de las artes escénicas, o al diseño de interiores. En su afán de expansión artística, Sonia trasladó desde París a Madrid su ideario del "simultaneismo", aplicado a la vida cotidiana. En 1919, fundó <<Casa Sonia>>, dedicada en principio al diseño de interiores, para luego ampliar su actividad al diseño de moda y complementos. 

Logotipo diseñado por Sonia Delaunay para su marca.
Madrid, 1919
En 1920, Sonia recibe un encargo para vestir a las cuatro hijas de los marqueses de Urquijo. Aquel encargo -que aceptó según sus propias palabras, "como una diversión"- , supuso un punto de inflexión en su carrera, pues aquella experiencia sería el germen del proyecto al que consagraría toda su energía, tras abandonar España para regresar a París.


Las hijas de los marqueses de Urquijo con túnicas, sombreros y sombrillas de rafia.
Modelos de la "Casa Sonia Delaunay".
Foto reproducida en la revista Blanco y Negro, Madrid, julio de 1920


Diversas fotografías del trabajo de Sonia Delaunay durante su etapa en Madrid, entre 1917-1921.
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Aunque esta chaqueta confeccionada en lino, pintada y bordada a mano con hilos de lana teñidos, data de 1928, conserva el estilo y la esencia de aquellos primeros diseños que Sonia realizó durante su etapa en Madrid. Colección Palais Galliera, París.


Respecto a su técnica y métodos de trabajo en el campo textil, Marta Ruiz del Árbol me comentó que Sonia supo rodearse en su taller, de un numeroso equipo de colaboradoras (costureras, tricotadoras y bordadoras rusas) que le ayudaban a producir sus diseños. También contó con la colaboración de talleres sederos ubicados en Lyon (Francia).


Tras su paso por Madrid, Sonia regresó a París, continuando su faceta como diseñadora de moda iniciada en Madrid. Su trabajo posterior, es de una gran variedad y riqueza, abarcando desde el diseño textil (diseños simultáneos para seda), continuando con el diseño de prendas y complementos de moda. A partir de 1925, su fama se expande, y comienza a vestir a mujeres de toda Europa y Estados Unidos. A través de esta interesante exposición que actualmente se muestra en el Museo Thyssen-Bornemisza, podréis contemplar también dicha producción posterior.






"Un recuerdo de España me animó a dar el paso...Esas cuatro muchachitas del marqués a las que había vestido (...) en París se me pedía vestuario para el teatro. ¿Y porqué no vestir a las parisienses?"
Sonia Delaunay, 1978





Para saber más sobre la vida y la obra de esta magnífica y polifacética artista, os recomiendo la adquisición del exquisito catálogo de la exposición, escrito por Marta Ruiz del Árbol, con textos de Cécile Godefroy y Matteo de Leeuw-de Monti. 





Agradecimientos:

Gema Sese. Departamento de prensa, Museo Thyssen-Bornemisza

Marta Ruiz del Árbol

Fotografías:

Karin Wachtendorff








miércoles, 17 de mayo de 2017

MODA EN LOS MUSEOS: LA MAGIA DE MANOLO BLAHNIK LLEGA AL MUSEO DEL HERMITAGE

Hace años, allá por 1998, cuando me matriculé en la Facultad de Historia del Arte, tenía claro mis motivaciones para estudiar dicha carrera: necesitaba que mis investigaciones anteriores y futuras, sobre la Historia de la Moda y de los Tejidos tuvieran un respaldo sólido a través de mi formación universitaria. 

Mi recorrido estudiantil sobre las artes suntuarias, museografía, paleografía, teoría del arte, historia de las ideas estéticas, y toda la historia del arte en general, constituían un soporte básico sobre el que fundamentar mis investigaciones sobre la sociedad y la indumentaria de las diferentes épocas.  El modo de entender y vivir el arte en cada momento histórico, construían curso a curso el hilo conductor de mi formación como historiadora del traje.

Siempre pensé que la Moda era un arte más, y que como tal, su historia debería tener cabida en los museos. Recuerdo que en aquella época, muchos de mis compañeros de la facultad, se reían de mí por tener esas ideas En ese entonces, la Arquitectura, la Pintura y la Escultura eran consideradas como las Artes Mayores, y que todo lo demás, se reducía a las denominadas con cierto desdén: "artes menores". En ellas tampoco tenía cabida la moda, que era observada como algo inferior, banal, carente del valor estético o simbólico que mereciera su estudio y análisis.

Al final, el tiempo me ha dado la razón, y en estos últimos años, hemos contemplado cómo los grandes museos del mundo se rinden por fin a la evidencia: la Moda pisa fuerte, y no piensa retroceder. La sociedad lo demanda, y las instituciones artísticas, por fin lo han reconocido.

Hoy, ya en el siglo XXI, le toca el turno a uno de los grandes museos del mundo: el Museo del Hermitage de San Petersburgo. En estos días se rinde ante el gran diseñador canario Manolo Blahnik, abriendo sus inmensas y lujosas salas a sus zapatos. Con una retrospectiva que nos desgrana 45 años de sus creaciones. 

Manolo Blahnik junto a una de las vitrinas del Hermitage

Sus creaciones, se ven expuestas al público cual joyas, con infinito respeto y delicadeza. Como bellas obras de arte que ocupan las vitrinas por derecho propio.















La exposición se titula "Manolo Blahnik: El Arte del Calzado". Reúne más de 200 creaciones procedentes de los fondos y archivos privados de Blahnik. Junto al calzado, también pueden contemplarse más de 80 bocetos originales pintados en acuarela por él mismo.




La selección de los modelos, y bocetos originales que se exponen, corrió a cargo de la comisaria de la exposición, Cristina Carrillo de Albornoz, quien dedicó, junto al creador, dos años para la elaborar dicha selección.










Boceto de la chinelas doradas. Años 90




Blahnik es un creativo que encuentra la inspiración en todas las formas de la belleza.Una de ellas es, naturalmente, la Historia del Calzado. Es por ello, que, al ver que había elegido esta chinela dorada, para la exposición en el Hermitage, recordé un post que dediqué a las chinelas del siglo XVIII. En dicho post, agregué ese mismo modelo dorado creado por Blahnik en los años 90, como ejemplo de dicha fuente de inspiración. 

Post: LAS CHINELAS DE SEDA


Chinelas doradas. Años 90




Por fin, el Arte de la Moda va ocupando el lugar que se merece, un lugar tantas veces ignorado y negado. y yo, como Historiadora del Traje y la Moda, me congratulo por ello...



Imágenes cortesía:

Manolo Blahnik

Museo del Hermitage